Tarucas homenajeó a los campeones juveniles de 1986: “Lo más importante fue la amistad que quedó para toda la vida”
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La franquicia Tarucas homenajeó en Tucumán al seleccionado juvenil campeón de rugby de 1986 durante un partido reciente, al cumplirse casi 40 años de su primer título nacional.
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El equipo de 1986 fue el primer seleccionado del interior en ganar el Campeonato Argentino Juvenil, tras vencer a Buenos Aires en una semifinal histórica que unió a los clubes.
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Este homenaje une a los pioneros de los ochenta con las nuevas generaciones profesionales, reforzando los valores de amistad y pertenencia que definen al rugby tucumano.
LA GACETA / OSVALDO RIPOLL
El entretiempo del partido entre Tarucas y Yacaré XV tuvo un momento cargado de emoción en la “Caldera del Parque”. Allí, en el centro del campo y frente a todo el público, fueron homenajeados los jugadores del seleccionado tucumano juvenil que en 1986 conquistó por primera vez el Campeonato Argentino Juvenil, una gesta que marcó un antes y un después para el rugby de la provincia.
A 40 años de aquella consagración histórica, los protagonistas recibieron una placa conmemorativa y volvieron a encontrarse alrededor de una pasión que, según ellos mismos remarcan, les dejó mucho más que títulos. El aplauso de las tribunas acompañó a una camada que abrió el camino para el crecimiento del rugby tucumano y que todavía hoy mantiene intacto el vínculo humano que nació en aquellas concentraciones y viajes.
“Lo importante de todo eso es el grupo humano que se formó. Una vez al año nos seguimos encontrando y eso es lo más importante”, contó Juan Gutiérrez, uno de los integrantes de aquel plantel campeón.
La campaña de 1986 quedó grabada en la memoria del rugby tucumano porque fue la primera vez que un seleccionado juvenil del interior logró quedarse con el Argentino. El camino incluyó una semifinal inolvidable contra Buenos Aires.
“Antes Buenos Aires parecía imposible. Nos superaban físicamente y en el juego. Pero el seleccionado de mayores ya les había ganado en 1985 y eso nos convenció de que nosotros también podíamos”, recordó Carlos Villalonga, capitán de aquel equipo.
Villalonga aseguró que la victoria frente a los bonaerenses terminó siendo casi un quiebre emocional dentro del torneo. “Ese partido fue una victoria contundente y clara. Ahí ya sentíamos que éramos campeones, aunque todavía faltaba la final”, explicó.
Sin embargo, más allá de los resultados deportivos, los ex jugadores remarcaron que lo más valioso de aquella experiencia fue la unión que lograron construir entre jóvenes provenientes de distintos clubes de Tucumán.
“Éramos chicos de diferentes clubes, pero cuando nos poníamos la naranja íbamos todos detrás del mismo objetivo”, resumió Julio Paz, hoy presidente de Tucumán Rugby y uno de los referentes de aquella generación.
Paz recordó además que el rugby tucumano atravesaba en esos años un proceso de crecimiento que venía impulsado por el trabajo de las generaciones anteriores. “No fue algo de un día para el otro. Tucumán venía creciendo desde antes y nosotros fuimos parte de ese salto”, explicó.
La ceremonia en la cancha de Tarucas también sirvió para repasar anécdotas de otra época, marcada por el sacrificio y por una realidad muy distinta a la actual. Gutiérrez recordó entre risas una situación ocurrida en la semifinal del torneo, cuando debió entrar a jugar sin botines porque había prestado los suyos a otro compañero.
“Ahora los chicos tienen tres o cuatro pares de botines. Nosotros teníamos que arreglarnos como podíamos”, relató. “Pero ese sacrificio es lo que uno después valora. Eso también nos unió muchísimo”.
El ex jugador explicó que intenta transmitir esas enseñanzas a los chicos que hoy entrena en divisiones infantiles. “Yo siempre les digo que hagan amigos. El rugby te deja eso: amistades para toda la vida. Después sirve para todo, para el trabajo, para la universidad y para la vida”, afirmó.
El homenaje también permitió reencontrarse con compañeros que hoy viven en distintas partes del país. Algunos llegaron desde Buenos Aires, otros desde Salta y varios continúan ligados al rugby como entrenadores o dirigentes.
“Tenemos un grupo fantástico y seguimos juntándonos una vez al año. Hoy incluso vamos a comer todos juntos acá en Lawn Tennis”, contó Villalonga.
La emoción se hizo visible durante la entrega de las placas. Muchos de ellos no se veían desde hacía meses y el acto terminó funcionando como una excusa perfecta para volver a abrazarse y revivir recuerdos de juventud.
“Es una caricia al alma que la gente se acuerde de lo que hicimos y del sacrificio que hubo detrás”, expresó el ex capitán.
El contexto elegido para el reconocimiento tampoco pasó desapercibido. Que el homenaje se realizara en medio de un partido profesional de Tarucas generó un puente simbólico entre distintas generaciones del rugby tucumano: los pioneros que rompieron barreras en los 80 y los jóvenes que hoy sueñan con llegar al alto rendimiento.
“Lo lindo es recordar no solamente a nosotros, sino también el momento que vivía el rugby tucumano. Nosotros fuimos parte de una etapa en la que la provincia pegó un salto enorme”, reflexionó Julio Paz.
Cuatro décadas después, aquellos juveniles campeones volvieron a caminar juntos por una cancha y comprobaron que el tiempo puede cambiar muchas cosas, menos el sentido de pertenencia y los lazos que construyó el rugby.
Lista alfabética – Seleccionado Juvenil Tucumano 1986
Antolín, Fernando
Caliera, Marcelo
Chavanne, José
Díaz, Jorge Payaso
Fornaciari, Chari
Gauna, Pedro
Gutiérrez, Juan
Japaze, Hugo
Lacoseglia, Fernando
Lembo, Alexis
Lucero, Diego
Macome, Agustín
Martínez Riera, Javier
Medici, Lorenzo
Mesón, Santiago
Miranda, Carlos
Montaner, Sergio
Navarro, Rodolfo
Parra, José Antinio
Paz, Julio
Paz Posse, Rodolfo
Riera, Marcos
Rojo, Héctor
Terán, Fabián
Toll, Pablo
Urdaneta, Bernardo
Uriburu, Hernán
Vagner, Cristian
Villalonga, Carlos
Zelarayán, Carlos
Cuerpo técnico
Fornaciari, Chari
Zelarayán, Carlos



















