Alberto Lebbos. No sólo te arrebataron tu hija. Te han quitado la verdad y se apropiaron de ella ante los ojos de una sociedad que inquieta esperaba respuestas. Como vos.Hoy estamos en silencio. Tal vez el golpe fue tan duro que nos dejó sin reacción. O acaso desgastados por tantos años de omisión. Te llevaron al rincón y aún así te levantaste. Sé que no vas a claudicar y te admiro. Yo estuve en ese rincón hace muchos años y eso hace aún mayor mi solidaridad. El poder es maravilloso. Depende en manos de quien esté. Unas maderas y unos clavos en mis manos tal vez servirían para armar una pajarera. Unas maderas y unos clavos en las manos de Jesús significaron la salvación para toda la humanidad. Todo depende de en manos de quien está el asunto. Yo también he visto el poder en manos equivocadas y aunque muy joven me he erguido ante él. También sentí el silencio. Ese que ahoga y te lleva a lo más visceral del dolor. Pero tu lucha de padre es aún más sagrada e imponente. Alberto. El poder también se acaba un día. ¡Vaya si lo hemos visto! Y aunque parecen imperturbables, yo creo en sus calvarios internos. Creo en sus voces que callan por fuera y susurran por dentro. No vas a rendirte. Lo sé. Lo sabemos. Dios lo sabe y Paulina te contempla con orgullo.
Yuly Nelegatti
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