VELORIO. Una multitud ocupa las calles que rodean el lugar en el que se realizó la despedida al Indio Solari. AFP
Con el Indio Solari se terminó de morir lo poco que quedaba de una Argentina que ya no está. Esa es tal vez una de las -tantas- interpretaciones posibles para un fenómeno que luce por ahora inexplicable: ¿qué fuerza invisible movilizó y organizó a esas miles y miles de personas que tomaron las calles y las plazas para despedirlo el fin de semana pasado?
El adiós al Indio Solari será recordado seguramente como uno de los más grandes y conmovedores de la historia vernácula, junto con el de Carlos Gardel, el de Eva Perón, el de Juan Domingo Perón y el de Diego Maradona ¿Pero qué hubo detrás de esa manifestación popular imprevisible y sorprendente? Si bien las respuestas son múltiples, acá intentaremos reflexionar sobre cuatro aspectos que permiten ensayar algunas hipótesis.
1- Una patria invisible
A la luz de los días da la impresión de que aquellas multitudes (la de la plaza de Mayo, la del Obelisco, la del velorio de filas kilométricas) hubiesen constituido una nación en sí misma, una especie de patria invisible, que estaba fuera del radar de otros sectores de la sociedad y que emergió de un modo tan inesperado e irrevocable como la muerte misma de su líder. Sólo para darle el último adiós a un hombre que tuvo el mérito de ponerle letras a los dramas sociales y a las tragedias personales -nada más y nada menos- de muchos habitantes de aquella Argentina agonizante que se diluyó posiblemente con la crisis del 2001 (y a los de la Argentina que emergió después también). Casi en simultáneo con el fin de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, como una ironía del destino o, mejor, como una ironía elegiaca del Indio.
LA ÚLTIMA FOTO DEL INDIO. La imagen fue tomada por su asistente personal horas antes de su muerte. Instagram / @gaston_daus
Aunque vivamos en el mismo territorio, con los mismos límites y con las mismas instituciones, aquella Argentina que se murió y de la que hablamos en el primer párrafo era una Argentina que prometía, que generaba ilusiones y que estaba caracterizada por una amplia clase media que sabía que, con la ayuda del estudio y del trabajo, era posible progresar. En aquel país, la educación pública jugaba un rol central. La que vino después, la de ahora, está fragmentada y su principal característica ya no es la holgura de su clase media, sino el escándalo de la pobreza estructural, que aplasta a cerca de un 30% de la población.
Es posible que buena parte de esos miles y miles de argentinos que lloraron la partida del Indio en las calles hayan sido los huérfanos de aquella clase media del siglo pasado que hoy es pobre. Es decir, gente que creció durante los 80 y los 90 con expectativas que no se cumplieron y que en las primeras décadas de este siglo se vieron empobrecidas y, en muchos casos, excluidas por las políticas de todos los que gobernaron el país desde entonces, incluido ese peronismo/kirchnerismo que ahora parece aferrarse en Buenos Aires a la figura del cantante como la prenda de una unidad todavía hipotética. Las letras, la música y todo lo relacionado con la cultura ricotera prendió con fuerza entre esas legiones de desesperanzados.
2- La playlist de la vida
Posiblemente sea un error leer las manifestaciones de dolor como una expresión partidista, aunque, como decimos más arriba, haya sectores que intentan capitalizarlas de ese modo. Vivimos en una Argentina cada vez más fragmentada por las diferencias en los ingresos, en los consumos y en las ideas políticas. Sin embargo, en la despedida del Indio, la envejecida grieta que nos divide desde el arcano pareció cicatrizar; al menos en parte y sólo por unas horas. No es poca cosa.
Lo mismo ocurrió con las diferencias etarias: los Redondos vienen musicalizando vidas desde la década del 80. Posiblemente, buena parte de los argentinos, sin ser necesariamente fanáticos, podamos vincular al menos alguna experiencia personal de fuerte carga emocional con algún tema de aquella banda. Aunque no sepamos la letra, aunque tal vez sólo recordemos el estribillo o algún riff, está ahí, presente en el fondo de la memoria. Y emerge con los recuerdos. Así es cómo ocurre un fenómeno que está reservado únicamente para los pocos artistas que habitan el Olimpo de los clásicos: hay abuelos, hijos y nietos que comparten una especie de playlist común que atraviesa vidas y generaciones.
3- Contracultura
Los Redondos transitaron la década del 80 como una banda de culto que se transformó en un fenómeno masivo durante los 90 y que perduró más allá en el tiempo en las carreras solistas de sus líderes, el Indio y Skay. Pero fue un caso particular: no necesitó de la exposición ni de los medios para abrazar a miles y miles de personas. La contracultura ricotera se definió en contraposición con los flashes, con la banalidad, con el neoliberalismo menemista; en otras palabras, fueron la antítesis de la pizza con champagne.
Mientras que otros artistas nacionales y extranjeros (los Rolling Stones, Guns n’ Roses, Madonna y Michael Jackson, por nombrar sólo un puñado de las legiones que aterrizaron en Ezeiza en aquellos tiempos) ocupaban portadas de diarios, revistas y programas enteros de TV, e inclusive eran recibidos por el presidente de la Nación, Solari y compañía convocaban a igual o inclusive a una mayor cantidad de personas en sus shows sin necesidad de más difusión que los vasos comunicantes de la subcultura ricotera que había enraizado en todo el país. Y vendían miles de discos que eran ilustrados por un artista, Rocambole. Algo inverosímil en tiempos de una floreciente cultura del descarte.
4- La poesía de las multitudes
Una de las grandes virtudes de Solari como letrista fue, como dijimos más arriba, la de haber generado canciones que abren múltiples capas de interpretación: interpelan al oyente en su dimensión social pero también en la personal. Lo dijo esta semana el sociólogo Pablo Semán durante una entrevista en Infobae: el fenómeno musical de Los Redondos y de su líder fue un encuentro masivo e irrepetible alrededor de la palabra poética. Allí, en ese espacio intangible, cada persona logró encontrar su propio significado. Y eso lo vuelve inmortal.



















