La “motosierra” sigue funcionando y, en el séptimo mes del año, el Gobierno nacional necesitaba darle un nuevo mensaje al mercado de que el achicamiento del Estado es un camino de ida, en el que no cabe la expansión del gasto público. La clave oficial sigue siendo la misma: “el equilibrio fiscal no se negocia”. Sin embargo, esta estrategia tiene sus costos políticos y también de mercado. En la primera evaluación, la gestión del presidente Javier Milei sabe que no podrá alcanzar los objetivos fiscales y financieros deseados solo con acción propia. Entonces apela a la seducción a los dialoguistas, aquellos gobernadores que, desde el principio de la administración, acompañan institucionalmente a la Casa Rosada. El costo político es demasiado alto. Es el toma y daca tradicional en la Argentina. En menos de un mes, Milei tendrá que abrir “la planilla de la felicidad”, que está incluida en el proyecto de Presupuesto Nacional para el electoral 2027. Y los recortes no son una buena señal cuando de conservar las amistades y, particularmente, las voluntades se trata. El costo del mercado se observa en la evolución del Riesgo País, que está relacionado con la eventualidad de que un estado soberano se vea imposibilitado o incapacitado de cumplir con sus obligaciones con algún agente extranjero, por razones fuera de los riesgos usuales que surgen de cualquier relación crediticia, según la clásica definición económica. Ese indicador, medido por la banca internacional JP Morgan, cerró la jornada en 511 puntos básicos, lo que marca la incomodidad de un lado y del otro del mostrador.
El pulso de la economía es tomado por la inflación. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, del 2,9% en julio, había elevado la vara de los analistas que, esta vez, coincidieron con el resultado que difundió el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), cerca del 2%. En la provincia, esa tasa fue levemente inferior (1,9%), en un contexto en el que todavía no se renovó y se actualizó el listado de precios a relevar cada mes. Esa es una tarea que sigue pendiente en Tucumán. La inflación mayorista dio una fuerte señal de desaceleración en julio (una variación del 0,8%) y reforzó las expectativas del Gobierno nacional en su afán por captar oxígeno.
En el trade-off (compensación o elección del escenario) entre tasas y dólar, la balanza parece inclinarse hacia la estabilidad del dólar por debajo de los $ 1.500, a costa de una tasa de interés más elevada. Lo destacable es que durante la semana pasada no parece haber tenido lugar provisión oficial de cobertura cambiaria, con la posible excepción del viernes. Por eso, en el mercado están atentos a la dinámica de las tasas cortas en pesos, admite un informe de Portfolio Personal Inversiones (PPI). Inflación, dólar y tasas son variables que ocasionalmente se encienden cuando los problemas políticos asoman en el Gobierno y los operadores perciben que esa situación puede llegar a complicar el terreno, más aún a las puertas del próximo turno electoral.
La microeconomía todavía no responde. El desgaste del consumo es cada vez más evidente y no sólo se nota en el deterioro del nivel de ventas de los comercios minoristas, sino también en la recaudación fiscal. ¿Cómo sostener el ancla fiscal frente a ese escenario de falta de recuperación de las operaciones comerciales? Indudablemente, el impacto lleva a los negocios al borde del cierre. Los costos fijos suben (más los tarifarios que los salariales) a una velocidad superior, incluso, a la inflación. El otro fantasma que acecha al comercio minorista es la importación. De acuerdo con los últimos datos oficiales, en el primer semestre de este año, las importaciones de bienes de consumo alcanzaron los U$S 5.362 millones, el registro más alto para un primer semestre. Si bien la cifra supera por un 1,8% al nivel del año previo, se encuentra un 20,7% por encima del máximo anterior alcanzado en la primera mitad de 2018 (U$S 4.443 millones). No es un dato menor; explica la fuerte caída que hubo en la venta de juguetes, indumentaria y electrodomésticos, entre otros rubros.
En este escenario, la dimensión económica aparece como uno de los principales factores explicativos del malestar social. El 61,8% evalúa negativamente la situación económica del país, el 42,8% hace lo propio con su situación personal, el 61,9% tomó algún tipo de deuda en los últimos seis meses y el 66% agota sus ingresos antes o hasta el día 20 del mes, dice un reciente informe de la consultora Zentrix. La pérdida de poder adquisitivo y el endeudamiento para sostener gastos básicos configuran una experiencia cotidiana de restricción que trasciende la percepción individual y se transforma en un diagnóstico colectivo. Este descontento económico, más que los episodios políticos puntuales, parece estar consolidándose como uno de los principales canales a través de los cuales el malestar social termina trasladándose al gobierno de Milei.
Si el oficialismo se desgasta, la hipótesis más intuitiva sería que la oposición recoge ese descontento. Allí está la contracara de la moneda de cambio y, en parte, explica los motivos por los que la sociedad está comenzando a mirar a los “outsiders” como alternativa para las próximas elecciones presidenciales.
Los datos de julio la desmienten con claridad: el rechazo a Milei no se transfiere a ninguna figura alternativa. El desencanto es transversal y alcanza a todo el arco dirigencial, sin excepción. Ninguno de los dirigentes medidos -ni de la oposición ni del propio oficialismo- logra perforar el umbral del 50% de rechazo, lo que configura un escenario de desconfianza generalizada antes que de recambio, puntualiza el reporte de Zentrix.
La Argentina de hoy no exhibe un traspaso de poder en marcha sino un desgaste generalizado de la representación: cae el oficialismo, no sube la oposición y el electorado, lejos de migrar ordenadamente hacia una alternativa, reparte rechazos en todas las direcciones. Ninguna figura, oficialista u opositora, muestra hoy un techo competitivo de cara a 2027. El escenario es de desencanto sin destinatario, y en esa ecuación reside la principal incógnita del ciclo político que se abre: la caída de Milei está a la vista de todos, pero por ahora nadie logra convertir ese desgaste en construcción propia, concluye la consultora.






















