Jaldo frente a Manzur y Alfaro: emociones y acciones rumbo a 2027
Las tensiones dentro y fuera del oficialismo dejaron al descubierto heridas, estrategias y disputas de poder. Mientras Alfaro y Manzur marcaron diferencias, el gobernador respondió, ordenó su armado y buscó poner la gestión en primer plano.
En la antesala de la intensa época electoral que se viene, hay semanas de movimientos y otras de reacciones. Esta que termina tuvo las dos cosas. Mientras algunos protagonistas políticos dejaron aflorar heridas, enojos y cuentas pendientes, otros se ocuparon de marcar posiciones y responder desafíos. Hubo palabras que expusieron diferencias que datan de hace tiempo y decisiones destinadas a dejar en claro quién conduce y hasta dónde hay margen para discutir. Todo mientras el calendario hacia 2027 empieza a acelerarse y obliga a cada uno a definir dónde y con quién jugará.
Las emociones
“Yo digo lo que siento”, respondió Germán Alfaro cuando intentó explicar una de las frases que más ruido político hizo en los últimos días. El ex intendente capitalino aseguró que, si la jefa de la Ciudad, Rossana Chahla, busca la reelección, “se pierde”. Después insistió: “Hay que dar un giro, hay que corregir”.
Hay política en esas palabras, por supuesto. Pero también hay historia, heridas y emociones. Desde las últimas elecciones y el recambio, la relación entre el alfarismo y el chahlismo fue turbulenta y, de hecho, terminó con denuncias judiciales cruzadas.
La paradoja es que Alfaro ya no habla desde la vereda de enfrente. Su partido, el PJS, forma parte del armado que encabeza Osvaldo Jaldo. El propio ex intendente asegura sentirse “contenido” por el gobernador. Por eso, su cuestionamiento abrió esa particularidad de respaldar al conductor, pero objetar una de las decisiones electorales más importantes que este tomó.
La declaración de Alfaro tensó las relaciones en el espacio que mira con recelo su inclusión. Uno de los que puso en palabras la situación fue el legislador Mario Leito, que encabeza uno de los acoples de la sección electoral. Se refirió a que los reacomodamientos en el PJ no se dan entre los que siempre estuvieron sino en los que “volvieron”. Tildó los conceptos de Alfaro de inoportunos y destacó el rol de Chahla.
Porque la postura del dirigente generó ruido. Y mucho. Hubo quienes, inclusive, creyeron que estaba rompiendo con el oficialismo provincial. Pero no, no era la intención. Cerca del referente de Villa Amalia notaron que Alfaro, después de casi tres años de reposo, está entrando en modo electoral y que hay algo que no digiere. Precisamente, la convivencia con el espacio de la titular del Departamento municipal.
Dicen que le quedó la sensación de que dieron por sentado su apoyo a la candidatura de su sucesora y que no hubo una instancia de diálogo al respecto.
De todas maneras, en la Casa de Gobierno renegaron por las consecuencias y las quejas del oficialismo municipal. Advirtieron que el ex mandatario capitalino sabía perfectamente que ella sería la elegida.
Jaldo se encargó rápidamente de marcar el límite. Ratificó a Chahla como la única candidata del oficialismo y advirtió que quienes formen parte de su proyecto deberán acompañarla. El mensaje fue suficientemente claro como para convertir una expresión de Alfaro en algo más que una diferencia sobre la gestión municipal: puso sobre la mesa hasta dónde llega la amplitud del frente jaldista y cuánto margen tendrán sus integrantes para disentir cuando empiecen a cerrarse las candidaturas.
En 9 de Julio y Lavalle repudiaron al disidente. El secretario general de la Capital, Rodrigo Gómez Tortosa, restó trascendencia e ironizó sobre los pronósticos derrotistas de Alfaro y dijo que se quedaba tranquilo porque siempre erraba.
De todas maneras, tras el entuerto quedó un encuentro pendiente entre Jaldo y Alfaro.
El otro protagonista de este capítulo emocional es el senador Juan Manzur. Pero en su caso, la cuenta pendiente tiene otra dimensión. Durante años fue el hombre alrededor del cual giró buena parte del poder político tucumano. Gobernó la provincia durante dos períodos, condujo el peronismo y fue determinante en la construcción del esquema que terminó llevando a Osvaldo Jaldo a la gobernación. Además, el tranqueño le plantó una interna que aún hoy se reedita y cuyas cicatrices aún afloran cada tanto. El médico quedó en la antesala de los comicios anteriores, tras una presentación judicial (que precisamente promovió Alfaro desde la oposición).
Hoy observa cómo ese mismo poder del que formaba parte lo excluyó. En sus alrededores relatan que su enojo radicaría en que quedó afuera. Cuando Jaldo y el vicegobernador Miguel Acevedo firmaron su compromiso de repetir fórmula en el 2027, el ex mandatario supo que no tendría lugar ¿Cuál? Propios y extraños aseguran que es un hecho que el senador aspiraba a recuperar el que, considera, era su puesto. Sucede que, pasado un período, podría haber sido candidato a la vicegobernación. Explican que ese es su encono con el ahora presidente de la Cámara. Diferentes fuentes afirmaron que Manzur nunca explicitó ni temprano ni tarde sus intenciones. De hecho, dio libre albedrío a quienes eran cercanos tras partir para Buenos Aires.
Desde la molestia, Manzur trata de golpear a su ex compañero de dupla donde sabe que lo inquieta. Por ejemplo,con su identidad peronista. Insiste en asociarlo con Javier Milei y sostiene que el presidente tiene en Tucumán “dos candidatos”, Lisandro Catalán y el propio gobernador.
No es una frase aislada. Es el corazón de la estrategia con la que Manzur intenta encontrar lo que sí puede disputar. Si Jaldo exhibe el control del aparato partidario, la estructura territorial y la fórmula oficial para 2027, el senador busca discutirle algo menos tangible: quién representa al peronismo.En ese punto es que nadie se anima a subestimar sus relaciones y alcances, porque forma parte de la mesa nacional y mantiene vínculos. Tras replegarse en la provincia, su actividad dirigencial se concentró casi exclusivamente en ese ámbito.
La estrategia de Manzur evidencia que también por ello busca nacionalizar la disputa. Cuando Jaldo lleva adelante esfuerzos para provincializarla.
Además, ancla su discurso en la supuesta imposibilidad del mandatario para postularse. Un argumento que enarbola gran parte de la oposición.
Mientras, el médico sigue activo en su reconstrucción territorial. Sus sucesivas reuniones con dirigentes y con vecinos fueron la primera señal y provocaron suficiente inquietud como para que el oficialismo reaccione.
A la vez, seguirá con su presencia en la provincia y cada vez con mayor exposición, según cuentan quienes conversan con él. Está decidido a competir por el sillón de Lucas Córdoba y a acrecentar la línea antimileísta en el distrito. Cerca suyo consignan que quizás no puedan ganar, pero que al menos buscarán “aportar para que pierda Jaldo”.
Las versiones respecto de sus posibles aliados y contactos abundan. Muchos referentes miran, por ejemplo, hacia el sector que lidera el diputado Carlos Cisneros, pero no hubo hasta aquí ningún pronunciamiento o gesto público que pueda insinuar un acercamiento.
Hay referentes justicialistas que vienen mencionando que el destino final de esta disputa será la unidad. En las cercanías del despacho de la gobernación descartan de cuajo cualquier tipo de acuerdo con Manzur.
Las acciones
Aunque también es venial, Jaldo buscó quedarse principalmente en el campo de las acciones. Respondió políticamente con relativa prudencia, ordenó electoralmente y mostró gestión.
Salió al ring cuando consideró necesario, al responder los cuestionamientos de propios y ajenos y marcó límites dentro de su espacio. La réplica a Alfaro fue una demostración. Ratificó a Chahla y dejó en claro que acompañar su proyecto supone también acompañar a la intendenta. A Manzur volvió a desafiarlo a competir el 9 de mayo. Y frente a los cuestionamientos opositores por su candidatura, el jaldismo eligió no dejar flancos abiertos. Envió al ministro de Gobierno y Justicia, Regino Amado, a ponerle voz a los argumentos jurídicos con el que se sostendría su postulación.
Hubo otros movimientos que denotan la ventaja con la que juega el gobernador. Junto con Acevedo, reunió a más de 52 presidentes y apoderados de partidos provinciales y nacionales que confluirán en Tucumán Primero. La fórmula ya estaba definida; ahora comenzó la tarea de ordenar y ensanchar la estructura.
Recibió a docenas de dirigentes de todas las secciones electorales. Pero en medio del episodio de Alfaro, recibió en la Casa de Gobierno al legislador Alfredo Toscano, exfuncionario del ex intendente. En política, las fotos también hablan. Selló la incorporación -y el apoyo a Chahla- de un hombre que era muy cercano a Alfaro y socio fundador del alfarismo.
Jaldo exhibió la gestión y agenda. El avance de la obra del Registro Civil; volvió a reclamar en favor de la ley de Biocombustibles, presentó el Registro de Ficha Limpia y celebró el hallazgo de documentos en el Archivo Histórico. Sostiene también recorridas vespertinas en el interior, donde inaugura o supervisa obras.
La sucesión de actividades dejó expuesta la intención. El tranqueño no pretende correrse de la pelea, pero sí seguir enfocado en la gestión. Responde cuando lo desafían, ordena cuando aparecen grietas y vuelve rápidamente a la tarea, consciente de que allí está una de sus principales cartas para 2027.
La semana tuvo, finalmente, aquello que se anticipaba: movimientos y reacciones, emociones y acciones. En política, unas suelen explicar a las otras. Y esta vez dejaron bastante claro qué mueve a cada protagonista y cómo se plantará el escenario que viene.


















