08 Septiembre 2010
LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ
La ciudad se viste de colores semanas antes de la llegada de la primavera. Con los golpes de calor de los últimos coletazos del invierno, los lapachos rosados, amarillos y blancos despiertan y se hermanan con los azahares que perfuman las jornadas. Esta fiesta de aromas y colores siempre es bienvenida: suele predisponer a la gente al buen humor.


















