“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña...”
Es tentación del hombre, en todos los tiempos, juzgar los planes de Dios conforme a las propias categorías. Dios desborda nuestros pensamientos. Por eso, el hombre ante Dios ha de ser humilde y sencillo, confiado en su Amor a cada uno de nosotros, que ha llamado a la existencia y a su Reino.
En un mundo donde todo se cobra y todo se paga, qué difícil es comprender, aceptar y vivir la gratuidad con los demás y con Dios.
Es un Evangelio que une aspectos muy actuales: el trabajo, el salario, la retribución del salario, las quejas sobre el salario y las diversas respuestas a ellas. Todo muy humano y de realidad sociológica. En lo evangélico adquieren un actor diverso que es la gratuidad de Dios que no mira sólo con justicia sino con el amor de caridad.
Los tiempos contemporáneos en la Argentina se encuentran un tanto convulsionados, donde las realidades socioeconómicas y culturales pasan momentos de incertidumbre y tristemente de división y grieta social. En el evangelio la búsqueda de trabajo aparece como una vocación y como un derecho de dignidad; el salario justo es la natural correspondencia y hoy en argentina y el mundo se ve muy afectada por la incruenta inflación. El resultado de todo esto es la vivencia de una permanente tensión emocional y existencial. La Argentina no se merece esto.
Si bien el Evangelio marca la gratuidad de Dios para cada ser humano, no podemos dejar de considerar que el Señor nos llama a tener la misma gratuidad los unos con los otros para ayudarnos a salir adelante; estamos viviendo un clima de subsistencia humanitaria en Argentina. No son momentos de especulaciones entre los hermanos y con los hermanos, es tiempo de grandeza y magnanimidad en darnos una mano en toda forma de crecimiento. Esa sabiduría del pueblo debe ser generada por el propio propio pueblo y no esperar el triste espectáculo de mezquindad que vemos en nuestros dirigentes. Cuando se ve el opacamiento existencial hacia abajo no queda más que el asombro de ver la insensibilidad generada por la ambición de poder de nuestros futuros magistrados.
En el evangelio se ve una revuelta salarial, tal vez con la mirada justa de salario y horas de trabajo. Dios les muestra una generosidad que se traduce en que la Caridad supera a la justicia. Debo rescatar que la revuelta en el evangelio nos debe advertir la importancia de las cosas justas en el orden social, y no paliativos de meros descuentos impositivos que son coyunturas de influencias para mover voluntades. Pero lo más preocupante es el cuidado que debemos tener en proteger la Paz Social. No podemos dejar de advertir que la sociedad se encuentra en incertidumbre y desconcierto.
Hoy día de la Virgen de la Merced pedimos a la Patrona de Tucuman, que nos haga servidores de la construcción social en Paz. Como Iglesia y también como sacerdotes estamos llamados a no condenar sino a generar puentes de concordia. No podemos quedarnos tranquilos cuando vemos la Paz social en riesgo. Dios nos convoca a generar y ser constructores de la Paz.