CIUDAD DEL VATICANO.- El papa Francisco continúa hospitalizado en Roma por una neumonía bilateral, con diagnóstico “reservado” pese a la mejoría de las últimas horas. Son varios los escenarios que se plantean, cuando se cumplen 14 días de ingreso en el hospital Gemelli.
Pese a sus 88 años y sus numeroso problemas de salud pasados, el papa argentino, conocido por su fortaleza de carácter, parece ir mejor. “Durmió bien durante la noche y ahora está descansando”, indicó el Vaticano en un breve comunicado, ayer a la mañana, horas después de que su último parte médico anunciara una “leve mejoría”, con pronóstico “reservado”.
La neumonía que padece en los dos pulmones requiere al menos tres semanas de convalecencia, aunque el equipo médico no se ha pronunciado sobre la duración de su hospitalización.
Pase lo que pase, la gravedad de esta situación, que ha requerido la hospitalización más larga desde su elección como jefe de la Iglesia católica en 2013, lo obligará a rebajar su ritmo de trabajo, al menos al principio, una novedad para el jesuita argentino, conocido por su fuerte ritmo de trabajo y su alergia a las vacaciones. “Cuesta imaginar que reanude su vida con el mismo ritmo después de tamaña alerta”, apunta una fuente vaticana.
La principal duda ahora será ver si puede cumplir con sus compromisos a corto plazo, empezando por la Semana Santa, en abril. En marzo del año pasado, tuvo que anular a última hora su participación en el Vía Crucis del Viernes Santo, en el Coliseo, por motivos de salud.
Otra duda es si podrá presidir los eventos previstos en el año del Jubileo. Por último, queda en el aire su capacidad de volver a viajar. El siguiente desplazamiento al extranjero, que no fue oficializado, sería en mayo a Turquía, para los 1.700 años del Concilio de Nicea.
Protocolo milimetrado
En caso de fallecimiento, la Sede del Vaticano prevé un protocolo sumamente estricto, con un funeral de Estado. El cardenal camarlengo, monseñor Kevin Farrell, quedaría a cargo de los asuntos corrientes de la Iglesia hasta la elección de un nuevo pontífice. Sus poderes en este lapso serían reducidos y sólo administrativos. A él le corresponde convocar las reuniones de cardenales, llamadas “congregaciones”, y decidir en sintonía con ellas el día y la hora designados para exponer los restos del difunto papa, así como la fecha de inhumación, que debe producirse entre el cuarto y el sexto día después del fallecimiento.
El funeral, que Francisco quiere más sencillo, tendría lugar en la Basílica de San Pedro del Vaticano, y el entierro en la basílica de Santa María la Mayor, en el centro de Roma, por deseo suyo.
El cónclave, encargado de elegir al nuevo papa, debe arrancar entre 15 y 20 días después del óbito. Los cardenales electores, es decir, aquellos que tienen menos de 80 años, y que en este momento son 138, estarían llamados a votar en secreto y a puerta cerrada en la suntuosa Capilla Sixtina.
Especulaciones
La danza de rumores en torno a una posible renuncia del papa se redobló desde su ingreso en el hospital Gemelli, y continuará previsiblemente en los próximos meses. “Si el papa sobrevive, muchos imaginan luego que querrá terminar el año del Jubileo, pero que a continuación, ya con 89 años (en diciembre), tendrá que abordar la cuestión de si debe renunciar o no”, explica el vaticanista italiano Marco Politi.
Según María José Mazzocato, licenciada en Relaciones Internacionales, por ahora los rumores de renuncia del Papa Francisco son sólo eso, especulaciones. “Pensemos en que un papa es vitalicio, o sea, hasta su muerte. Es muy extraño que un papa renuncie, como lo hizo Benedicto XVI, que decidió pensar en su salud y también un poco por la presión que tenía del Vaticano”, explicó a LA GACETA Play.
En el caso del Papa Francisco “vemos que él más allá de estar en una situación de silla de ruedas o con una salud muy deteriorada, él sigue -dice Mazzocato-. Dentro de poco viene une evento importantísimo, que son las Pascuas, y todos están muy pendientes para ver si es que (Francisco) va a presidir o quién va a seguir en su lugar”.
Francisco ha convocado un consistorio (una reunión de cardenales), para la proclamación de nuevos santos. Justamente, ese fue el marco que eligió Benedicto XVI, para comunicar sorpresivamente su renuncia en 2013. De momento no hay fecha para dicho consistorio.
En los últimos años, el jesuita hizo planear la duda sobre la hipótesis de una eventual renuncia. Pero más recientemente matizó que tampoco puede convertirse este extremo “en una moda”. En cualquier caso, el hecho de que haya retomado el trabajo desde su habitación de hospital para, entre otras cosas, aprobar la canonización del venezolano José Gregorio Hernández, apunta a que Francisco sigue al mando.