Las divisiones internas conforman un ejercicio que la Unión Cívica Radical practica con pasión desde tiempos fundacionales. Electoralmente eso se tradujo en infinidad de tiros en los pies que el partido se fue pegando a lo largo de los años. La cuestión es que de ese río revuelto siempre sacaron ganancia los pescadores de votos. Así sucedió en Tucumán cuando Marcelo T. de Alvear conducía las riendas del país (1922-1928), tiempos en los que el péndulo había virado: del orden conservador se pasó a una marcada hegemonía de la UCR, afincada en su carácter nacional y popular.
La primera elección de medio término correspondiente a esa etapa se celebró el 2 de marzo de 1924 y a nivel país ganaron los radicales, pero con porcentajes acotados a causa -precisamente- de ese marcado desgajamiento en líneas internas. Tucumán llegó al colmo, ya que la UCR presentó nada menos que seis propuestas distintas, lo que fragmentó por completo el voto.
Agradecido, el Partido Liberal de Ernesto Padilla se llevó las dos bancas de la mayoría (el propio Padilla, que iba por cuarta vez a la Cámara de Diputados, y Miguel Díaz). Los radicales debieron conformarse con la elección de Horacio Sánchez Loria por la minoría. Sánchez Loria había conservado el sello partidario (UCR), mientras sus correligionarios se disgregaban en UCR Bascarista, UCR Principista, UCR Roja, UCR Verista y UCR Personalista. Consecuencia: se quedaron las manos vacías.
Los radicales no aprendieron la lección y en la siguiente elección de medio término, el 7 de marzo de 1926, les sucedió lo mismo. La interna le sirvió en bandeja la victoria a los conservadores del Partido Liberal, quienes se alzaron con las tres bancas de la mayoría (fueron para Abraham de la Vega, Gaspar Taboada y Melitón Camaño). La UCR “oficial” se quedó con el escaño de la minoría (José B. Antoni).
Concluido el mandato de Alvear, en 1928 volvió al poder Hipólito Yrigoyen, pero se cernían nubes oscuras. La tercera presidencia radical fue interrumpida por el primer golpe de Estado, perpetrado el 6 de septiembre de 1930. Antes, el 2 de marzo, se habían celebrado elecciones de medio término con una victoria contundente del oficialismo. Seis meses después, esa base de sustentación política se había esmerilado al máximo.
El mandato de los cuatro diputados elegidos en Tucumán en 1930 fue efímero. Los tres de la mayoría fueron de la UCR (Miguel Mendoza Padilla, Guillermo Remis y Felipe Pérez) y el de la minoría, del Partido Liberal (José Lucas Penna).