Al cierre de cada año, la industria tecnológica se sumerge en una suerte de ritual prospectivo. Desarrolladoras como Microsoft, IBM, Google, y consultoras como Gartner y Deloitte publican sus tendencias con el fin de delinear una especie de mapa de lo que vendrá el próximo año en materia de innovación. En esta transición hacia 2026, si bien la inteligencia artificial (IA) sigue siendo el centro de gravedad en la mayoría de los escenarios, los análisis revelan que el ecosistema se podría expandir hacia fronteras críticas: la computación cuántica, la ciberseguridad, la infraestructura energética y la robótica. Sin embargo, la verdadera convergencia entre estos estudios no reside solo en el "qué" tecnológico, sino en el "cómo" las organizaciones asumirán esta evolución.
La tendencia más mencionada en los reportes publicados en estas últimas semanas es la evolución de la IA desde un sistema de respuestas pasivas hacia la IA agéntica. Esta previsión ya había sido adelantada para 2025, pero para el próximo año las empresas pretenden dejar atrás las promesas y adoptar sistemas autónomos que realmente sean capaces de ejecutar flujos de trabajo complejos. Microsoft, por ejemplo, visualiza a estos agentes como "colegas digitales" que ayudarán a equipos a lograr impactos globales. IBM, por su parte, destaca que estos sistemas operarán de forma independiente, interactuando con otros agentes y personas para completar tareas como diagnósticos de red o soporte al cliente en tiempo real. Según Globant, el unicornio argentino, esta tecnología permitirá un "comercio agéntico" donde los sistemas no solo recomiendan productos, sino que completan transacciones seguras de forma autónoma, generando un retorno de inversión tangible; punto crítico para la inversión tecnológica.
La IA también se vislumbra para solucionar un viejo problema de los sistemas computacionales: los ciberataques. El crecimiento exponencial del que estamos siendo testigos de esta tecnología también impulsó métodos avanzados de vulneración de datos e infraestructuras con modelos de IA que superan las previsiones humanas. Por ese motivo, las investigaciones para 2026 aseguran que las organizaciones están migrando hacia una defensa predictiva y proactiva. Gartner, por ejemplo, denomina a este fenómeno como "ciberseguridad preventiva", un enfoque que utiliza la IA para bloquear amenazas antes de que golpeen. Deloitte advierte que los modelos de seguridad perimetral tradicionales son insuficientes contra amenazas que operan a velocidad de máquina, exigiendo una protección integral de datos, modelos e infraestructura. Microsoft subraya la necesidad de dar a cada agente de IA una identidad clara y protecciones similares a las de los humanos para evitar riesgos descontrolados. Por su parte, Globant resalta que el uso de IA para detección y respuesta ya genera ahorros millonarios por cada ataque evitado.
El año que viene también se perfila como el momento en que la computación cuántica podría abandonar la ciencia ficción para ofrecer soluciones reales a problemas irresolubles con los métodos clásicos. IBM, una de las compañías con más años en el sector tecnológico, predice que la "ventaja cuántica" -el punto en el que la computadora cuántica supera a una máquina clásica en precisión o costo- emergerá a finales de 2026. Microsoft es un poco menos arriesgada y adelanta que podría surgir una computación híbrida, donde la IA, las supercomputadoras y la cuántica colaborarían para acelerar descubrimientos en medicina y otras ramas de la ciencia.
El factor humano: la verdadera tendencia de 2026
A pesar del despliegue tecnológico descrito en los trabajos más reconocidos, el análisis de la Harvard Business School, "Building 'Change Fitness' and Balancing Trade-Offs", introduce una perspectiva más interesante: el éxito en 2026 no dependerá de la sofisticación del código, sino de la capacidad humana para adaptarse. El concepto central que presenta esta prestigiosa casa de estudios es la "change fitness" (aptitud para el cambio), definida como la capacidad de individuos y organizaciones para metabolizar cambios significativos y constantes en materia tecnológica. Harvard sostiene que para 2026, la IA dejará de ser una herramienta opcional para convertirse en la plataforma que dicta cómo fluye la información y cómo se toman las decisiones. Por ello, se volverá indispensable que cada empleado desarrolle una "mentalidad de IA" del 30% como base para rediseñar su trabajo y no solo automatizar procesos antiguos.
Este enfoque, centrado en el humano, también advierte sobre los "efectos de segundo orden". Harvard plantea una preocupación ética y operativa: ¿hará la IA que el trabajo sea menos significativo?. Al delegar interacciones críticas a chatbots, como en el servicio al cliente, los empleados podrían perder la conexión directa con el impacto de su labor y las personas, lo que podría derivar en una pérdida de propósito y, paradójicamente, en ineficiencias organizacionales. Además, los líderes enfrentarán dilemas sobre la secuencia de implementación: priorizar la IA predictiva puede mejorar la calidad media, pero poner la IA generativa primero podría fomentar una mayor variedad de ideas disruptivas, obligando a una gestión de "cartera de innovación" mucho más fina.
Todos los años, los gigantes tecnológicos y las casas de estudios más vanguardistas adelantan nuevas tendencias y herramientas que podrían cambiar la forma en la que desarrollamos la economía del conocimiento. 2026 no será la excepción, pero aportes como el de Harvard podrían plantearnos desafíos más sostenibles en el tiempo que no sean descartados por nuevas modas o lanzamientos. La diferenciación competitiva residirá en el juicio humano y la capacidad de construir relaciones profundas, por lo tanto, el enfoque cultural será central. La IA seguirá sorprendiéndonos por sus capacidades, pero seremos nosotros y nuestro ejercicio de apropiación los que realmente les daremos un valor significativo a los cambios que vendrán. Hacia allí intentaremos ir, al menos desde este espacio. ¡Feliz año nuevo!