Si bien Luis Angel Firpo fue la primera gran figura del boxeo nacional, la condición de ídolo popular estaba reservada para Justo Suárez, apodado “El Torito de Mataderos”. Su llegada a Tucumán, en mayo de 1930, provocó una revolución. A Suárez el público lo seguía masivamente a todas partes, incluso en su visita a LA GACETA. En nuestro antiguo taller se sentó a “trabajar” en una linotipo, que eran las máquinas que elaboraban los originales del diario en plomo para pasarlos luego a la impresora. Una de esas linotipos, claves durante décadas en la industria gráfica, permanece intacta junto al Archivo de LA GACETA.