Era una típica noche de verano en Villa Berhet, Chaco, aquel 7 de enero de 1940. Un grupo de delincuentes aguardaba en las penumbras a que lloviera, desde el vagón de un tren, el botín más grande que habían conseguido hasta el momento por un secuestro. El esperado ferrocarril se aproximó a la estación, pero en lugar de billetes lo que cayó fueron decenas de balas disparadas por efectivos de una Gendarmería Nacional incipiente. Durante la balacera fue herido Segundo David Peralta, también conocido como “Mate Cosido”, uno de los delincuentes tucumanos que pasó a la historia gracias a su mítica y misteriosa figura. Se dice que logró huir pese a un balazo en la cadera, pero lo cierto es que, a 86 años de la última vez que se lo vio con vida, no hubo noticias oficiales del bandido, a quien la población rural de la región consideraba una especie de Robin Hood.

“Mate Cosido” nació el 3 de marzo de 1898 en Monteros. Tenía cinco hermanos y venía de una familia humilde. Al terminar la escuela primaria siguió el oficio de su padre trabajando en una imprenta. Desde temprana edad comenzó a tener problemas con la Policía. Narran los informes oficiales que la primera vez que lo detuvieron fue en octubre de 1918, a los 21 años, acusado de un robo. Lo sentenciaron a seis meses de prisión en suspenso por falta de pruebas; pero al tiempo le dieron una condena de nueve meses y medio por hurto. Desde allí mantuvo un tenso vínculo con la Policía.

Se dice que el conflicto con las autoridades se originó en un triángulo amoroso. Al parecer, Peralta tuvo un romance con la pareja de un policía, y este, a modo de venganza, habría iniciado una persecución en su contra, llegando a inventarle la autoría de delitos.

Durante años Peralta vivió entre Tucumán, Santiago del Estero, Corrientes y Córdoba. En esa época no sólo agrandó su prontuario delictivo sino que ganó numerosos amigos y simpatizantes, quienes, llegado el momento, lo ayudarían a mantenerse oculto. También se puso en pareja con la cordobesa Ramona Romano y tuvo a su único hijo, Ricardo Peralta.

Empezó a delinquir en 1921 y se valió de al menos siete identidades para cometer los crímenes: Segundo P. Miranda, Alberto Córdoba, Rosas T. Torres, Julio Blanco, Juan de la Cruz Soria, Julio del Prado, José Amaya y Manuel Bertolatti.

Su reputación

La figura de “Mate Cosido” se enalteció entre las clases populares del norte argentino. En esa época, el país atravesaba un contexto en el cual los trabajadores rurales sufrían la explotación laboral de sus patrones o de empresas extranjeras que abusaban de los recursos naturales de las provincias.

Peralta conocía del tema y fijó como blanco a los patrones y estancieros de las zonas por las que deambulaba. Él mismo lo reconoció en una carta que le envió al ya desaparecido medio gráfico porteño, “Ahora”: “no soy un delincuente nato (...). Soy una fabricación por las injusticias sociales que siendo muy joven ya comprendí, y por las persecuciones gratuitas de un policía inmoral y sin escrúpulos”.

ATRACO. El bandido asaltó fábricas y empresas forestales en Chaco.

Su fama e imagen generaron gran interés en los intelectuales, lo que derivó en ensayos y artículos analizando al personaje. El historiador pampeano Hugo Chumbita, en la edición de noviembre de 1991 de la revista Todo es Historia, citó a su colega inglés Eric J. Hobsbawm, y describió a Peralta como un “bandido social”. “El bandido social es aquel, que a diferencia del bandido común, es solidario con su comunidad, se cree que roba a los ricos para ayudar a los pobres, por lo tanto recibe la protección y es exaltado por su gente”, sostuvo.

Llegada a Chaco

En 1926, Peralta decidió abandonar Tucumán y mudarse a Chaco, que para ese entonces todavía no estaba conformado como una provincia, sino que se lo consideraba “territorio nacional”. En una de las múltiples cartas que le envió a “Ahora”, apuntó cómo los responsables de su partida de Tucumán a los policías que lo hostigaban constantemente y aseguró que se vengaría. “No estaba dispuesto a seguir soportando este estado de cosas. Rumiaba ya a mi partida un plan de desquite y en el viaje lo completé (sería asaltante). Ya que la policía no me dejaba otra alternativa, iba a vengar las lágrimas de mi madre con otras lágrimas”.

Una vez instalado en el monte chaqueño, cumplió su promesa. Formó una banda de aproximadamente 15 delincuentes y así lideró incontables asaltos a estancieros, directores de fábricas y patrones. Si bien su premisa era evitar la violencia a toda costa, algunos de los atracos no salieron como esperaba y en más de una ocasión hubo personas que fallecieron en los enfrentamientos.

Tal como mencionó Chumbita, durante la década del 30, “Mate Cosido” se convirtió en el enemigo número uno de Bunge & Born, Dreyfus, La Forestal y los grandes estancieros. “Sus aventuras conmovieron a todo el país. Los pobres del campo le brindaban ayuda, celebraban sus hazañas y lo convirtieron en mito”, afirmó el historiador.

La preocupación de los industriales fue tan grande al notar que la policía no lograba capturar al bandido, que habrían ejercido presión para la formación de la Gendarmería Nacional, cuyo proyecto de creación ingresó al Congreso en 1936 -con recomendación de urgencia firmado por el presidente Agustín P. Justo-, siete días después de que la banda de “Mate Cosido” protagonizara una seguidilla de robos a Anderson, Clayton & Cía. y a Dreyfus.

BÚSQUEDA. Gendarmería ofrecía dinero para dar con su paradero.

El último golpe

En 1938, Peralta y su banda dejaron de lado los asaltos y se dedicaron a realizar secuestros con pedidos de rescate. El último que organizaron fue a finales de 1939. En vísperas de Navidad secuestraron a Jacinto Berzón, encargado de la estancia de la sucesión Furken. Por medio de una carta escrita de puño y letra, “Mate Cosido” le exigió a María Berzón 50.000 pesos o acabaría con la vida de su hermano.

En el escrito le indicó que el dinero debía ser arrojado desde un tren la noche del 7 de enero. La familia de Berzón le mostró la carta a la policía y se puso en marcha un plan para dar de una vez con Peralta.

Esa noche, el tren en el que debía llegar el dinero, en realidad trasladaba a un grupo de gendarmes. Luego de que “Mate Cosido” dieran la señal con una linterna, los efectivos abrieron fuego desde los vagones. Peralta recibió un tiro en la cadera y se salvó de ser acribillado por una ametralladora gracias a que el arma estaba trabada.

Esa fue la última vez que se vio a “Mate Cosido” con vida. A pesar de los intentos de los policías y los gendarmes, jamás lograron dar con el paradero del delincuente después de la balacera. Durante años las autoridades siguieron las pistas que obtenían para intentar capturarlo, pero todo fue en vano. Lo más cerca que estuvieron de encontrarlo fue en Añatuya, Santiago del Estero, donde hallaron su bombacha de campo ensangrentada. Testigos relataron que Peralta había visitado el lugar para curarse con el farmacéutico del pueblo.

Muchas fueron las hipótesis que surgieron sobre el destino de “Mate Cosido”. Algunas lo dieron por muerto, otras dicen que se radicó en el interior de Tucumán y falleció allí. La teoría que mayor sustento tiene es la que plantea que luego de curar su herida en la cadera se mudó a Paraguay y vivió allí hasta el final de sus días.

Lo último que se supo de “Mate Cosido” fue que en 1940 envió otra carta a “Ahora”. “Hoy vivo en plena selva y ella con sus asperezas no ha conseguido absorberme del todo. El comandante de Gendarmería en el Chaco, Leopoldo Moreno, manifestó que prácticamente estoy abatido. La contestación la dejo trunca, para que el futuro establezca quién tiene razón; y aunque logre eliminarme, no será ninguna gloria para él”, manifestó.