El orgullo tucumano cruzó fronteras este verano. Desde Manizales, en pleno corazón del eje cafetero colombiano, Melany González, una joven de 20 años nacida de Concepción, acaparó miradas, aplausos y cámaras al convertirse en Princesa Internacional del Reinado del Café 2026, uno de los eventos culturales más importantes del país. “Los concursos cambiaron porque ahora buscan mujeres con propósito”, remarca para LA GACETA a días de vivir una experiencia que la mrcó por completo.
La distinción la ubicó entre las favoritas de un certamen que reunió a representantes de más de 20 naciones y que forma parte de la tradicional Feria de Manizales, una celebración popular que cada año combina música, corsos, desfiles, festivales y una agenda turística que moviliza a miles de visitantes.
Para Melany, el viaje significó su debut absoluto en un concurso internacional. Y, según cuenta, también una experiencia transformadora.
Una aventura
Ya de vuelta a la provincia, Melany repasa con claridad la evolución de estos certámenes. “Ya no se trata solamente de elegir a la más linda. Eso quedó atrás. Hoy buscan chicas con proyectos sociales, con ideas claras y con la capacidad de comunicar algo que aporte”, afirma.
En el Reinado del Café, ese propósito está vinculado directamente con la identidad del grano. “Había que saber de café. Ese era el corazón del concurso”, explica. Y agrega: “podías ser súper carismática o muy buena en la pasarela, pero si no comprendías la cultura cafetera, no estabas lista”.
El certamen incluyó capacitaciones sobre procesos productivos, visitas a fincas y evaluaciones basadas en conocimientos específicos del rubro. Para una representante argentina -y tucumana-, donde la industria recién comienza a explorarse, el desafío era mayor que para otras candidatas.
Amor cafetero
“En Tucumán no somos productores de café, pero sí tenemos un consumo muy fuerte”, reconoce Melany. “Hay proyectos experimentales con potencial, pero no somos exportadores como Colombia o Brasil. Aun así, acá se valora muchísimo el café especial y hay baristas y cafeterías que hacen un trabajo hermoso”, dice.
Consciente de esa diferencia, la joven se preparó antes de viajar, investigó sobre la historia del grano en América Latina y tomó contacto con especialistas locales. “No quería llegar improvisada. El café es parte de su identidad y quería representarlo con respeto”, comenta. Una vez en Colombia, y a pesar de que bien había imaginado la competencia y la exigencia, hubo algo que la tomó por sorpresa: la calidez con la que la trataron los lugareños.
“La gente fue lo más lindo de todo”, afirma sin dudar. “En cada desfile nos tiraban besos, nos saludaban, nos gritaban ‘¡Argentina!’ con una alegría que te emocionaba. Sentías que te adoptaban”, comenta emocionada.
El cariño no solo venía del público. Melany contó que entre las representantes internacionales se generó un vínculo muy fuerte. “Compartimos ensayos, comidas, jornadas largas... Se armó un grupo muy humano. Aprendí de todas”, rememora.
Recuerdos y cariño
Durante su estadía la joven también recorrió la zona, participó de entrevistas, recepciones oficiales y actividades culturales. “Fue una semana intensa, pero hermosa. Volví llena de aprendizajes”, admite.
Uno de los momentos que más la marcó fue encontrarse con colombianos que ya habían visitado Tucumán. “Me hablaban con muchísimo cariño de lo que vivieron acá. Algunos conocían el centro, otros los cerros; otros Tafí del Valle. Me emocionaba porque sentía que llevaba a la provincia conmigo, aun antes de hablar”, describe.
En tanto, si ella tuviera que invitar a visitantes extranjeros, lo tiene claro: “primero, el centro histórico y la plaza Independencia, porque es la puerta de entrada para entender quiénes somos. Después, el cerro San Javier, con sus vistas y su aire fresco y finalmente, Loma Bola, que enamora por su adrenalina y sus paisajes”.
Un mensaje
Tras vivir su primera experiencia internacional y volver con una banda que ahora luce en su habitación, la joven reflexiona sobre lo que significa su logro.
“A las chicas tucumanas que sueñan con una experiencia así les diría que se animen -asegura-. Una aprende muchísimo. Conocés otras culturas, te enfrentás a desafíos que te fortalecen y descubrís capacidades que no sabías que tenías”.
En base a la experiencia alcanzada, no descarta nuevos desafíos en el futuro, aunque por ahora prefiere procesar lo vivido y seguir con sus estudios y proyectos personales: “fue un sueño cumplido. Y tengo claro que es recién el principio”.
Con la voz calma y la emoción todavía fresca, Melany se suma así a la larga lista de tucumanas que llevan la bandera provincial a otros lugares del mundo. Esta vez, el orgullo viajó con aroma a café.