El temporal que azotó a Tucumán dejó postales repetidas en distintos puntos de la provincia, pero pocas tan crudas como las que se vivieron en la comuna de Los Gómez. Al oeste del territorio tucumano, pasando Leales, esta pequeña localidad quedó entre las más castigadas por la crecida del río Salí, que desbordó en la mañana del lunes y avanzó sobre calles y viviendas.

Llegar hasta Los Gómez no es sencillo aun en días normales. La ruta provincial 306 conecta la Capital con la zona, pero el tramo posterior a Leales es de ripio, con pozos profundos que obligan a circular a muy baja velocidad. El recorrido se vuelve peligroso y lento. Un solo colectivo llega hasta allí y lo hace en apenas dos horarios diarios. A ese aislamiento geográfico se suma otro más severo. La falta de señal telefónica y de datos móviles deja incomunicados a los habitantes. La conexión depende de unos pocos puntos de internet satelital que los vecinos comparten. Todos acceden al wifi del que tiene señal. En Los Gómez no hay mezquindades cuando la necesidad aprieta.

DESTRUCCIÓN. La vivienda de los Leguizamón con barro y humedad.

La creciente llegó temprano. Minutos después de las ocho de la mañana del lunes, el cauce del río Salí se desbordó y comenzó a avanzar hacia las casas más cercanas. El agua entró por las calles y ganó terreno con rapidez. Los primeros avisos llegaron de boca en boca. Vecinos alertaron a vecinos. Algunos lograron anticiparse y subir muebles y electrodomésticos. Otros apenas alcanzaron a salir con lo puesto. Según relataron los habitantes, cerca de 40 personas fueron evacuadas y trasladadas hasta la escuela N°104 Maestro Joaquín Cía Santiago Frías, que funciona como centro de alojamiento. El agua también alcanzó el edificio comunal, la dependencia policial y la iglesia.

En la parte más baja

Nancy Díaz vive en la zona más baja de Los Gómez junto a su hija Rocío Zelaya y su nieto de tres meses. La angustia todavía se le quiebra en la voz cuando habla. “Mi casa fue una de las más afectadas. El agua entró muy rápido”, relató. La evacuación fue inevitable. “Todavía no pude volver. No sabemos en qué condiciones está”, explicó entre lágrimas.

La salida se produjo en plena mañana. “De la desesperación me subió la presión y me broté toda la piel. Me tuvieron que medicar y calmar”, contó. El auxilio llegó desde el barrio. “Un vecino me ayudó a levantar algunas cosas porque estoy sola con mis hijos”, señaló.

CON DIFICULTAD. Vecinos avanzan por las calles anegadas del pueblo.

El avance del agua fue devastador. “Cuando salí, el agua ya estaba entrando por todos lados. Empezó a salir por el inodoro, todo estaba contaminado. Fue desesperante”, describió. Apenas lograron salvar lo indispensable. “Gracias a los vecinos logramos guardar algo de ropa en bolsas. Yo estoy medicada y fue todo muy rápido”, dijo. Hoy permanecen en el lugar donde fueron asistidos. “Nos quedamos en la escuela porque el médico nos recomendó no movernos pero no tenemos nada. Necesitamos ropa y pañales. Nos prestaron un pañal y un pantaloncito”, resumió.

Evacuadas en lancha

En la escuela también permanecen Lilia y Sabina Leguizamón, dos hermanas de 72 y 76 años, que debieron ser evacuadas en condiciones extremas. “Me evacuaron, junto con mi hermana. Vivimos separadas, pero en ese momento yo había ido a su casa”, relató. El desborde las sorprendió juntas: “Fue terrible. Es una cosa verlo y otra es vivirlo. Cuando uno se ve rodeado de agua no sabe para dónde ir ni qué hacer”.

Con ellas estaban dos niños pequeños. “Estaban mis sobrinitos, uno de dos años y otro de tres años y medio. Los chicos estaban desesperados y eso fue lo que más me angustiaba”, recordó. Salir caminando era imposible. “Nos sacaron en una lancha porque el agua ya había entrado en toda la casa. De ahí nos llevaron hasta la calle y después nos subieron a un camión del Siprosa”, explicó.

Lilia tiene problemas de movilidad y se desplaza con bastones. “Hace poco me caí en el baño y quedé mal”, contó. El regreso todavía es incierto. “Si baja el agua voy a tener que ir caminando con los bastones. Si todavía hay agua, me van a tener que llevar en lancha. Yo nunca había subido a una”, confesó.

REFUGIADAS. Rocío, junto a su bebé y su madre, Nancy, en la escuela. la gaceta / fotos de santiago gimenez FOTO LA GACETA/ANALÍA JARAMILLO

Su hermana vive a unas dos cuadras del río. “El agua entró de golpe y fue mucha”, relató. Con diabetes y problemas cardíacos, permanece en el centro de evacuados y la preocupación ahora pasa por la higiene y la seguridad: “Me preocupan la suciedad y los bichos. Había víboras y arañas que venían con el agua”, advirtió.

”Rogamos que no llueva”

Lucas Leguizamón fue otro de los afectados. Vive en una de las zonas más bajas. “Esto empezó alrededor de las ocho de la mañana. Fui a ver el río y ya venía el agua por la calle”, contó. En su casa el agua llegó a los 50 centímetros. “El agua brotaba del baño, el piso hacía burbujas”, describió.

Con él estaba su padre de 75 años, con antecedentes cardíacos que se tuvo que refugiar en casa de familiares. “Fue atendido porque le subió la presión”, contó. “Perdimos todo en la casa, todo se mojó. Las cosas materiales se pueden recuperar, pero cuestan mucho. No se puede hacer nada contra la naturaleza”, se lamentó.

LO QUE QUEDÓ. Viviana muestra los daños que causó la crecida del río.

La solidaridad fue una constante. Viviana Medina, dueña de un gimnasio en la comuna, también sufrió daños. “El agua entró con mucha fuerza. Se reventaron espejos y se mojaron las máquinas”, relató. Aun así, decidió salir a ayudar. “Hay muchas casas vacías porque sus dueños están de viaje. Abrimos puertas, sacamos muebles y subimos colchones”, explicó. También armaron barreras de tierra. “Hicimos lo que pudimos con lo que teníamos”, afirmó.

Marta Morillo, pensionada de 60 años, logró quedarse dentro de su casa gracias a una barrera improvisada. “Estuve armando esto para que el agua no pueda pasar con la ayuda de mis vecinos”, contó. La ayudaron con bolsas, tierra, plástico y lonas. “Estábamos con mucho miedo. Rogamos que ya no llueva. Esta fue la peor inundación que me tocó vivir”, aseguró.

Los vecinos coinciden en el reclamo. Piden obras que contengan al río y eviten que la historia se repita. Mientras tanto, en Los Gómez se limpia, se comparte y se resiste.