La Fórmula 1 todavía no puso en marcha de manera oficial la temporada 2026 y ya transita una de las discusiones técnicas más tensas de los últimos años. A pocos días del inicio de la pretemporada en Bahréin, la FIA evalúa un cambio clave en la interpretación del reglamento técnico que podría alterar el mapa de rendimientos y afectar directamente a Alpine, el equipo con el que está vinculado Franco Colapinto.
El foco del conflicto está puesto en los motores Mercedes y en un supuesto “gris” reglamentario vinculado a la relación de compresión de los nuevos V6. Según la normativa vigente para 2026, el límite máximo es de 16:1. Sin embargo, distintos fabricantes advirtieron que, si bien las unidades de potencia cumplen ese parámetro cuando son medidas en frío, en condiciones reales de funcionamiento (ya con temperatura elevada) podrían superar ese valor y generar una ventaja de potencia.
Durante las pruebas privadas realizadas en Barcelona, Mercedes fue el fabricante que más kilómetros acumuló, con registros que no mostraron problemas de fiabilidad y con un rendimiento que llamó la atención del resto del paddock. Ese escenario activó los reclamos formales de Ferrari, Honda y Audi, que solicitaron a la FIA una aclaración reglamentaria sobre los métodos de control.
En ese contexto, medios especializados señalaron que la FIA estaría dispuesta a introducir un giro en los criterios de medición: pasar de controles en temperatura ambiente a verificaciones en caliente, aunque de manera estática. La modificación, que podría aplicarse desde el Gran Premio de Australia, cambiaría de hecho la lectura original del reglamento técnico publicado.
El punto sensible para Mercedes es que este ajuste no requiere unanimidad. Basta con una mayoría calificada compuesta por la FIA, la Fórmula 1 y cuatro de los cinco fabricantes de motores. Ferrari, Honda y Audi ya habrían fijado postura a favor del cambio, y la novedad es que Red Bull Powertrains, que inicialmente se mantenía neutral, habría dejado de respaldar la posición del equipo alemán.
El impacto no se limitaría a Mercedes como estructura principal. También quedarían alcanzados sus equipos clientes: McLaren, vigente campeón, Williams y Alpine. Para la escudería francesa, que abandonó su rol como fabricante y apostó por la unidad de potencia alemana, la discusión genera inquietud en un momento clave del proyecto deportivo.
Especialistas estiman que la diferencia potencial podría rondar los 10 kW, equivalentes a unos 13 caballos de fuerza, lo que en ciertos circuitos se traduciría en hasta cuatro décimas por vuelta. Un margen nada menor en una categoría donde cada milésima cuenta.
Desde Mercedes, la respuesta fue tajante. Toto Wolff aseguró que el motor es completamente legal y que todas las decisiones técnicas se tomaron dentro de un reglamento “claro y transparente”, sin interpretaciones alternativas. Aun así, el debate sigue abierto y deberá resolverse en instancias formales de votación.