Hace muchos años acompañé a mi sobrina, docente, al sorteo de una vivienda del Instituto Provincial por la Av. Jujuy al 4.000. Teníamos tantas esperanzas, expectativas y sueños, que previamente recorrimos todo el barrio y nos ilusionábamos con la ubicación; lamentablemente le tocó en la última cuadra, frente a las vías del ferrocarril. Al irse ubicando las familias, notamos la cantidad de casas sin ocupar en las mejores ubicaciones. Un día veo a un muchacho que conocía de vista habitando una casa; le pregunté y me dijo: “no es mía; a mí me pagan como cuidador; son tres acá y sé que hay dos casas más en otro lugar; son de un gremialista y de un “chancho” grande del Gobierno” . Al leer en LA GACETA las acertadas y lapidarias palabras del arquitecto Hugo Cabral, interventor del Instituto de la Vivienda, y viendo el accionar del Sr. Gobernador en el empeño de recuperar los inmuebles y tierras fiscales usurpadas pertenecientes a la Provincia y por ende a todos los tucumanos, analizo que no puede ser que el valor de la cuota de una casa sea igual al precio de un café y que los descarados todavía no la paguen. Y si investigan a fondo, casa por casa , más de un muerto aparecerá vivito y coleando, cobrando alquiler con autos de alta gama en los garajes de sus “ranchitos” . ¡Señores! La ley pareja no es rigurosa; si no me hace falta o no la puedo pagar, la devuelvo. Antes de que me contesten les diré que fui miembro de Comisión Directiva del gremio UPCN; no tenía casa y jamás me dieron una. “No hay gestores ni intermediarios, inscripción gratuita y permanente, sorteos públicos, con un sistema transparente para poder construir más viviendas y dar respuestas reales” ¡Muy bien diez, sargento, digo, arquitecto Cabral! Le queda menos de dos años para poner la casa en orden. Aunque duela, tiene nuestro total apoyo.
Francisco Amable Díaz
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