Sturla Holm Laegreid, de Noruega, acababa de conseguir su primera medalla olímpica individual en la prueba de 20 kilómetros de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina. Había acertado 19 de los 20 disparos y finalizado a 48,3 segundos del ganador, su compatriota Johan-Olav Botn, mientras que la plata quedó en manos del francés Eric Perrot. Sin embargo, el resultado deportivo pasó rápidamente a segundo plano.
“Hay alguien con quien quería compartir esto, aunque quizá hoy no esté mirando”, dijo cuando parecía que el reportaje terminaba. A partir de ahí contó que hace seis meses conoció a la mujer que considera el amor de su vida, que tres meses atrás la engañó y que le confesó la situación apenas una semana antes de competir. “Han sido los peores días que me tocaron vivir”, admitió, visiblemente conmovido.
Laegreid explicó que decidió hacerlo público porque sentía que era la única manera de demostrar cuánto le importa. Reconoció que muchos chicos pueden mirarlo distinto, pero insistió en que necesitaba asumir el error y poner todo sobre la mesa. “No tengo nada que perder”, repitió más de una vez, con la voz quebrada.
El impacto fue inmediato. En la misma transmisión, el múltiple campeón olímpico Johannes Thingnes Boe, hoy comentarista, consideró que el momento elegido no había sido el adecuado, más allá de notar el arrepentimiento de su excompañero. Otros atletas del equipo noruego reconocieron que sabían que atravesaba días difíciles y adelantaron que lo acompañarán.
Más tarde, ya en conferencia de prensa, el propio medallista pidió disculpas si había opacado la celebración de Botn. Aun así, sostuvo su postura de que necesitaba intentarlo todo para recuperar a su pareja, aunque eso implicara exponerse frente a millones de personas.