El 21 de febrero no será una fecha más. En Hermosillo, México, Verónica “C-cuatra” Ruiz tendrá la oportunidad que soñó desde que era una nena y miraba boxeo en la mesa familiar: pelear por el título del mundo del Consejo Mundial de Boxeo en la categoría Átomo. Del otro lado estará la local Camila “Magnífica” Zamorano, campeona vigente, invicta con 13 triunfos y apenas 18 años, señalada como una de las grandes promesas del boxeo femenino.

Ruiz llega con un récord profesional de siete victorias, dos derrotas y un empate. La última presentación fue ante Mercedes Reyna, pelea en la que conquistó títulos (el título argentino y el sudamericano) y confirmó su crecimiento. Pero esta vez el desafío es mayor. Mucho mayor.

“Estoy contenta por esta chance mundialista. Nos venimos preparando como nunca. Fueron muchos meses de entrenamiento, de cuidarse en la comida, de disciplina. Ajustando todo para estar a la altura”, cuenta.

Preparación mental

Si algo cambió en este desafío fue la dimensión del trabajo. No sólo en lo físico, sino también en lo mental. “Estoy trabajando con psicólogos deportivos. Es algo muy emocionante, es lo que todo boxeador sueña. Cuando la gente me para en la calle y me dice que me admira, que es lo que todos soñamos, te das cuenta de la magnitud. Hay que manejar las emociones para que no jueguen en contra”, explica.

La preparación incluyó campamentos en Tafí del Valle (con trabajos en altura), viajes a Buenos Aires para sparrings de alto nivel y sesiones intensas de fuerza y resistencia. “Trabajamos mucho la parte física, la oxigenación. Hicimos sparring con boxeadoras campeonas del mundo, con rivales altas, fuertes, de distintos estilos. No dejamos ningún detalle librado al azar”, dice.

También hubo guanteo en Santiago del Estero, bajo un calor extremo, y hasta sesiones junto a una boxeadora mexicana amiga del entorno de Zamorano. “Ella seguro me estudió. Yo la estoy estudiando al pie de la letra”, dice Ruiz.

Una promesa

Camila Zamorano no es una campeona más. Es la campeona mundial más joven de la historia en su categoría. Una boxeadora frontal, de ritmo alto, que no tiene victorias por nocaut pero sostiene presión constante.

“Es guerrera, va para adelante. Tiene buen ritmo. No sé cuál será su estrategia ahora, pero estamos trabajando para que no se nos escape nada. Yo también mejoré muchas cosas, aprendí de mis errores. Cada pelea te da experiencia”, afirma.

La pelea será en México, territorio históricamente complejo para visitantes. Pero Ruiz no se intimida.

“Estoy acostumbrada a pelear de visitante. Los títulos que tengo los traje de visitante. Yo voy a hacer mi trabajo. Después están los jueces, los árbitros… pero eso no depende de mí. Eso me da tranquilidad”, dice.

Familia de boxeadores

La historia de Verónica está atravesada por el boxeo desde siempre. “Vengo de familia de boxeadores. Mi abuelo, mi tío, mi papá, mis hermanos. Tengo siete hermanos y todos subieron al ring alguna vez. En casa respiramos boxeo”, describe.

Entre anécdotas familiares aparece la figura de su padre como sostén y profeta. “Siempre me decía: ‘Vas a ser campeona del mundo’. Cuando yo le pegaba a la bolsa, me lo repetía. Yo pensaba que era porque era mi papá. Y mirá… ahora estoy ante esta oportunidad”, recuerda.

En el amateur no perdió nunca. En el profesional sufrió dos derrotas que marcaron su aprendizaje. “La primera vez lloré un montón. Pero aprendí. Las derrotas también enseñan”.

A pulmón

El camino no fue sencillo. Ruiz es madre de dos hijos, trabajó mientras entrenaba y sostuvo el sueño “todo sobre el hombro”. “Al principio era todo a pulmón. Nadie me conocía. Mi papá decía que si las puertas estaban cerradas, las íbamos a abrir como sea”, dice.

“Hoy vivo del boxeo. Quizás soy casi la única que puede decir eso en mi categoría. Me dio un respiro enorme. Pero antes tenía que trabajar y dividir mi tiempo en diferentes actividades para poder llegar a mi objetivo. Tengo dos hijos y tenía que ver la manera de generar dinero”, reconoce.

La frutilla del postre

Ruiz ya es campeona argentina y sudamericana. Pero siente que le falta algo. “Me falta la frutillita del postre: ser campeona del mundo. Es algo grandísimo para mi familia, para todos los que me acompañaron”.

El 21 de febrero, en Hermosillo, tendrá la oportunidad de completar ese círculo. La pelea será transmitida por un canal mexicano y también por la plataforma de streaming AZZ, gestión de su promotora. Ruiz compartirá los enlaces en sus redes sociales para que Argentina pueda acompañarla.

“Siento que toda Argentina está conmigo. Me llegan mensajes de todos lados, incluso de otros países. Si Dios quiere, el 21 de febrero habrá una nueva campeona del mundo”, dice.

La actitud está. La preparación también. Ahora falta el combate. Y la posibilidad de que “C-cuatra” Ruiz transforme una profecía familiar en historia grande del boxeo argentino.