La caída frente a Tigre en el Monumental no solo significó el fin del invicto en el Torneo Apertura. También volvió a poner bajo la lupa un problema que River arrastra desde hace varios meses: la falta de gol de sus atacantes.
Sin Sebastián Driussi, desgarrado en la fecha pasada ante Rosario Central, el equipo salió con Facundo Colidio y Maximiliano Salas como dupla ofensiva. Ambos dejaron el campo entre murmullos y reprobaciones, reflejo de un malestar que ya no es nuevo.
Los números son elocuentes. Colidio acumula 22 partidos consecutivos sin convertir. Su último tanto fue el 19 de julio, en la goleada 4-0 ante Instituto. Más allá de que hoy suele moverse lejos del área, la estadística empieza a pesar. Salas, en tanto, no marca desde el 2 de octubre, cuando le anotó a Racing. Desde entonces suma 11 encuentros sin festejos.
Driussi tampoco escapa al problema: lleva 13 partidos sin goles. Su última conquista fue el 21 de agosto ante Libertad por la Libertadores. Entre lesiones y pérdida de ritmo, todavía no logró recuperar su mejor versión.
El ingreso de Agustín Ruberto, que volvió a sumar minutos oficiales tras una grave lesión, abre una incógnita. De cara al duelo con Argentinos Juniors, la decisión de Marcelo Gallardo será clave: sostener a los habituales, apostar por juventud o modificar el esquema para recuperar poder ofensivo.
River necesita respuestas. Y las necesita pronto. Porque más allá de lo que marquen las estadísticas individuales, lo que preocupa es la sensación colectiva: un equipo que domina por momentos, que tiene la pelota, pero que no logra traducir ese control en situaciones claras ni en eficacia.