Esta semana, el Defensor Oficial, Agustín Eugenio Acuña (abogado y Doctor en Humanidades) publicó una carta abierta dirigida hacia los jueces de nuestra provincia que sacudió a la opinión pública. “Estimados jueces, como sabrán, muchas veces litigo antes ustedes. A veces gano mis casos y a veces pierdo. Sin embargo, no quiero hacer foco en mis resultados. La cuestión no es el producto final, sino el proceso. Y, como si fuesen los reyes magos, quiero pedirles diez cosas a ver si este año facilitan mi trabajo ante ustedes”, arrancó.

Las 10 cosas consistían en: “aplicar la ley, llegar a horario, no subirse al pony, tener o mantener el sentido del humor, no creerse infalibles, abrazar las críticas, ser firmes con las chicanas, dejar hacer su trabajo a los colegas, no hablar (ni escribir) en difícil, cumplir los plazos y más allá”. Cada pedido contenía un desarrollo, pero fue la carta en su totalidad lo que movilizó a los distintos actores de la Justicia, que reaccionaron de distintas maneras.

Los magistrados, a través de la Red de Jueces, Fiscales y Defensores de la República Argentina, se defendieron de las críticas mostrando lo duro y arduo de su trabajo, pero además, señalando las formas que utilizó el Defensor Oficial para realizar estos señalamientos. “No coincidiendo con la forma ni los términos empleados, creemos que (la carta) se encuentra destinada para una absoluta minoría más no para quienes nos dedicamos con ahínco y verdadero compromiso a la prestación del servicio de justicia”.  Al debate sobre las formas de los jueces (propuesto por Acuña) se había sumado el de las formas del propio Acuña, para hacerlas.

Igualmente, en la misma defensa, los jueces mostraron algo de flexibilidad al señalar que las inquietudes de Acuña no debían interpretarse como un agravio, sino como una opinión que merecía ser atendida para fortalecer el diálogo institucional y sostener la alta exigencia ética con la que la sociedad -y también los propios colegas- evalúan la labor profesional.

El debate ya estaba armado. Faltaba igualmente la opinión de los abogados, otros de los protagonistas de la Justicia. “El primer pedido es que cumplan la ley; sin dudas que la gran mayoría de los jueces la cumple, pero hay casos en los que no”, opinó el presidente del Colegio de Abogados de Tucumán, Alberto López Domínguez. A su vez, añadió: “Debemos tomarla, interpretarla y leerla, y a esto sumar lo que cada uno tenga a su alcance para mejorar la administración de justicia”.

¿Fue positiva la carta? ¿Fue oportuna? ¿Fue hecha como debía hacerse? No estamos aquí para responder esas preguntas, pero sí podemos contestar que los 10 pedidos llamaron a la reflexión. La de los jueces, la de los abogados y luego seguramente la del propio defensor, sobre sus formas. Bien se sabe que los jueces deben ser independientes, imparciales, objetivos y honestos, actuar con prudencia y un conocimiento del derecho, y tener vocación de servicio, firmeza ante presiones, sensibilidad humana y capacidad de escucha. Todo lo cual está pedido en la carta.  Se trata, pues, de una reflexión que necesita siempre ser realizada y renovada, de tanto en tanto. Mucho más en un ámbito como la Justicia donde se deciden asuntos sustanciales en la vida comunitaria.