El té lo beben los más estables; el café quienes son más funcionales y enérgicos y las gaseosas cola son la elección de los inmaduros. Eso estableció el estudio de Diogo R. Lara ("Distinct Personality Traits Associated with Intake of Coffee, Tea, and Cola Drinks and Smoking), publicado en el Journal of Caffeine Research. Traducido como los "Rasgos de personalidad distintivos asociados con el consumo de café, té, bebidas de cola y el tabaquismo", la investigación de Lara y su equipo de la Pucrs (Brasil) se hizo sobre un análisis de 15.557 adultos, de entre 18 y 60 años. 

La mayoría fueron mujeres (10.855) frente a los hombres (4.702). La metodología de recolección fue en la web, lo que permitió captar una población general muy amplia en lugar de limitarse a un entorno clínico o académico cerrado.

La investigación se hizo con la intención de entender qué sugiere lo que elegimos beber para activarnos. El consumo de café no se vinculó con rasgos de personalidad negativos o inestables, como podría pensarse. Incluso los números mostraron una relación muy modesta con la personalidad. El perfil del bebedor de café indica que suele usarla como una herramienta de trabajo o estudio para mejorar la atención y la energía, pero sin que esto denote una carencia en el control de sus impulsos o una personalidad desadaptativa. Los maduros y adaptativos que optan por el té, su perfil se correlacionó con ser positivos. 

La estabilidad emocional, mayor nivel de autodisciplina y rasgos maduros son sus características. Los bebedores de té tienden a ser personas con mayor capacidad de autorregulación. Es una elección más pausada y menos "adictiva" o impulsiva en comparación con otras fuentes de cafeína.

Los inmaduros y desadaptativos reciben las críticas más duras en la investigación, incluso tienen rasgos similares a los de los fumadores, un hábito definido como nocivo. La impulsividad, búsqueda de novedad, inmadurez y perfiles más propensos a conductas de riesgo son las características que tienen. La gratificación inmediata, tener menos control sobre sus hábitos de salud completan un grupo de rasgos negativos.

Conclusión

Lara concluye que no somos adictos a una sustancia por azar, sino que nuestro cerebro "elige" la sustancia que mejor compensa nuestras carencias biológicas. Por ejemplo, alguien muy impulsivo y con poca energía elegirá una gaseosa con mucha azúcar, mientras que alguien enfocado en su carrera y con metas claras elegirá el café para "funcionar". 

El brasileño suele decir en sus conferencias que conocer el temperamento a través de lo que se consume es el primer paso para mejorar la salud mental porque permite entender qué se está intentando curar de alguna manera con esa taza de café o esa lata de gaseosa.

La evolución

La amplitud del estudio desarrollado por Lara es lo que lo mantiene vigente pese a tener data de varios años (2011). El campo de estudio que él comenzó ha evolucionado muchísimo. 

En 2016 se descubrió el gen "PDSS2": no descompone la cafeína directamente (de eso se encarga el hígado), sino que regula la expresión de los genes que sí lo hacen. Básicamente le indica a las enzimas la velocidad con la que deben trabajar. Si el individuo tiene una variante "activa" del PDSS2 la cafeína permanece en el torrente sanguíneo durante mucho más tiempo. En caso de ser "menos activa" el cuerpo procesa la cafeína a una velocidad normal o rápida, eliminándola del sistema en pocas horas.

Las personas con una variante específica del gen PDSS2 procesan la cafeína más lentamente y tienden a beber menos café. Lara lo veía como una personalidad cauta, hoy sabemos que tiene una base genética: el café les dura tanto en sangre que una segunda taza les provoca taquicardia o nerviosismo.

En la actualidad, el PDSS2 es uno de los genes principales que se analizan en los tests de Nutrigenómica. Permite personalizar la dosis, para ser más precisos, permite entender por qué a alguien le basta con un café a la mañana y a otros no. El gen también permite diseñar acciones que eviten problemas de salud como prevenir la sobreestimulación cardíaca si sos un metabolizador genéticamente lento.

Un estudio de la Universidad de Innsbruck de 2021 profundizó en el gusto por los sabores amargos. El dato polémico es que encontraron una correlación entre la preferencia por sabores muy amargos y rasgos de la "Tríada Oscura" (narcisismo, psicopatía y maquiavelismo). No significa que el que bebe café negro sea un villano, sino que las personas con estos rasgos tienen una mayor tolerancia a sabores que el cerebro humano asocia ancestralmente con el "veneno", disfrutando de esa estimulación fuerte.

Las nuevas investigaciones en psicología del consumidor distinguen ahora el tipo de café. Los “consumidores de especialidad” se asocian a una alta apertura a la experiencia. Son personas que buscan complejidad sensorial, valoran el origen y el proceso, y tienden a ser más curiosas y menos rutinarias. Los que se inclinan por el café soluble/industrial, se vinculan a una mayor conciencia, responsabilidad y orden. Si buscan la cafeína, la buscan como un combustible puramente utilitario para cumplir con sus tareas.