La tensión política y social en Francia alcanzó un punto crítico este sábado tras el anuncio de la fiscalía de Lyon: Quentin D., un joven de 23 años, falleció a causa de las heridas sufridas durante una violenta agresión ocurrida el jueves pasado. La víctima, miembro del colectivo antiinmigración Némésis, había sido hospitalizada en estado grave tras ser atacada frente al Instituto de Estudios Políticos (Sciences Po) de esa ciudad.

El incidente se produjo en el marco de una protesta contra la conferencia de Rima Hassan, eurodiputada de La Francia Insumisa. Según los reportes, Quentin integraba un grupo de seguridad que resguardaba a manifestantes que habían desplegado una pancarta denunciando el “islamo-extremismo”. Némésis acusó directamente a activistas del grupo antifascista La Jeune Garde como los autores del linchamiento.

La familia de la víctima, a través de su abogado Fabien Rajon, denunció que el ataque no fue fortuito. “Una emboscada, metódicamente preparada, parece haber sido tendida contra Quentin por individuos organizados y entrenados, muy superiores en número y armados, algunos con el rostro enmascarado”, sostuvo el letrado en un comunicado. Asimismo, exigieron que los responsables "sean rápidamente detenidos y respondan por sus actos".

La reacción de Macron y el arco político

El fallecimiento del joven desató una ola de indignación que llegó hasta el Palacio del Elíseo. El presidente Emmanuel Macron calificó el hecho como “un estallido de violencia sin precedentes” y realizó un llamado a la “calma, moderación y respeto”.

En su cuenta de la red social X, el mandatario expresó: “Ninguna causa ni ideología justificará jamás un asesinato. Es esencial procesar, llevar ante la justicia y condenar a los autores de esta atrocidad. El odio que mata no tiene cabida en nuestro país”.

El caso profundizó la grieta ideológica en el país galo. Desde la oposición de derecha, el tono fue contundente. Marine Le Pen, líder de Reunión Nacional (RN), exigió al gobierno que considere a las “milicias de extrema izquierda” como “grupos terroristas”. “La democracia ya no puede tolerar a quienes quieren destruirla”, sentenció la excandidata presidencial.

En sintonía, Jordan Bardella, presidente de RN, pidió medidas concretas: “La impunidad de la extrema izquierda debe terminar: además de la condena ejemplar de los culpables, quiero que la disolución de este grupúsculo [La Jeune Garde] sea finalmente efectiva”. Por su parte, la eurodiputada Sarah Knafo (¡Reconquista!) afirmó sin rodeos: “La extrema izquierda mata”.

Aunque con demora, también hubo reacciones desde el espectro local y progresista. El alcalde de Lyon, Grégory Doucet, fue el primero en manifestarse para condenar “con la mayor firmeza posible la violencia extrema”. A sus palabras se sumó Marine Tondelier, secretaria general del Partido Verde, quien advirtió que “este tipo de violencia no tiene cabida en la política ni en nuestra sociedad”.