“Este show es simple: se trata de reivindicar lo que nos da felicidad: cantar, saltar y bailar”, advierte Bad Bunny al comienzo de su tercer recital en Argentina. La gira mundial de “Debí tirar más fotos”, ganador del Grammy a Mejor Álbum del Año, no aparenta ser precisamente “simple”. No lo hace en las imágenes de la cancha de River que vimos en los dos primeros conciertos ni tampoco cuando pisamos el campo del Monumental, dos horas antes del comienzo del último. Quizás lo que quiere decir Benito Antonio Martínez Ocasio es que nosotros, sus espectadores, nos ocupemos de lo simple y él y su equipo harán lo complejo. Como por ejemplo montar un arcoíris una hora antes de empezar el show, aunque no será el único efecto especial natural, sentimental y audiovisual de la noche.
La pantalla ubicada en el primero de los escenarios de donde emergerá Bad Bunny con su traje color crema es gigante y digna de la película que veremos. Ocupa casi todo el ancho del campo de juego y me tiene obnubilado. Bad Bunny aparece enorme, con el tamaño de un dinosaurio. Nosotros lo vemos como los arqueólogos de Jurassic Park al llegar al parque. Es el mismo que acaba de cantar en el Super Bowl. Abajo está el Bad Bunny real, más chiquitito, como si fuera los subtítulos de su propia imagen en esa televisión de millones de pulgadas y pixeles. Su primera aparición es después de un clip en el que un padre y un hijo porteños cuentan la historia de un niño. "Un aplauso pa' mami y pa' papi, porque rompieron”, canta luego de quedarse parado mirándonos por varios segundos.
No solo la pantalla es cinematográfica en este show: el manejo de los tiempos del Conejo Malo también lo es, así como el suspenso ganado a fuerza de emocionantes silencios, los cambios de escenarios constantes, las transiciones entre una canción y otra, las intros de algunos de sus clásicos, los famosos en “La Casita”, los gritos de sus fanáticos y los fuegos artificiales.
Atrás suyo están “Los Sobrinos”, una orquesta puertorriqueña que en la primera parte del recital acompañarán la faceta más elegante del cantante. Allí sonaron “Me porto bonito”, “Callaíta”, “Weltita”, “Turista”, “Baile inolvidable” y una versión puertorriqueña lenta de “Por una cabeza”. Atrás del escenario hay una platea de no más de cinco filas con público que verá el show con la mirada del cantante. En la pantalla se lo ve a él cantando y el plano se completa con estos espectadores detrás suyo. Es una especie de escenografía política, como cuando vemos en la televisión a candidatos dar un discurso. Nos sirve para ver el fanatismo y las distintas reacciones del público. También es una suerte de espejo: los espectadores nos estamos viendo frente a frente y en el medio, el ídolo. “Lo mejor para el último”, asegura “BB” sobre este tercer recital.
"La Casita"
La segunda parte del recital será en “La Casita”, donde se desarrollará la segunda parte del show. Literalmente es una casita rosa típica de Puerto Rico y que el músico llena de otros músicos, amigos, famosos y curiosos. El pórtico y el techo serán los escenarios donde el cantante se reencuentra quizás con su faceta más atrevida y reggaetonera. Y como se nos ha dicho que cantemos, bailemos y saltemos, hacemos caso (o al menos lo hacen los más habilidosos). Yo perreo (sola), tú perreas, él perrea, nosotros perreamos, vosotros perreáis, ellos perrean. Todos perrean. Wanda Nara, Nicky Nicole, Thiago PZK, Safdie, entre otros, bailan en ese balconcito a centímetros de Bad Bunny. Cuando sube al techo lo acompaña Eladio Carrión, trapero puertorriqueño.
A “La casita” también se llevará un fanático que está pegado a la valla. Es una primera fila, pero lograda con esfuerzo, más que con plata. El joven, que seguramente llegó con horas y horas de antelación, abraza a Bad Bunny cuando este se acerca al público y no lo suelta. El artista echa un vistazo más al resto de los fans y el ganador es este joven. Después de unas indicaciones, el chico recibe un micrófono y grita: “¡Acho, PR es otra cosa!”, una frase que hace gala de lo lindo de Puerto Rico y que es el gancho perfecto para “Voy a llevarte pa’ PR”. Bad Bunny nos lleva para Puerto Rico: “Gracias por permitir traer mi cultura a este país”, repite. “Esta noche, ustedes son puertorriqueños”.
Recta final
Para la última parte del concierto, “BB” vuelve a cambiar: de atuendo y de lugar. Está cada vez más abrigado y regresa al escenario principal, pero sigue en contacto con el público. Mirando las primeras filas reconoce a una fanática que lo contrató para la fiesta de sus 15. “¿Cuántos años ya tú tienes?”, le pregunta. “22”, le contesta y él lleva su mano a la cara. La niña ha crecido desde entonces y nosotros también hemos crecido desde que comenzó este recital de dos horas y media. Antes de “Debí tirar más fotos”, la canción con la que cierra, nos pide que dejemos el celular un momento. A nosotros, que estamos obnubilados con la pantalla (la suya y la nuestra). Para corroborar que lo hacemos nos pide también que levantemos las manos para mostrar que no lo tenemos. Nos pide además que nos abracemos al que tenemos al lado. Casi que nos damos la paz en esta comunión y cuando larga la canción, empezamos a saltar. Todos la saben , todos la cantan. Hemos cumplido con nuestra simple parte: cantar, bailar y saltar. Él cumplió con la suya.