Claudio Echeverri volvió a sonreír. Y no fue una sonrisa cualquiera: fue la de quien siente que empieza a dejar atrás un tramo oscuro de su carrera. El “Diablito”, de 20 años, fue determinante en la victoria 2-1 del Girona sobre el Barcelona y mostró destellos del talento que lo convirtió en una de las grandes promesas surgidas de River antes de su transferencia al Manchester City por 18,5 millones de euros en 2024.

Ingresó a los 28 minutos del segundo tiempo y en poco tiempo cambió el partido. Le robó la pelota a Jules Koundé en una acción que inició la jugada del segundo gol y participó activamente en la construcción del tanto de Fran Beltrán que selló el triunfo a falta de cuatro minutos para el cierre. En apenas un puñado de minutos, creó dos ocasiones de gol, ganó sus dos duelos individuales y registró un 87% de efectividad en pases.

Pero más allá de los números, el impacto fue emocional. Tras el encuentro, Echeverri fue sincero sobre el difícil proceso de adaptación que vivió en su préstamo por el Bayer Leverkusen. “Muy contento, me habré caído y me habré raspado pero muy contento por la victoria de hoy… Fueron meses difíciles en Alemania, la pasé muy mal. Ahora estoy acá, contento”, confesó.

Su objetivo está claro: recuperar la versión que deslumbró en Núñez. “Tratando de agarrar la versión con la que fui vendido al City, estoy muy contento y feliz”, afirmó.

Su presente está ligado al City Group, dueño de su pase y también del Girona, donde tiene contrato hasta junio de 2026. La cesión buscó darle continuidad y rodaje, algo que no encontraba en el primer equipo de los “Citizens”.

El resurgir del “Diablito” no pasa desapercibido. En un año cargado de competencia internacional, su nombre vuelve a entrar en el radar de la Selección Argentina. Echeverri quiere recuperar su “modo River”. Y ante Barcelona dio el primer paso.