“Pedido a los periodistas: el Gobierno sugiere que no se “autopongan” en peligro durante la movilización”, subtitula una nota de LA GACETA del 18/02, referida al paro nacional convocado para este jueves. Solidariamente y, a los efectos de ayudar a pensar a los que tercerizaron esa tarea hace mucho tiempo (la de pensar), ofrecí mis servicios de traductor en el foro de lectores, que transcribo a continuación: fiel al estilo de la Bullrich y los Servicios, meterán infiltrados -nuevamente- vestidos de manifestantes, para trasladar los ingredientes (a mano y a la vista de toda la Policía), para armar una que otra molotov y lanzarla hacia las armas destinadas a defender a la sociedad. Con estos infiltrados se logra crear el caos, para justificar la posterior represión y la detención arbitraria e ilegal de quienes marchan para ponerle un freno al fascismo gobernante. Justamente antenoche vi una película que me recomendó una de mis hermanas, interpretada por Leonardo di Caprio, Sean Penn y Benicio del Toro. Su título es “Una lucha tras otra” y denuncia la vigencia en EEUU del poder manejado y manipulado por el otro poder (el real), con una estructura corporativista con sus tentáculos de la supremacía racial ocupando sillones en todas las instituciones del Estado, además de las que tiene en el sector privado. “En esas escuelas se formaron personajes como la Bullrich”, pensaba mientras veía la película. Y en la misma nota que mencioné al principio, leo al secretario General de UTA justificando el paro bajo el argumento de que no se oponen a una modernización laboral, pero que deberá ser una que surja de una mesa en la que estén todos los actores: “Para que esto nos sirva, tenemos que estar todos en la discusión: empresarios, gremio, Gobierno”. Y pensé: “otro más de los infiltrados. Estamos rodeados; indefensos y a la deriva, mientras los que aún defienden a este gobierno y que van cayendo desde el décimo piso, celebran estar bien hasta el momento, ya que pasaron por el tercero, aun estando intactos”. La gravedad y el peso de la dura realidad, será lapidaria.
Javier Ernesto Guardia Bosñak
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