El rostro de Marcelo Gallardo fue una síntesis perfecta del presente de River. Sin respuestas, con la mirada perdida y sin poder modificar el rumbo de un equipo que volvió a ser superado, el entrenador vivió una noche cargada de frustración en la derrota por 1 a 0 frente a Vélez, la tercera consecutiva en el torneo.

Desde el comienzo, el "Millonario" se vio en desventaja y nunca logró imponerse en el desarrollo del juego. Vélez dominó los primeros 45 minutos y River no encontró soluciones ni en la tenencia de la pelota ni en la intensidad. Gallardo siguió de cerca cada acción, incluso pidiéndoles a sus defensores que se afirmaran en los duelos físicos, pero el equipo no reaccionó.

El golpe también llegó desde lo físico. La lesión de Juan Fernando Quintero obligó a modificar la estructura, con el ingreso de Joaquín Freitas, aunque el cambio no alteró el desarrollo. River no generó peligro y tampoco mostró solidez defensiva. La ocasión más clara del primer tiempo fue una acción individual de Facundo Colidio que terminó en un remate sin fuerza.

En el complemento, Gallardo movió el banco y apostó por Kendry Páez. El ecuatoriano mostró iniciativa y actitud, pero el equipo apenas logró insinuar una reacción en el tramo final. No alcanzó. Vélez sostuvo la ventaja y profundizó el mal momento del conjunto de Núñez.

El final volvió a exponer el malestar del entrenador. Tras el pitazo de Darío Herrera, Gallardo abrió los brazos en señal de protesta, en desacuerdo con el manejo del tiempo adicionado. Luego esbozó una sonrisa irónica, en un gesto que reflejó su enojo contenido. Guillermo Barros Schelotto se acercó a saludarlo y la escena cerró otro capítulo tenso para el DT, que en la fecha anterior había sido expulsado.

La noche terminó en silencio. Cuando se esperaba su análisis, Gallardo decidió suspender la conferencia de prensa y retirarse sin hacer declaraciones. Tampoco hablaron los jugadores. La determinación responde a una postura que ya adoptó en otros momentos adversos, con la intención de tomarse entre 24 y 48 horas para reflexionar antes de volver a expresarse públicamente.

River acumula tres derrotas consecutivas en las primeras fechas del campeonato y no muestra señales de recuperación. El equipo no encuentra funcionamiento ni resultados, y el malestar crece. Mientras tanto, el silencio de Gallardo deja abiertas todas las incógnitas en un momento que exige respuestas dentro y fuera de la cancha.