El paso del tiempo no solo se refleja en las velas del cumpleaños, sino también en cómo envejecen nuestros órganos internos, en especial nuestro cerebro. Entre ellos, el cerebro es el protagonista absoluto. Recientemente, la ciencia dio un paso adelante al confirmar que es posible ralentizar su reloj biológico a través de lo que ponemos en nuestra taza y en nuestro plato.

Qué le pasa al cerebro a partir de los 40 años: los cambios más importantes

Un nuevo estudio, mencionado en un artículo del medio EatingWell, reveló que el consumo diario de té verde, enmarcado en una variante específica de la dieta mediterránea, está directamente relacionado con un envejecimiento cerebral más lento, comprobado mediante resonancias magnéticas.

Cómo se rejuvenece la mente

La investigación se basó en el ensayo clínico Direct Plus, realizado durante 18 meses con 300 adultos. Los participantes fueron divididos en tres grupos con distintas pautas alimentarias. El grupo que mejores resultados obtuvo fue el de la dieta "verde-mediterránea", que no solo prioriza los vegetales, sino que suma un aporte extra de polifenoles.

Este grupo consumió entre tres y cuatro tazas de té verde al día, además de nueces y un batido de lenteja de agua. Los científicos utilizaron modelos de "aprendizaje profundo" para comparar la edad cerebral estimada por escaneo con la edad cronológica de los voluntarios, encontrando una brecha notablemente favorable en quienes adoptaron estos hábitos.

El poder de los polifenoles

La clave de este beneficio reside en las proteínas sanguíneas vinculadas a la inflamación. Los investigadores detectaron que dos proteínas específicas, la galectina-9 y la decorina, disminuyeron sus niveles en quienes siguieron el plan verde-mediterráneo. Niveles bajos de estas proteínas son señales biológicas de un perfil cerebral más joven.

"Un patrón de alimentación mediterráneo-verde que incluía té verde a diario, nueces, más vegetales y menos carne roja se asoció con cerebros de aspecto más joven en la resonancia magnética", explicó la dietista Mandy Enright. Estas modificaciones moleculares sugierieron que el té verde actúa como un protector frente al deterioro celular.

Hábitos para aplicar hoy

No es necesario vivir en un laboratorio para aprovechar estos hallazgos. La clave es construir una base de alimentación mediterránea y añadir potenciadores ricos en antioxidantes. La recomendación de los expertos es clara: hacer del té verde la bebida de cabecera, intentando ingerir de dos a cuatro tazas diarias, ya sea frío o caliente.

Además del té, el estudio sugiere que consumir un puñado de nueces casi todos los días y reducir el consumo de carnes rojas a favor del pescado y las aves completa el combo ideal. Mantener una actividad física regular y controlar los niveles de glucosa son los pilares finales para que el cerebro se mantenga ágil y vital por mucho más tiempo.