El boxeo argentino escribió anoche una de sus páginas más emotivas y asombrosas en el Little Caesars Arena de Detroit. Soledad Matthysse, a sus 45 años y cuando muchos daban por cerrada su etapa en la elite, demostró que la vigencia es una cuestión de voluntad. En una pelea de alto impacto, la experimentada púgil argentina derrotó por nocaut técnico en el noveno asalto a la local Samantha “The Heat” Worthington, quien llegaba a este compromiso como la gran favorita y dueña de un récord invicto que parecía inexpugnable.

La victoria de la chubutense fue una verdadera lección de estrategia y resistencia. Ante una rival 15 años menor y con una pegada respetable, Matthysse impuso su oficio desde el primer round. "La Itaka", como la conocen en el ambiente, supo desgastar a la estadounidense con una ofensiva sostenida que finalmente quebró la resistencia de Worthington en el tramo final del combate. Al decretarse el final, la imagen de Soledad arrodillada en el centro del ring, bañada en lágrimas y fundida en un abrazo con su esposo y entrenador Mario Narváez, conmovió a los presentes y se volvió viral en cuestión de minutos.

Este título mundial interino superligero de la AMB representa la tercera corona planetaria en la carrera de la nacida en Rafaela y radicada en Trelew, quien ya había reinado en la categoría pluma tanto para la AMB como para el CMB entre 2013 y 2015. Con este hito, la hermana de Lucas Matthysse reafirma el peso de un apellido ilustre para el deporte nacional y estira su récord profesional a 21 victorias. “Mi deseo es ser nuevamente campeona del mundo”, había declarado la boxeadora hace meses, una promesa que hoy se materializó en una de las cunas del boxeo mundial, dejando en claro que, para ella, el paso del tiempo es apenas un detalle en su ambiciosa trayectoria.