En medio del silencio sepulcral que rodea a Marcelo Gallardo tras la caída ante Vélez, la figura de Stefano Di Carlo emerge como el principal sostén político del entrenador. Mientras el "Muñeco" se toma las horas que pidió para reflexionar sobre su continuidad, la postura de la flamante dirigencia de River es clara y contundente: no hay dudas sobre el proceso. Para Di Carlo, quien ganó las elecciones en noviembre pasado, Gallardo representa la piedra fundacional de su gestión y no tiene intenciones de interrumpir un ciclo que, a pesar de los resultados adversos, considera vital para el futuro institucional del club.
La lealtad del presidente hacia el director técnico se cimentó meses atrás con una renovación de contrato que funcionó como un golpe de efecto antes del último superclásico. Aunque ese respaldo parece haberse diluido en el campo de juego con diez derrotas en los últimos quince partidos, en la mesa chica del Monumental la decisión de acompañar al ídolo es inamovible. Desde las oficinas del club aseguran que la continuidad del entrenador no está en duda y que no se ha programado ninguna reunión de urgencia para cuestionar su labor, dejando toda la responsabilidad de la decisión final bajo la órbita personal del propio Gallardo.
Bajo este panorama, el mensaje de la cúpula dirigencial es que el poder de decisión recae íntegramente en el técnico. Di Carlo ha decidido otorgarle al "Muñeco" el tiempo y el espacio necesario para definir sus próximos pasos, bajo la premisa de que si Gallardo se va antes de Banfield, será puramente por elección propia. De esta manera, el presidente evita cualquier desgaste público hacia su figura y refuerza la idea de que, si el ciclo continúa, será bajo el aval absoluto de una dirigencia que está dispuesta a resistir junto a él hasta las últimas consecuencias.