Luego del debut de Tarucas en la nueva temporada del Súper Rugby Américas, en donde venció a Selknam por 41-13, Tomás Elizalde salió con un par de puntos de sutura en la frente tras un choque de cabezas. Aunque está acostumbrado a jugar con grandes espacios y sin tanto roce en los sevens, el fullback le restó importancia al golpe por un motivo: está decidido a repetir sus logros ahora en el rugby de XV.

Con tan solo 23 años, el surgido en Tigres Rugby Club posee un currículum envidiable. Fue parte de Los Pumitas y ya sabe lo que significa el rigor del rugby regional. Su debut en la primera división fue en un clásico de alta intensidad contra Gimnasia y Tiro, que terminó de forjar su carácter y su temple antes de pegar el salto al sistema de la UAR.

Luego pasó a Los Pumas 7s, coincidiendo con la etapa dorada del equipo en el Circuito Mundial. Logró el oro en Hong Kong y el bicampeonato de liga. Además, se dio el gusto de estar en los Juegos Olímpicos de París 2024, una experiencia que, pese al resultado final, definió como “la mejor de su vida profesional”

El sentido de pertenencia como motor

Tras cuatro años recorriendo el mundo, Elizalde sintió que era momento de volver. Después de un paso adaptativo por Newman en la URBA, el profesionalismo lo trajo de nuevo al Norte. Hoy, la franquicia del NOA cuenta con siete salteños, de los cuales cuatro nacieron en Tigres, una institución que para él representa mucho más que una camiseta.

“Nada es casualidad, son varios años de trabajo. El club viene creciendo un montón; hay mucho hambre de mejorar y eso es lo que termina dando todos los frutos”, explica orgulloso sobre el presente de los “Rojinegros”.

Jugar en Tucumán le permite esa cercanía con Salta que el carácter itinerante del seven le había quitado. Es más, siente una atmósfera similar a la que vivía en sus inicios en la entidad de la localidad de San Lorenzo. “Vinieron mis viejos, toda mi familia y muchos amigos. Ellos también estaban contentos de verme jugar”, confesó con emoción tras el partido contra los chilenos.

Esa vuelta a las raíces se refleja en la cotidianeidad: hoy Tomás vive en un mismo edificio junto a cuatro de sus comprovincianos.

Son cuatro surgidos de Tigres (a Elizalde se le suman José Calderoni, Pedro Coll y Franco Marini) y uno de Gimnasia y Tiro (Ignacio Marquieguez). Aunque cada uno tiene su departamento, la convivencia es total. Se reúnen a comer y a jugar a las cartas; como una especie de herramienta para combatir la soledad. “Lo hacemos para no aburrirnos”, confiesa sobre ese búnker salteño en el corazón del “Jardín de la República”.

La marcha extra de un fullback olímpico

Esa comodidad extradeportiva se traduce en confianza dentro del campo. Como fullback, Elizalde le aporta a Tarucas herramientas pulidas en el seven: una capacidad de duelo individual para eludir defensores en espacios mínimos y una resistencia aeróbica que le permite mantener una intensidad muy alta durante los 80 minutos.

Esta transición estratégica tiene un arquitecto que lo conoce de memoria: Álvaro Galindo. El head coach de la franquicia ya lo dirigió en las Academias de la UAR y también en juveniles, por lo que sabe exactamente qué botones tocar para que el salteño explote su polifuncionalidad. Bajo su mando, Tomás utiliza su visión de contraataque para transformar cada recepción en una situación de peligro.

El horizonte ahora marca a Peñarol, un rival que el jugador analiza con respeto tras ver su debut. “Son muy duros físicamente; tenemos que ser consistentes y precisos”, señala pensando en el choque ante los uruguayos. Con figuras como Matías Orlando a su lado y la mirada de Felipe Contepomi desde las tribunas del estadio de Lawn Tennis, el Súper Rugby Américas ha transformado a Tucumán en una vidriera de élite.

Para Elizalde, es el escenario perfecto para seguir demostrando que el radar de Los Pumas (donde su hermano menor Benjamín ya acumula cuatro partidos) sigue siendo su destino natural.