El ciclo de Hugo Colace en Atlético Tucumán llegó a su fin con estadísticas que terminaron siendo determinantes. Dirigió 10 partidos oficiales, sumó 8 puntos sobre 30 posibles, registró un 26,6% de efectividad y apenas un 20% de victorias. El equipo convirtió 10 goles y recibió 14. En un club condicionado por la tabla de promedios y por una seguidilla de temporadas irregulares, esos números resultaron insuficientes.
Su etapa tuvo dos fases claras. Asumió como interino en el Clausura 2025 y luego fue ratificado para el Apertura 2026. En el tramo inicial alternó un triunfo ante Godoy Cruz con derrotas frente a Independiente y Huracán. Ya con respaldo oficial, el arranque del nuevo torneo mostró dificultades para sostener resultados: empate con Central Córdoba, igualdad ante Platense, caída frente a Newell’s y derrota como local ante Sarmiento.
El punto más alto de su gestión llegó el 15 de febrero, cuando Atlético goleó 4-0 a Estudiantes de Río Cuarto en el José Fierro. Fue la mayor diferencia a favor del equipo en más de un año y pareció marcar un quiebre. Durante esa semana se habló de “click”, de funcionamiento consolidado y de identidad en construcción. Sin embargo, el envión se diluyó rápido: derrotas consecutivas ante Instituto (2-1) y Belgrano (3-1), ambas en Córdoba, terminaron acelerando la decisión dirigencial.
Colace no es un perfil habitual del medio local. Formado en Inglaterra y con Licencia UEFA Pro, supo manifestar públicamente su aspiración de dirigir en la Premier League. Intentó trasladar a Tucumán una metodología con rasgos más europeos: estructuras tácticas rígidas, salida elaborada desde el fondo y énfasis en la ocupación racional de espacios. Pero el contexto argentino redujo el margen de experimentación.
El clima institucional también incidió. La conducción encabezada por Mario Leito ya venía bajo cuestionamientos tras la salida de Lucas Pusineri. La ratificación de Colace fue una apuesta fuerte por un proyecto joven y conceptual. Sin embargo, la falta de resultados transformó esa apuesta en un fusible de rápida combustión. La impaciencia de los hinchas ante los malos resultados y la necesidad de alejarse de la zona roja terminaron inclinando la balanza hacia un cambio de rumbo.
El propio Colace dejó entrever la fragilidad del ciclo tras la derrota ante Belgrano. "Me hago responsable", declaró en conferencia, admitiendo errores tácticos y fallas en pelotas paradas. Esa autocrítica pública fue leída por muchos como el cierre anticipado de su etapa.
La goleada ilusionó, la idea existió y la apuesta fue clara. Pero en el fútbol argentino, donde la urgencia manda, el margen para sostener procesos es mínimo. Los números terminaron imponiéndose sobre el proyecto.