El Último Primer Día (UPD), el festejo que realizan los estudiantes de sexto año de la secundaria antes de comenzar su último ciclo lectivo, ya no se vive solo en la madrugada previa al inicio de clases. También se juega en las pantallas. Para muchos adolescentes, no alcanza con celebrar: es fundamental filmarse, sacar fotos, hacer vivos o reels y compartir cada instante en redes sociales.

Esa exposición constante es otra de las preocupaciones que manifiestan docentes y especialistas, sobre todo cuando los videos muestran situaciones de consumo de alcohol o exponen públicamente el nombre de los colegios y escuelas.

“Tuvimos serios problemas el año pasado por la viralización de imágenes de chicos alcoholizados con la remera donde se ve el nombre del colegio. Por ese motivo, este año solicitamos a los padres firmar un acta acuerdo en la cual se comprometen a que sus hijos no repetirán esas imágenes. Además, se les aconsejó conversar con los menores para que ellos tomen conciencia sobre los riesgos que esta práctica conlleva”, comentó Melina, preceptora de un colegio de Yerba Buena.

El profesor de ética, Andrés Ale, referente de Nuevo Espacio Docente (NED), también se mostró preocupado por la forma en que se exponen los adolescentes durante el UPD. “Hemos tenido charlas con los chicos tratando de explicarse la repercusión que pueden tener las imágenes, las cuales pueden causar daños colaterales y consecuencias graves para ellos”, advirtió,

Falta reflexión

El secretario de Políticas Integrales sobre Adicciones, el psicólogo Lucas Haurigot Posse, advierte que la filmación y la viralización de videos está presente muy en estos festejos y, en realidad, en todas las actividades que realiza un adolescente. “Desde un deporte hasta una reunión familiar. Hoy es su forma de comunicarse, de mostrarse y de promocionarse”, explica.

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El problema no es la tecnología en sí, sino la falta de reflexión sobre sus consecuencias, señala. “Es importante instalar en los chicos la reflexión sobre qué se muestra y qué no se muestra en redes sociales”, señala Haurigot Posse. Muchas veces, lo que parece gracioso en el momento puede terminar afectando la intimidad de alguien o exponiendo conductas que luego generen señalamiento social.

“Un video de un compañero en estado de ebriedad puede circular más allá del grupo inicial, llegar a desconocidos y permanecer en internet durante años. En algunos casos, incluso puede afectar oportunidades futuras”, sostuvo.

Límites, protocolos y posturas frente a los excesos en el UPD

“Es importante que entiendan el alcance de la viralización. Algunas publicaciones pueden parecer divertidas, pero otras pueden dañar”, insiste el funcionario. En ese mismo punto coincidió Ale. “Hay casos de personas que quedaron muy expuestas, y después hemos visto incluso hasta intentos de suicidio”, advierte.

Alcohol y diversión

La otra gran inquietud que despierta el UPD es el consumo de alcohol en menores de edad. El Ministerio de Educación de la provincia ya aclaró que serán muy estrictos y no dejarán entrar a la escuela a los chicos que lleguen alcoholizados el primer día de clases.

También desde la asociación que nuclea a colegios religiosos pusieron reglas claras: “las condiciones para ingresar al establecimiento estarán claramente explicitadas. Los jóvenes que se presenten bajo los efectos del alcohol no podrán entrar al colegio”, sostuvo el delegado episcopal de Educación, Daniel Nacusse.

“Cuidar a los chicos es una responsabilidad compartida. Si celebran, que lo hagan con sentido, acompañados y sin poner en riesgo su salud”, dijo.

Nacusse remarcó la importancia de ordenar y acompañar las celebraciones juveniles para que no pierdan su sentido original. El foco, aseguró, debe estar puesto en la unidad del grupo y no en los excesos.

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“Es importante discernir si realmente es algo que ayuda a los chicos, si sirve para fortalecer al curso, para consolidar la unidad. Pero eso no puede pasar por el alcohol ni por la privación del sueño”, sostuvo. En ese sentido, planteó que lo ideal sería que cualquier encuentro previo al inicio de clases debería realizarse en una casa y con presencia de adultos responsables.

Nacusse explicó que, antes del comienzo del ciclo lectivo, se propone una reunión previa con las familias y los estudiantes para establecer reglas en común. “Es como cuando los padres acompañaron el ingreso al jardín: invitamos a que vengan juntos al colegio, que participen del acto, del inicio con bandera y oración, y que puedan compartir también un momento en el aula”, señaló.

La intención es que el comienzo del último año no sea un hecho aislado, sino parte de un proceso compartido entre escuela y familia. Por eso, desde los equipos de orientación y consejería se trabaja con los alumnos sobre qué esperan del año, cuáles son sus metas y cómo quieren transitar esta etapa final. “Queremos poner todo en el marco de un proceso en conjunto, no de un evento descontrolado que después deja consecuencias”, remarcó.

Anticipación

Haurigot Posse hace hincapié en el rol del adulto ante situaciones de riesgo. La clave, según dice, es la anticipación: conversar antes del evento sobre los peligros del consumo y sobre la exposición en redes permite establecer acuerdos claros.

“También es fundamental saber cómo actuar si algo se desborda. Ante un cuadro de intoxicación alcohólica o una situación de riesgo, el adulto responsable debe intervenir de inmediato, contactar servicios de emergencia si es necesario y priorizar la salud del adolescente por encima de cualquier otra consideración”, apuntó el secretario.

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El psicólogo recordó que el consumo de alcohol está permitido recién a partir de los 18 años. Antes de esa edad, el cerebro y el sistema nervioso central están en desarrollo, y el alcohol produce efectos negativos a nivel médico, psicológico y emocional, precisó.

“Lo ideal sería que no haya ninguna bebida alcohólica en estos festejos. Pero si aparece o algún chico la llevó, el adulto debe intervenir para evitar excesos”, sostuvo. “Hoy la ecuación alcohol igual diversión está muy instalada. Nosotros trabajamos para romper esa idea. Se puede disfrutar, pasarla bien, sanamente, sin excesos”, concluyó.