“Paulina me dejó en el departamento y no sé más nada, no sé más nada”. Los ruegos de Alberto Lebbos y el pedido expreso del juez Patricio Prado no fueron suficientes. Virginia Mercado se cerró en su silencio y dijo no recordar nada del caso. Aseguró que el paso del tiempo borró de su memoria todas las circunstancias que rodearon aquel episodio de la madrugada del 26 de febrero de 2006 cuando ella y Paulina Lebbos tomaron un remise en avenida Alem al 200. Fueron los últimos momentos en los que a la estudiante de Comunicación Social se la vio con vida. Su cuerpo apareció dos semanas después a la vera de la ruta 341, en Raco y desde entonces, a pesar de que pasaron 20 años, aún no se sabe quién la mató, ni porque. Lo único que fue probado hasta aquí es que se montó una inmensa maniobra de encubrimiento, llevada adelante por las principales cabezas del Seguridad de ese momento y por sectores de la Justicia, que dio sus frutos ya que el o los nombres de los asesinos siguen en la nebulosa.
Mercado, una de las mejores amigas de Paulina, compañera suya en la faculta, había sido imputada del delito de encubrimiento agravado. La fiscalía de Daniel Marranzino y los defensores Elías Abi Cheble y Eduardo López Garcete llegaron a un acuerdo para que se le imponga una pena de tres años de prisión de ejecución condicional ya que ella admitió las maniobras para enmascarar la verdad. El 12 de febrero se llevó adelante la audiencia y luego de escuchar a todas las partes el juez decidió tomarse unos días antes de decidir si homologaba el convenio o no. Hoy, el camarista llamó a una nueva audiencia. Mercado estuvo presente vía zoom desde su casa en Agüaray, en Salta, a raíz de un delicado estado de salud. Y Prado fue directo con ella. Le pidió que, antes de tomar una decisión, le explicara de qué manera había encubierto el crimen, qué fue lo que había hecho, qué recordaba, siempre aclarándole que, como imputada, estaba en su derecho de no declarar e, incluso, de no decir la verdad. Pero Mercado se mantuvo firme en su postura. “No recuerdo. Pasó tanto tiempo que pasó, su señoría. Tanto tiempo que pasó y todo el dolor que me causó y que me causa. Yo me enfermé. Yo estoy segura que yo me enfermé, que mi cáncer se debe a todo este sufrimiento, su señoría. A mí me encantaría poder recordar, pero ya no puedo recordar. Pasó mucho tiempo, no puedo recordar otras circunstancias. Quiero agradecerle por permitirme expresar esto que tenía acá atorado tanto tiempo porque me provoca mucho dolor”, dijo. Sus defensores, en ese momento, intervinieron, y aseguraron que Mercado “es una persona que necesita terminar un proceso y más allá de lo que ella piensa. siente o crea, su verdad es que esas contradicciones para las fiscalías constituyen delitos tal vez para la defensa no. Pero ella necesita terminar este proceso porque no lo puede atravesar más, no lo puede atravesar de ninguna manera y por eso es lo que estamos acá pero no recuerda circunstancias que son fundamentales y determinantes justamente para que se pueda llevar a cabo este juicio abreviado con una condena efectiva como bien lo dijo usted bien”.
Prado, luego le dio la palabra a Alberto Lebbos, que estaba presente en la audiencia, y fue entonces cuando se vivió el momento más tenso. El padre de la joven estudiante se sentó frente al micrófono y rogó: “yo le quiero pedir a Virginia, en nombre de lo que ella ha dicho, de la amistad que la unía con mi querida Paulina, mi amada hijita, que diga la verdad. Si ella tanto la quería y eran tan amigas, ¿cómo se puede olvidar estos acontecimientos tan impactantes? Que diga la verdad”. “Esta señora no ha pedido disculpas. En mi casa también nos enfermamos, también se me murió hace un año y medio mi hijita Marisa de un cáncer por estas situaciones porque las familias sufren terriblemente porque queda una bomba atómica por estas circunstancias de esta estructura de encubrimiento. Yo le pido por favor a Virginia si está amenazada que diga, que dé una explicación, no puede decir que no se acuerda. ¿Cómo no se va a acordar de un hecho tan impactante? ¿No se acordaba al año siguiente o a los dos años o a los tres años?”, se preguntó. Y luego se dirigió directamente a la imputada: “Virginia, Paulina te quería, te ayudaba, te apoyaba Te ayudaba en los estudios. Hace memoria y decí la verdad y no tengas miedo. No tengas miedo, decí la verdad. No puede ser que los asesinos de Paulina, los encubridores, los testigos falsos, los abusadores de autoridad, los incumplidores de deberes de funcionarios públicos sigan caminando libremente entre nosotros. Vas a reivindicarte, Virginia. Por favor, te lo ruego por la memoria de Paulina, por tu amiga. Sabemos cómo te quería. Por favor, decí la verdad. Decí la verdad”. Pero sus palabras no lograron conmover a Mercado. “Primero quiero decir que desde que conocí a don Alberto por esta terrible circunstancia fue muy bueno conmigo, muy bueno. Yo me encariñé muchísimo con él, siempre lo respeté, siempre lo admiré por todo lo que hizo, lo que hace. Yo todo lo que pude haber sabido de Paulina lo declaré su señoría. Yo no sé más. Ella me dejó en el departamento y siguió viajé y no sé más, no sé más. No sé quién lo hizo. Por eso digo todo lo que yo pude haber sabido lo declaré, nada más”.
Ante esto, el juez Prado dio por concluida la audiencia para poder resolver en los próximos días. ¿Qué puede pasar ahora? Hay dos posibilidades: que se homologue el convenio entre la fiscalía y la defensa, y Mercado sea condenada a tres años de prisión de ejecución condicional, o que se rechace. Si se da esta circunstancia, el expediente deberá pasar a otro tribunal que deberá decidir si se hace un nuevo abreviado, o si se abre la instancia de un juicio oral donde la pena puede ser aún mayor. Y hay un detalle que no pasa desapercibido entre las partes: el 9 de marzo comienza el juicio contra César Soto, ex pareja de Paulina y padre de su hija, acusado por homicidio, y contra Sergio Kaleñuk, imputado por encubrimiento. Mercado debe declarar como testigo en ese juicio y podría ser acusada nuevamente por falso testimonio o encubrimiento si el fiscal Carlos Sale no queda satisfecho con sus dichos. Mientras tanto, pasan los años y la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién mató a Paulina?