En el norte salteño, donde la ruta nacional 34 se estira como una columna vertebral de asfalto rodeada de monte, la logística del narcotráfico suele disfrazarse de cotidianeidad. Lo que para un viajero desprevenido era simplemente una gomería de paso a la vera del camino, cerca del Monumento al general Martín Miguel de Güemes en General Mosconi, resultó ser en realidad el búnker de "enfriamiento" de una organización que movía fortunas en divisa extranjera.

Este 11 de febrero, el juez federal de Revisión Alejandro Augusto Castellanos elevó a juicio oral la causa contra seis hombres señalados como los engranajes de una "empresa narcocriminal" que intentó poner en circulación 425 kilos de cocaína, valuados en más de 6.3 millones de dólares.

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El logo de la velocidad y el sello del delfín

La caída de la banda comenzó a gestarse a partir de un informe del Escuadrón 52 de Gendarmería Nacional que puso bajo la lupa a Néstor González. Los investigadores descubrieron que el grupo no solo tenía aceitados los cruces hacia Bolivia para negociar cargamentos, sino que contaba con una flota de vehículos —camiones Ford Cargo, camionetas Hilux y Amarok— para blindar sus movimientos. Los denunciantes anónimos fueron precisos al señalar que la Estancia “Don Pedro”, en Salvador Mazza, era el escenario donde se planificaban las maniobras.

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El 16 de mayo de 2025, el operativo de vigilancia detectó la maniobra clave cuando González y Rubén Galván salieron en una camioneta Amarok oficiando de “coche puntero”. Al mismo tiempo, un camión Ford Cargo conducido por José Ávalos emprendió la marcha desde Aguaray para encontrarse con ellos a la altura del paraje Piquirenda. En un movimiento típico de manual narco, intercambiaron conductores cerca de la Unidad Carcelaria N°5 de Tartagal antes de enfilar hacia el predio de la gomería en Mosconi, donde permanecieron apenas quince minutos antes de continuar su camino.

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Cuando los gendarmes finalmente interceptaron el camión en el kilómetro 1466 de la ruta 34, el perro antinarcóticos no falló. Tras una estructura de doble fondo sujeta por apenas unos tornillos, y luego en el allanamiento a la gomería realizado al día siguiente, apareció el tesoro ilegal oculto dentro de siete cubiertas de camión. Se trataba de 400 paquetes amarillos que sumaban un peso total de 425,975 kilogramos de cocaína. Los ladrillos llevaban impreso el logo de la escudería Ferrari y un relieve con la figura de un delfín, marcas de una mercancía que la Aduana Pocitos valuó en más de 6,3 millones de dólares.

El botín y los prófugos

La fiscal Lucía Orsetti desmenuzó la estructura de lo que calificó como "una empresa narcocriminal organizada". Eduardo Tizón, dueño de la gomería, fue señalado por ocuparse del acopio y enfriamiento, mientras que José Ruiz, el sereno del lugar, era el encargado de custodiar la droga hasta su traslado. Marcos Martínez, por su parte, fue vinculado al acopio tras ser apresado meses después con otro cargamento masivo en Senda Hachada. González, Galván y Ávalos completaban el brazo logístico encargado del traslado.

El caso no se limitó al tráfico, ya que los agentes hallaron un arsenal que incluía un revólver calibre 44 debajo del asiento del camión, además de escopetas y carabinas en la finca “Don Pedro”. Por estos hechos, el juez federal de Revisión Alejandro Augusto Castellanos declaró admisible la acusación y elevó la causa a juicio oral el pasado 11 de febrero. Los seis hombres enfrentan ahora la posibilidad de recibir penas de entre 16 y 18 años de prisión por un cargamento que, según la fiscalía, era suficiente para producir casi 2,8 millones de dosis. Mientras tanto, la justicia sigue tras los pasos de dos líderes prófugos que supervisaban la operación desde la frontera boliviana.