¿Que 20 años no es nada? Las nieves del tiempo van tiñendo las sienes, pero Alberto Lebbos marcha con la fuerza del primer día en busca de justicia por su hija Paulina, víctima de homicidio, un caso emblemático que muestra el funcionamiento de nuestra provincia. “Lamentablemente, la impunidad sigue recorriendo los cimientos de las instituciones de Tucumán”, dijo él en la manifestación que tuvo lugar en la plaza Independencia el jueves pasado, y así se tituló en nuestra edición del viernes.
Lebbos cargó contra el poder político -renegó de que el gobernador Osvaldo Jaldo haya dicho que el caso de Érika Antonella Álvarez no va a ser como el de Paulina, triste comparación- y contra la Justicia, y especial contra el ministro público fiscal, Edmundo Jiménez. La justicia, a pesar de haber logrado nueve condenas en tres juicios realizados mayormente por encubrimiento o maniobras para enlodar el caso, aún sigue sin hallar a quien la mató y sin desentrañar la causa del megaencubrimiento que se mantiene igual que hace dos décadas. Lo que se ha descubierto con esos tres juicios es que se hicieron maniobras, que hubo inoperancia y mala intención y que la Policía estaba sucia con esto de los pies a la cabeza.
Discusiones y hechos de 2006
Veinte años. En los días de febrero de 2006 se discutía en Tucumán sobre una ola de violencia juvenil -dos décadas después, el país acaba de bajar la edad imputabilidad de menores, sin que en todo este tiempo que se haya establecido realmente si es significativa la incidencia de estos en la violencia. En aquel entonces, y ahora, los jueces de menores han dicho que la incidencia es ínfima. Pero asociar a un menor con delincuencia siempre es un lugar común que ahora tiene impacto en la ley.
También se discutía sobre las tareas de la Policía y de la Justicia. La socióloga Lucía Cid decía que “la gente no cree que la Policía prevenga el delito” y mostraba con encuestas la fuerte desconfianza en las instituciones. También se hablaba de la elección de constituyentes, de que el 80% de los alumnos de alta montaña eran analfabetos, del sumario al ex juez federal Héctor Terán por los pagos de títulos públicos con el default, de la ley antitabaco y de que la capacidad de la cárcel de mujeres estaba desbordada.
Ese año vino el ingeniero Juan Carlos Blumberg a dar su apoyo a Lebbos en una marcha que congregó a 2.000 personas. Blumberg, padre de Áxel, el joven asesinado en Buenos Aires en 2004, logró que se endurezcan las leyes contra el delito y en esa visita pidió que la Corte designara fiscales auxiliares para investigar el crimen de Paulina. Dijo que “hay encubrimiento en la cúpula policial” y contó que Córdoba había profesionalizado la fuerza de seguridad y había establecido el juicio por jurados. El gobernador de entonces, José Alperovich, mantuvo durante cinco años más a los jefes de la Policía, Hugo Sánchez y Nicolás Barrera, quienes serían después condenados por encubrimiento.
Un año después del homicidio, un sondeo entre la gente revelaba que nadie creía que fuese a resolverse el crimen de Paulina. Se discutían casos que marcarían en este siglo a la provincia, como el de Marita Verón (que sigue sin resolución pese a que hubo unas condenas) y el de Betty Argañaraz (no fue hallado el cuerpo, pese a que fueron condenadas dos personas). La hermana de Betty acompañó a Lebbos en la marcha del jueves. Una de las consecuencias de las marchas por Paulina, además de que evitaron que se escondiera el caso, ha sido visibilizar los hechos impunes en la provincia, que han sumado más de 100.
Un año después se habían cambiado algunas cosas. Se había dictado la ley de las 4 AM y se había creado el Sutrappa para “registrar” a todos los conductores de taxis y remises. Sin embargo, durante los ocho años siguientes los jóvenes y adolescentes salieron en medio de la noche a fiestas ilegales o after, lo que obligó a gigantescas movilizaciones de fin de semana de la Policía. ¿Significó algo el cambio? En todo caso, devino en la decadencia de la movida en la zona del Abasto, donde había estado Paulina en esa noche de 2006.
Escaso impacto
Pero un cambio sustancial que tuvo la sociedad del país y de gran parte del mundo no ha tenido casi impacto en Tucumán. Es la visibilización del trato a la mujer. Ha partir de 2015 el movimiento #me too ha comenzado a modificar el paradigma machista en busca de la igualdad y el respeto. Pero Tucumán no tiene mucho que decir. Los niveles de violencia de género son elevadísimos y el año pasado, sin bien los homicidios en general han disminuido en la cifra global, hubo 11 asesinatos de mujeres. Hay visibilización y hay denuncias, pero la violencia no cesa. Las instituciones han sido reticentes a la capacitación con la Ley Micaela -cuyos resultados nunca se conocieron- y así se han sucedido terribles situaciones que están en la superficie de la piel social, como fue la tragedia de Paola Tacacho.
Lebbos nunca bajó los brazos y siempre ha expresado su esperanza de que se sepa la verdad, que los responsables hablen. Y con cada juicio se ha avanzado un poquito más, aunque la telaraña es tan enredada que hubo que sacar con tirabuzón cada cosa y el sistema se niega a cambiar del todo, sino que sólo se maquilla. Para que el ex fiscal Carlos Albaca entregara la causa parada durante siete años se le exigió que permitiera que Bernardo Lobo Bugeau examinara el expediente. Lo hizo en una incómoda oficina sin luz y a partir de eso se confirmó que había habido maniobras desde la justicia. Para que se avanzara en la investigación a la cúpula policial hubo que poner al fiscal Diego López Ávila en una pesquisa especial, que abrió un tanto el velo. Paro tras la condena a la cúpula policial en 2019 se pidió que se investigara a 42 personas más y todo volvió a caer en la oscuridad.
Ahora se han hecho pequeños juicios abreviados como el de Virginia Mercado, acusada de mentir y de encubrir, que pasan casi en secreto sin que se avance hacia el esclarecimiento del crimen. Se va a enjuiciar a César Soto, ex pareja de Paulina, al que Lebbos ya señalaba hace 20 años como responsable del asesinato; y a Sergio Kaleñuk, por presunto encubrimiento. ¿Por qué no se hizo esto en 2006? ¿O en 2019? Silencio. La Justicia, que presume de haberse modernizado con el cambio del Código Procesal Penal, la apertura hacia el sistema oral y la especialización de las áreas de investigación (las fiscalías) sigue sumida en la oscuridad de sus procedimientos y cuando quiere demora sine die las causas.
Paulina se ha trasformado en un símbolo de la vulnerabilidad de la mujer en esta sociedad. La gente sabe quién es ella; en Tapia el lugar donde se halló el cuerpo entra en el plano de lo sagrado y la empatía con Lebbos es incuestionable. ¿Alcanza con eso para romper los cimientos de la impunidad?
Acaso en estos días en que los gobernantes describen cómo están la sociedad y sus instituciones -seguramente han de mencionar que se ha reducido la violencia delictiva en estos últimos años- y propongan sus planes de acción para este período, ha de haber posibilidad de analizar cómo nos encontramos. Pero hay aspectos en los que nada ha cambiado. En 2016 “Lulú”, la hermana de Paulina, describió así la situación: “A nosotros el tiempo se nos detuvo, sigo en esa noche en que ella no volvió”. En varias instituciones también se detuvo el tiempo.