El chascarrillo del propio gobernador, Osvaldo Jaldo, sobre la banda de gobierno que se le corría y amagaba con deslizarse, funcionó como una metáfora involuntaria de su presente político. "Es difícil conseguir esto, pero más difícil es mantenerla", disparó con una sonrisa. La escena fue reveladora: mostró a un mandatario que maneja los tiempos y el humor del recinto, pero que también dejó expuesta la fragilidad de un equilibrio que hoy depende más de la gestión del "no hay plata" que de las grandes promesas.
Con ese permiso que se dio, el gobernador exhibió una calma estratégica. Sabe que logró domar el plano electoral el año pasado y que pacificó el frente interno (pese a las escaramuzas que persisten bajo la superficie). Sostiene, por ahora, ese funambulismo entre ser "dialoguista" con la Casa Rosada y "protector" de los recursos tucumanos, mientras la administración provincial camina con el rigor del equilibrio fiscal en áreas sensibles como seguridad y salud.
Jaldo celebró el récord aéreo: "El país y el mundo han puesto sus ojos en nuestra provincia"Sin embargo, ese "difícil mantenerla" se sintió más real en el contenido de su discurso de una hora y 37 minutos. Jaldo no formuló anuncios de impacto. Se limitó a una rendición de cuentas sobre lo ejecutado y a ratificar que las obras iniciadas el año pasado verán su fin este ciclo. No hubo lugar para la grandilocuencia. Como se preveía, el mensaje fue el de un Gobierno que entra en fase de resistencia: consolidar lo que hay y cuidar lo propio.
En ese repliegue apareció la política pura. Con sutileza, pero con firmeza, Jaldo marcó la cancha a la administración de Javier Milei. Subrayó que la Nación sigue obsesionada con la macroeconomía, pero puntualizó que ese éxito de planilla "no logra volcarse a la microeconomía". El diagnóstico fue crudo: la gente no llega a fin de mes, el consumo se desploma y los recursos provinciales flaquean. Para que no queden dudas de la tensión, puso sobre la mesa la deuda millonaria del PAMI con la provincia.
Jaldo, sobre la reforma electoral: "Dejemos de demonizar el sistema provincial"En un mensaje cifrado para la liturgia peronista, el gobernador demostró que no tolera los grises. El "gracias" público con nombre y apellido para Gladys Medina, Javier Noguera, Elia Fernández, Beatriz Ávila y Sandra Mendoza por su apoyo en el Congreso fue una frontera trazada con tiza: de un lado los leales, del otro, el silencio. Al buen entendedor...
Reivindicó su perfil dialoguista por encima de los apodos o las críticas de la ortodoxia. Una de cal y una de arena para mantener el control del tablero.
Pero lo más sustancioso ocurrió en el "barro" político-electoral del final. Con pericia calculada, Jaldo usó el laboratorio de Alberdi para dar una lección de realismo. Recordó que, pese al estreno de la Boleta Única de Papel y el fin de las PASO a nivel nacional, su espacio -Tucumán Primero- obtuvo casi el mismo resultado con ambos sistemas: un 47% con las reglas nacionales y un 46,9% con el "vapuleado" sistema local.
Con esa comparación, el gobernador parece haber enviado al freezer cualquier urgencia de reforma electoral. "Si hay decisión de cambiarlo, lo cambiemos. Pero no pongamos adjetivos que no corresponden. No subestimemos al electorado", sentenció. La traducción política es clara: si el oficialismo gana bajo cualquier regla, el sistema actual deja de ser un problema urgente para convertirse en una herramienta de poder que Jaldo no parece dispuesto a entregar por simple cortesía democrática. Le mojó la oreja a la oposición y, de paso, durmió el debate para cuando el calendario apriete.