El aire en la Ciudad Judicial de Salta no era el mismo este lunes. No se sentía la frialdad técnica de los expedientes ni el murmullo monótono de los pasillos tribunalicios. Había una tensión eléctrica, un desorden organizado que marcaba un antes y un después: el debut del Juicio por Jurados en la provincia, bajo la Ley 8478. Por primera vez, el destino de un hombre no estaría en manos de un escritorio, sino en la conciencia de sus pares.

El blindaje de la identidad

Desde las primeras horas, el movimiento fue atípico. Un dispositivo de seguridad especial custodió el arribo de más de 60 ciudadanos que, sorteados entre un padrón de diez mil, acudieron al llamado de la carga pública. Durante poco más de una hora, la fiscalía y la defensa realizaron la voir dire —la audiencia de selección— buscando descartar prejuicios.

Finalmente, quedaron ellos: dieciséis ciudadanos (ocho hombres y ocho mujeres). Doce titulares y cuatro suplentes. Personas sin formación jurídica, despojadas de códigos penales pero armadas con sentido común. El resguardo fue absoluto; un biombo separaba sus rostros de las cámaras de la prensa, protegiendo su anonimato frente a posibles presiones.

A las 11:20, la sala de audiencias, especialmente acondicionada, abrió sus puertas. El escenario estaba listo: 16 sillas a un costado, el estrado del juez Guillermo Pereyra al frente, y en el banquillo de los acusados, Víctor Manuel Márquez, un joven misionero de 22 años que parecía querer hundirse en su propia silla.

El pacto de las pruebas: un cordón y un bloque de cemento

Tras el juramento de rigor y las instrucciones del juez, se leyeron los puntos de acuerdo entre las partes. No hay misterio sobre la materialidad: Dalma Salomé Bataches murió el 17 de septiembre de 2024. Su cuerpo fue hallado al día siguiente bajo el puente del barrio Santa Lucía de la capital salteña, con un cordón rodeándole el cuello y un bloque de cemento a su lado.

Las pruebas científicas son demoledoras: el ADN de Márquez quedó impregnado tanto en el cordón como en el bloque. Las cámaras de seguridad los mostraron entrando juntos al refugio de la marginalidad; minutos después, solo él salió de entre las sombras.

Dos relatos, una misma tragedia

La fiscal María Luján Sodero Calvet rompió el hielo con una estrategia audaz. Se alejó del estrado, se despojó de tecnicismos y caminó a lo ancho de la sala, buscando la mirada de cada jurado. No leyó un informe; contó un cuento de terror real.

"Dalma no está, Dalma fue asesinada. Les voy a contar la historia de un brutal crimen", sentenció con un tono que magnetizó a la audiencia.

Mientras Sodero describía la asfixia y los golpes, Márquez evitaba mirar al jurado. Mantenía los dedos entrelazados, balanceándose levemente, con la mirada perdida en un punto muerto de la sala.

Cuando llegó el turno de la defensa, la abogada Karina Peralta no buscó la inocencia fáctica, sino la comprensión humana. "No vengo a mentirles ni a negar los hechos", disparó de entrada, cambiando el eje del debate hacia la vulnerabilidad.

La defensa pintó un cuadro de "carencia afectiva" y abandono. Relató que Márquez, abandonado a los 5 años, llegó a Salta a los 16 persiguiendo un amor de redes sociales que terminó en fracaso. Describió una espiral de adicción a la pasta base y marginalidad donde tanto víctima como victimario eran, según su óptica, desechos de un Estado ausente.

El dolor de los padres y el "vía crucis" burocrático

Tras el cuarto intermedio, el clima en la sala se volvió espeso. El jurado escuchó el testimonio de la madre de Dalma, quien con la voz quebrada recordó a su hija como "la alegría de la casa". Sin embargo, el relato pronto se tornó oscuro. La mujer describió un quiebre en Dalma tras entregar a su hija a la familia del padre y, especialmente, tras el fin de una relación con un "hombre grande" que oficiaba de su consejero espiritual.

"Toqué muchas puertas y nadie me abrió", sentenció la madre ante el jurado.

Relató un "vía crucis" por comisarías, juzgados y hospitales buscando una internación que nunca llegaba. La ironía del destino fue cruel: la notificación de que finalmente la internarían llegó el 18 de septiembre de 2024, apenas unas horas antes de que encontraran su cadáver. Fue la misma madre quien, tras ver las noticias sobre un crimen en el barrio Santa Cecilia, acudió al lugar y reconoció a su hija por un tatuaje que Dalma se había hecho a los 17 años en su honor.

El padre de la joven reforzó esta imagen de desesperación. Contó que intentó todo para sacarla de la calle, incluso alquilándole habitaciones que ella terminaba incendiando debido a su estado. El testimonio de la prima y confidente aportó un dato clave que capturó la atención de los doce titulares al revelar que el detonante de su caída definitiva fue una relación con un hombre de cincuenta años que oficiaba de obispo en una iglesia evangélica a la que Dalma asistía.

El horror en imágenes y el peso de la evidencia

Hacia el final de la tarde, el juicio alcanzó su punto más crudo con la declaración de la primera oficial en arribar a la escena y del perito del CIF. El juez Pereyra advirtió a los presentes sobre la sensibilidad de las imágenes que se proyectarían. Mientras el licenciado en criminalística explicaba los hallazgos técnicos sobre el cordón y el bloque de cemento que presentaban ADN de Márquez, el monitor mostraba la crudeza del hallazgo bajo el puente viejo del barrio Santa Lucía.

En ese instante, el contraste en la sala fue total. El imputado mantuvo la cabeza baja en todo momento, negándose a mirar la pantalla, mientras que desde el rincón de la familia de la víctima los sollozos rompieron el silencio técnico de la pericia. Los doce ciudadanos titulares permanecieron inmóviles, procesando el peso de las evidencias.

El veredicto del sentido común

El juicio durará tres días. Al final del camino, estos 16 salteños deberán decidir, por unanimidad, si Márquez es culpable de femicidio. Si hay una sola duda razonable, el sistema obliga a absolver o, en caso de falta de acuerdo, a declarar el juicio estancado.

Si el jurado pronuncia la palabra "culpable", Márquez enfrentará la prisión perpetua. Sin embargo, la responsabilidad de fijar el monto de la pena seguirá siendo del juez Pereyra.

Hoy, Salta dejó de ser solo tierra de jueces y abogados para convertirse en una provincia donde el vecino decide la justicia. Bajo el puente de Santa Lucía quedó la sangre de Dalma; en la Ciudad Judicial, queda ahora la pesada tarea de reparar, con la verdad, lo que el abandono social rompió hace tiempo.