“Hay gente que viaja a Tafí del Valle por sus paisajes, por su clima y por su tranquilidad. A mí lo que más me gusta es su queso”, dice entre risas Tomás Romero, un estudiante de 25 años que cada verano arma las valijas rumbo al valle. Fue por primera vez a los cinco años, llevado por sus padres, y desde entonces no faltó a la cita estival. “Hoy las vacaciones familiares son descanso con amigos, pero hay algo de una tradición que no cambié. Tiene que haber una noche sí o sí de picada de quesos y vino, en donde sea que alquilemos”, cuenta.
Ese ritual íntimo y repetido es, en realidad, parte de una historia colectiva que hoy busca dar un paso decisivo. El queso de Tafí del Valle está en pleno proceso para obtener la Indicación Geográfica (IG), una figura que permitiría reconocer oficialmente el vínculo entre el producto, su territorio y los saberes tradicionales que lo sostienen desde hace siglos. No se trata sólo de una etiqueta, sino de una herramienta de protección, identidad y proyección económica.
En las últimas semanas comenzaron relevamientos técnicos y estudios impulsados desde el sector productivo y organismos competentes. El proceso aún no está cerrado -“se están dando los primeros pasos”, aclaran los productores-, pero el movimiento ya genera expectativas en la comunidad quesera.
Para Sebastián Murga, propietario de Tambo La Sofía, la iniciativa representa “un avance muy grande y un reconocimiento a los productores y a la historia del queso de Tafí del Valle”.
“Es un gran reconocimiento a la trayectoria que tiene la zona como productora de queso, de un queso artesanal que no se come en ningún otro lugar del mundo”, sostuvo.
Además subrayó que, más allá del resguardo legal, la Indicación Geográfica abre una oportunidad estratégica: “Sin duda va a proteger mucho, pero lo más importante es todo el potencial que hay detrás. Esto da la posibilidad de que la gente de otras provincias o incluso de otros países pueda, el día de mañana, comer un queso con las mismas recetas de hace cientos de años”.
Identidad y mercado
La Indicación Geográfica reconoce productos cuya calidad o reputación están directamente vinculadas a su lugar de origen. En el caso del queso tafinisto, el clima de altura, los pastos naturales, las prácticas de ordeñe y maduración y el saber transmitido de generación en generación forman parte de ese ADN productivo imposible de replicar en otro territorio.
Diego y Argelia llegan cada verano con sus quesos de SimocaMurga considera que el proceso también implica un compromiso mayor hacia adentro. “Creo que esto nos obliga y nos compromete mucho más en la elaboración del queso de la zona. En nuestro caso, como empresa familiar, lo vivimos con entusiasmo por los pasos que se están dando, pero también con una gran responsabilidad. Nos compromete a trabajar cada vez con más pasión”, dice.
Tambo La Sofía es uno de los emprendimientos más recientes del valle. “Somos relativamente nuevos. Hemos aprendido mucho, pero nos falta mucho por seguir aprendiendo. Los quesos tienen eso: siempre se pueden mejorar”, reflexionó el productor. Y concluyó con una mirada hacia adelante.
“Estamos poniendo todo el empeño para conservar las características del queso que ya es conocido a nivel nacional y que tiene que ser conocido a nivel mundial. Es un queso que tiene todo el potencial”, remarca.
Un legado
La historia del queso en Tafí del Valle se remonta al período colonial, cuando las primeras técnicas europeas se adaptaron a las condiciones del valle. Con el tiempo, esa práctica artesanal se convirtió en sustento económico para numerosas familias y en emblema gastronómico de la región.
Una de las mayores lácteas del mundo vende los quesos La Paulina y el resto de su negocio en ArgentinaEsa dimensión cultural encuentra su máxima expresión cada verano en la Fiesta Nacional del Queso, uno de los encuentros más convocantes de la temporada. Allí, el producto deja de ser sólo alimento para convertirse en celebración con concursos de calidad, degustaciones, elección de representantes, espectáculos folklóricos y la tradicional entrega del “Queso de Oro” forman parte de una agenda que combina turismo, identidad y economía regional.
La fiesta no sólo impulsa ventas y visibilidad. También reafirma el lugar simbólico del queso en la vida del valle. Es el punto donde productores y visitantes se encuentran; donde el sabor se vuelve relato.
Mucho más que un gesto
Para Tomás, todo eso se resume en algo más simple, pero igual de potente, como lo es la memoria afectiva. “Cuando corto un pedazo de queso de Tafí siento que estoy de vacaciones, aunque esté en San Miguel de Tucumán o en cualquier otro lado”, dice. Esa conexión emocional es, en definitiva, lo que la Indicación Geográfica busca proteger. Esa marca intenta que cuando alguien compre un queso con el nombre de Tafí del Valle, sepa que detrás hay territorio, tradición y familias que sostienen una práctica centenaria.
Quesos de Tafí: el detalle de las técnicas ancestrales y las claves de los sabores exquisitosEn un contexto en el cual los productos regionales compiten en góndolas cada vez más amplias y globalizadas, el valle apuesta a blindar su sabor más emblemático. No sólo para que siga siendo parte de la picada de los veranos, sino para que su identidad quede escrita (y protegida) en cada horma.