Héctor Guillermo Núñez —Grillo— nació en Salta en julio de 1978. Profesor de Lengua y Literatura, tallerista y promotor de lectura, hace años que trabaja con las palabras como quien explora un territorio: probando sus límites, escuchando sus ecos y compartiéndolas con otros lectores. Si alguna vez empezó a cantar sin pensar en el apodo que lo acompañaría después, con el tiempo descubrió que también podía habitar otro tipo de música: la de la escritura.
De esa búsqueda nace Laberinto, su primer libro de poemas, un proyecto concebido desde el inicio como un recorrido donde los textos dialogan entre sí y el lector es invitado a perderse. En estos poemas conviven el extravío emocional, las preguntas existenciales y el juego con el lenguaje, en un mapa íntimo donde, como él mismo dice, a veces uno sabe dónde está y aun así se siente perdido. En esta entrevista, Núñez habla sobre el origen del libro, las lecturas que lo acompañaron, el lugar de la experiencia personal en la poesía y la necesidad —quizás inevitable— de seguir perdiéndose en la literatura.
¿En qué momento apareció la idea de Laberinto como libro y no solo como un conjunto de poemas sueltos?
Laberinto se inició como un libro. Es decir, empecé a escribir los poemas sabiendo que tenían que tener cierta lógica y cierto diálogo entre ellos. También es cierto que el proyecto original, es decir lo que me imaginé en un principio tenía otra forma…en mi cabeza había imaginado ilustraciones, otra disposición de las páginas…quería invitar a los lectores a perderse conmigo.
El título remite a perderse. ¿Qué tipo de laberinto atraviesa este libro: emocional, existencial, lingüístico, o todos a la vez?
Me gusta creer que el libro transmite cómo me sentía en el momento en que lo escribí. Es decir, una mezcla entre saber dónde estás pero aun así, sabés que estás perdido. No sabés para dónde ir ni cómo volver. Tampoco sabés si querés ir o volver.
Obviamente eso se conjuga con lo sentimental, que sí, efectivamente estaba perdido en ese momento.
También está el laberinto existencial sin el cual, creo, no se puede vivir, al menos yo.
Con respecto a lo lingüístico, me lo tomé más como un juego.
¿Recordás el primer poema que sentiste que realmente pertenecía a este libro? ¿Qué tenía de distinto?
El laberinto será útero
Cuerpo y sangre
Trabajo
Música y baile
Será grito y mordaza
Un límite infranqueable
Una piedra en el zapato.
No estoy seguro que tenga algo de “distinto” pero siento que ese es el laberinto del que habla el libro.
Muchos poetas dicen que el primer libro es casi una autobiografía secreta. ¿Cuánto de tu propia vida se filtra en estos poemas?
Definitivamente todo o al menos muchísimo. Me parece casi imposible escribir dejando afuera la propia vida.
¿Cómo fue el proceso de selección? ¿Quedaron muchos poemas afuera del “laberinto”?
Estoy seguro que todos los que pretendemos escribir hemos borrado más de lo que mostramos o dejamos. Así que sí. Fueron varios los poemas que quedaron afuera…sin contar aquellos que podrían haber quedado pero fueron escritos en papeles cualquiera y dejados por ahí.
También tuve algunos lectores y lectoras modelo que me ayudaron, sin decir “ese no va” a tomar decisiones.
¿Qué poetas o lecturas estuvieron cerca mientras escribías este libro?
Antes que nada, me considero un lector. Es algo que realmente disfruto mucho. Sin embargo, también como lector soy desordenado. Recuerdo estar releyendo a Gelman, al amigo Varas Moras, entre los poetas. De la narrativa, Zambra, Bazterrica, entre los que recuerdo.
En tu caso, ¿la poesía aparece primero como imagen, como ritmo o como una idea?
Por lo general es una idea que se instala en mi cabeza y se resiste a irse. Después va mutando en el proceso de escritura, tachado y reescritura.
Publicar el primer libro suele ser también salir del ámbito íntimo de la escritura. ¿Te cambió algo saber que ahora habrá lectores?
Me genera mucha ansiedad. En este momento me gustaría tener el poder de meterme en la cabeza de quien tenga el libro en la mano sólo para ver y escuchar. Si me lo permiten prometo no interrumpir.
Si tuvieras que elegir un poema del libro como puerta de entrada para un lector que no te conoce, ¿cuál sería y por qué?
Del libro podría ser este, porque…no estoy seguro, pero me parece una invitación. Tal vez tenga otros que no están en este libro que funcionarían mejor o no.
Deberíamos hacer propio el laberinto
Grafitear las paredes
Llenarlas de poesía
De versos libres
De palabras que se enreden
Que nos lleven a ningún lugar
Que no mientan
que nos mientan
Deberíamos gritarles a las paredes
Con tinta
Con pintura
con carbón
con lápiz de labios
con barro
con miel
deberíamos tallar en los muros nuestros deseos
nuestros amores
el nombre de nuestros muertos
el símbolo de nuestra desgracia
Después de atravesar este Laberinto, ¿sentís que encontraste una salida o que la poesía consiste justamente en seguir perdiéndose?
No encontré la salida y tal vez por eso quedó el libro.
Me quedo pensando en la segunda parte de la pregunta… si uno no se va a perder ¿para qué leer o escribir? Lo más lindo que tiene la literatura en todas sus formas es su falta de certezas, ese dejarnos a la intemperie y si llueve, mejor.
Qué lectura hacés del campo literario salteño.
Creo que tenemos muy buenos escritores en Salta. Te incluyo. Sin embargo, hay poco espacio para que los escritores y escritoras se den a conocer. También es cierto que hay ideas y proyectos que buscan subsanar esa falencia, hablo del proyecto “Escritores en la escuela”, los concursos literarios que todos los años hay, programas de radio, bares, ahora vi que hay un club de lectura sobre escritores salteños, etc. Pero es necesario que los libros lleguen a los lectores o potenciales lectores, que los libros que se publiquen aquí o afuera, como es mi caso, sean conocidos y, por qué no, reconocidos.
Cinco autores de poesía que te marcaron
Siempre cuento la misma anécdota:
Cuando aún era un adolescente, nos juntábamos con un amigo a tomar mates y fundamentalmente a escuchar música. Por aquellos años descubrimos un casete que tenía el disco “Piazzolla x Piazzolla”. Mi amigo, uno de esos días había ido a la biblioteca de su colegio y no lo atendieron, pero, sobre el escritorio, estaba “Espantapájaros y veinte poemas para leer en un tranvía”. Ese día, mientras escuchábamos a Piazzola nos pusimos a leer a Girondo, autor del libro que mencioné, cuando de golpe, una de las dos únicas canciones que tenían letra estaba en el libro. Como si fuera poco, al tiempo descubrí la película “El lado oscuro del corazón” que trata ni más ni menos que de Girondo.
Hay otros poetas. Me gusta mucho Gelman, Szymborska (tuve que buscar el nombre porque es imposible), Guillen, Orozco…podría seguir, pero la consigna dice cinco…