No hace falta analizarlo demasiado para notarlo. Lucas Videla juega con la soltura y la desfachatez de quien todavía se divierte en la plaza. Zurdo, si engancha hacia adentro es un peligro. Y si desborda por la derecha, es capaz de resolver con una rabona. El extremo de 20 años llegó a la Reserva de Atlético Tucumán hace apenas unos meses, directo desde las prestigiosas inferiores de Vélez Sarsfield, y no está tardando nada en dejar su huella. El punto más alto de su corta carrera ocurrió el último miércoles: golazo al segundo palo a colocar en la victoria 2-1 ante Racing en el Monumental. Pero lo bueno se hace esperar. Y a Videla le sobra paciencia.
“El partido con Racing sabíamos que era muy difícil porque ellos venían invictos. En el entretiempo Ramiro (González) nos dijo que el primer tiempo que habíamos hecho era de lo mejor del torneo y salimos a darlo vuelta. Fue mi primer gol en la categoría y se me pasaron muchas cosas por la cabeza: mi familia y el esfuerzo de haber quedado libre en Vélez para venir acá. Estoy muy contento porque nos dejó ahí arriba, punteros”, cuenta una de las figuras de un equipo que celebró la punta de forma eufórica en 25 de Mayo y Chile.
De Las Catitas a la pensión del "Fortín"
Pero el propio Videla lo aclara: “Se me pasaron muchas cosas por la cabeza”. Y claro, como sucede a menudo en la vida de tantos juveniles, Lucas dejó su hogar apenas a los 12 años para intentar cumplir su sueño de ser futbolista. Oriundo de Las Catitas, un pequeño pueblo del distrito de Santa Rosa (Mendoza) de apenas 2500 habitantes, probó suerte en una prueba que Vélez organizó cerca de su ciudad.
Superó varias instancias hasta llegar a Buenos Aires, donde finalmente quedó y comenzó a vivir en la pensión del club. “En ese momento era muy chico y no sabía bien lo que significaba irse; pensaba que era un viaje más. Mis viejos me preguntaron qué pensaba y les dije que sí de cabeza. Recién cuando fui creciendo empecé a tomar dimensión de lo que había hecho”, recuerda.
Pasó cinco años en la pensión del “Fortín”, desde novena división hasta Reserva. “Te tratan de diez, la comida es muy buena y los chicos somos todos del interior buscando el mismo sueño de llegar a Primera. Hay mucho nivel. Queda demostrado ahora en Vélez, que tiene muchísimos jugadores de inferiores con una cantidad importante de minutos”, describe.
Su llegada a Atlético se dio a partir de un proceso de scouting del club. “Me venían siguiendo el año pasado porque sabían que, si no firmaba contrato en Vélez, quedaba libre. Se comunicaron con mi representante y no lo pensé mucho. Estoy acostumbrado a estar lejos de mi casa, así que en diciembre ya estaba decidido a venir”, relata.
Un extremo "picante"
Ya entrenando con el equipo, González le encontró un rol particular. El DT entendió que Videla podía rendir mejor como extremo por derecha a pierna cambiada, más que como enganche o extremo a perfil natural. “Se me hace más fácil porque tengo los dos perfiles para salir. Por izquierda sentía que iba siempre para mi zurda y me encerraba un poco. Por derecha tengo más libertad para ir para afuera o para adentro y me siento mucho más cómodo”, explica.
Hasta ahora, el cambio de posición está dando resultados: Videla es una de las grandes figuras de la Reserva, que ya ganó tres de cuatro partidos y se mantiene invicta y puntera en su zona. "Miro mucho a Dylan Aquino, de Lanús, porque tiene un buen uno contra uno y es muy rápido. Y de afuera trato de mirar a Garnacho (Alejandro) o a Saka (Bukayo)”, cuenta sobre su modelo a seguir.
A pesar del sueño de llegar a Primera, Lucas mantiene los pies sobre la tierra. “Manejo la expectativa con mucha tranquilidad. Sé que primero lo tengo que hacer bien acá en Reserva para estar preparado cuando me toque. La llegada de Falcioni (Julio César) es algo muy lindo para nosotros: es un técnico con muchísima experiencia y sabe mucho”, valora.
¿Dónde se imagina a fin de año? La respuesta sale rápida: “Me gustaría estar debutando en la Primera de Atlético”, cierra, con la sonrisa pícara de quien sabe que lo mejor aún está por venir.