La taruca no es un animal doméstico. Está en peligro de extinción, pero cada tanto aparece alguna por Tucumán para mostrar sus cualidades. La Caldera del Parque fue el último lugar donde se la vio: veloz, explosiva y con una fuerza inesperada en sus patas. Esta, además, tenía algo distinto. Un manto naranja cubría su piel, un color que empieza a hacerse costumbre en el Súper Rugby Américas. En ese avistaje, las tarucas se encontraron con unos Dogos que intentaban arrebatarle su territorio. El choque fue duro, áspero y cambiante. Pero el desenlace terminó siendo claro: victoria para el representante de la fauna tucumana (29-26).

Es verdad: sufrió demasiadas mordidas y, por momentos, parecía que el ímpetu canino sobrepasaba la destreza de las tarucas. El entrenador cordobés Diego Ghiglione tiene experiencia tratando a las bestias blancas: a sus equipos les imprime intensidad y fortaleza física; un conjunto que sabe morder en los momentos justos y que suele hacer la diferencia dentro de las formaciones fijas. Los resultados de la franquicia cordobesa no son casualidad: desde 2023 son protagonistas del Súper Rugby Américas y ocupan un lugar habitual en las definiciones del torneo. Y esa impronta fue la que intentaron imponer en Tucumán desde el arranque del partido.

Ghiglione y sus caninos le tendieron una trampa al inicio: planificaron una emboscada. Las tarucas estaban desconcertadas. El inicio pesaba. Las estadísticas lo marcaban: dos penales en cuatro minutos. Dogos buscó el tanto desde el line y el maul, igual que había sucedido en el último enfrentamiento entre estas dos fieras. Pero, esta vez, las tarucas habían mostrado una madurez para salir airosas de esas situaciones y sobrellevarlas. Los cordobeses no estaban conformes. Sabían que podían lastimar y, tras una seguidilla de embates rápidos, llegó la primera mordida por parte de Nicolás Viola. Julián Hernández, asimismo, mostraba su precisión frente a los postes y dejaba su primera huella en la Caldera del Parque.

Las tarucas no se rendían. No mostraban movimientos bruscos ni iban al golpe por golpe. Optaban por la serenidad. Había que sumar en cada ocasión para recortar la distancia. Y eso no importaba si venía a través de un try o de un penal. Ignacio Cerrutti lo entendió bien: cada penal en posición favorable lo aprovechó para sumar de a tres. Y esa fortaleza de piernas, característica del ciervo andino, fue la clave para mantenerse en partido durante todo el primer tiempo. Cerrutti, formado en Cardenales, anotó cuatro penales y mantuvo al equipo de Álvaro Galindo dentro del duelo. Dogos, en tanto, había logrado morder una vez más a través de Viola. Así, el duelo se fue al descanso con ventaja para los caninos cordobeses (19-12).

Tras el descanso, la lucha continuó y las tarucas sacaron a relucir su fortaleza de piernas. Primero fue Tomás Elizalde, quien metió un pique espectacular para marcar un try tras un kick de Cerrutti. Pese a las dudas sobre si la pelota había sido apoyada a tiempo, el árbitro decidió convalidar el tanto. Y Tarucas volvía a poner el partido en tablas. Una vez más, demostraba por qué se ganó el apodo de la “Fuerza del Norte”.

La lucha continuó. Dogos lanzaba mordidas violentas; Tarucas utilizaba sus astas para defenderse y lograba asestar uno que otro golpe directo. El combate entre ambas jaurías se desarrollaba en el centro del campo y el avance de metros era escaso, casi nulo. Las fieras tucumanas, sin embargo, comenzaron a ganar terreno de a poco y, tras varios minutos de insistencia, obtuvieron un scrum a metros del ingoal. Allí, Tarucas sacó a relucir la potencia de su pack y, por primera vez, logró pasar al frente a través de un try-penal (26-19).

El duelo, por fin, estaba a favor de las bestias tucumanas. Habían luchado de manera exhaustiva y habían obtenido su premio después de muchos intentos y de varios errores. Pero Dogos no daba el brazo a torcer y aún tenía fuerza en sus mandíbulas para seguir atacando. Una victoria lo hubiese posicionado como el “rey de la fauna argentina”, al menos hasta esta tercera fecha, después del triunfo de Pampas sobre Capibaras en Buenos Aires (25-20). Ese detalle también motivaba a Tarucas: en caso de ganar, quedaría como líder e invicto tras tres partidos.

Enzo Ocampo logró anotar un try para Dogos y el cierre quedó abierto para cualquiera. Quien cometiera menos errores y tuviera mayor precisión se quedaría con el triunfo. Tarucas consiguió entonces un penal cerca de media cancha. Cerrutti pidió palos y lanzó un remate preciso. Estaba claro que no iban a dar ninguna pelota por perdida en su territorio y que no cederían hasta llevarse el triunfo.

Durante largos minutos, los Dogos insistieron con furia, empujaron con sus mandíbulas abiertas y estuvieron a centímetros de arrebatarle el territorio. Pero las tarucas resistieron. Se plantaron firmes en la Caldera del Parque, defendieron cada metro como si fuera propio y terminaron celebrando. Porque aquella especie que algunos creen en peligro de extinción volvió a aparecer en Tucumán. Y, una vez más, demostró que en su hábitat natural sigue siendo una de las más difíciles de cazar.