Vestida de gris, con una sonrisa y flores de papel en su mano Jhoana Aramayo dice: “Yo pasé por cuatro intentos de suicidio y es eso lo que me motiva a dar este mensaje hoy”. Su voz irrumpe con una sinceridad que desarma cualquier conversación superficial sobre el Día de la Mujer. Está de pie en la plaza Independencia, sosteniendo también un puñado de folletos. A su alrededor, otros voluntarios que también hablan sobre salud mental, sonríen y reparten globos a las mujeres, niñas y niños que caminan por el paseo céntrico. El gesto es simple, pero detrás de cada sonrisa hay historias de dolor y de recuperación.

El testimonio de Jhoana forma parte de la actividad que integrantes del Proyecto Help realizaron el domingo por la tarde, en el marco del 8 de marzo. Mientras la ciudad se prepara para la tradicional marcha prevista para hoy, este grupo eligió otra forma de conmemorar la fecha. Dejar la comodidad de su hogar, para repartir palabras de aliento.

“Pasé por depresión, tuve muchos complejos sobre mí. Hasta que encontré un lugar que me ayudó a mirar la vida distinto”, cuenta. Hoy, dice, su decisión es transformar esa experiencia en acompañamiento para otras mujeres. “A todas las que no ven la salida, quiero decirles que no es así. Que busquen ayuda, que se animen a pedirla , porque no están solas”, pronuncia.

A MANO. Los pequeños detalles que se repartieron eran artesanales.

“Somos una ONG que lucha contra la depresión, los abusos y los traumas que muchas veces atraviesan las mujeres”, explica Mara Quispe, referente de la organización. Según cuenta, el grupo está formado por alrededor de 50 voluntarios y voluntarias que atravesaron situaciones similares, como ataques de pánico, traumas de la infancia, episodios de depresión o experiencias de abuso.

“Cada uno de nosotros pasó por momentos muy difíciles, y hoy estamos ayudando a los demás”, resume.

El objetivo de la intervención de ayer fue que cada mujer que pasara por la plaza recibiera un pequeño presente y un mensaje de valor personal. “Queremos que sepan que cada una de ellas tiene un valor. Muchas veces afuera eso no se nota”, remarca Quispe.

“Se habla mucho de empoderamiento, pero también queremos llevar la conciencia de que, cualquiera sea la situación que estén pasando, siempre hay una luz al final del camino”, menciona.

Un gesto

La iniciativa adquiere mayor dimensión si se observa el contexto global de la salud mental femenina. Datos de la Organización Panamericana de la Salud y de la Organización Mundial de la Salud muestran que los trastornos mentales afectan de manera particular a las mujeres.

Las estadísticas indican que la depresión es hasta una vez y media más frecuente en mujeres que en hombres, y que ellas presentan también mayores tasas de ansiedad. Además, entre el 10% y el 40% de las mujeres en países en desarrollo sufre depresión durante el embarazo o el puerperio, una etapa especialmente vulnerable.

SONRISAS. Con alegría, las tucumanas agradecieron la gentileza.

Al mismo tiempo, factores sociales como la sobrecarga de tareas domésticas y de cuidado -responsabilidades que recaen mayoritariamente sobre ellas- aumentan los niveles de estrés y desgaste emocional.

Y especialistas advierten que la salud mental femenina es, en muchos casos, un problema silencioso.

“No están solas”

Entre los voluntarios que recorren la plaza, Jhoana insiste en el mensaje que la moviliza a participar. “Queremos que cada mujer sepa que tiene valor”, indica. “Muchas veces van a pasar por luchas o pruebas, pero jamás van a estar solas”.

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En sus manos, los folletos que entregan muestran ilustraciones sencillas. Piezas de rompecabezas que representan el corazón, la mente, el cuerpo y el espíritu, o árboles que cambian con las estaciones como símbolo de los ciclos de la vida. En ella se lee: “No te juzgo, te ayudo”.

El gesto puede parecer mínimo frente a la magnitud de los problemas que enfrentan muchas mujeres. Pero para quienes lo impulsan, la clave está justamente en eso: en recordar, incluso en medio de una plaza llena de gente, que una palabra de escucha puede marcar la diferencia.

“Que se animen a pedir ayuda”- repite Jhoana antes de caminar entre los bancos y senderos del paseo- “porque no están solas”.