Cuando Lourdes Casanova hace la invitación, da la sensación que no tiene conciencia del convite que hace. “Los espero. Voy a darles el empujoncito que necesitan para apalabrar sus mundos”, describe en su Instagram (@laluliescritosyletras) sobre el desayuno literario del 14 de marzo. La licenciada en Comunicación Social será la anfitriona en Fungi Plantas y Café del “IV Taller Intensivo de Escritura Creativa Contar (te)”. “La Luli”, como es más conocida, no es justa consigo misma al usar el diminutivo. La misión que se propone con la experiencia es un empujón, con mayúsculas. Da la posibilidad de sentirse escritor porque el alumno que asista podrá buscar eso y lo conseguirá. Con Casanova, el camino es más fácil.
No hay temores para los principiantes, principal público al que están destinadas las consignas disparadoras. Los que repiten la experiencia, prácticamente no tienen un registro de cobardía en reconocerse generadores de literatura. Y los experimentados, aquellos que son propiamente escritores, se encontrarán con aire renovado de quien es un par que, tras tantos cursos dictados (también hay anuales) desarrolló una especie de radar del lenguaje que detecta lo que necesita quien se sume a esta experiencia intensiva. Esa atención prestada al extremo en cada taller le permitió saber a la profesional qué material compartirá.
Cómo será el taller
“Serán cuatro horas de escritura al palo. Se van a inspirar y agudizarán la pluma”, aseguró “La Luli”. En la selección de los fragmentos literarios es donde actúa el criterio profesional de la Licenciada. No al máximo, pero el radar ya está está funcionando en gran porcentaje. Al 100% de su capacidad, estará utilizándose esa mañana de sábado. “Les doy disparadores creativos para que ustedes generen sus textos”, detalla la dinámica del encuentro en la descripción de Instagram.
“Te prometo que aunque creas que no, los textos salen solos y en cada taller suceden cosas maravillosas que emocionan e interpelan”, sigue el posteo. La seguridad de la tallerista en garantizar lo maravilloso tiene sustento en su propia historia con la escritura literaria. “La Luli” sabe vencer miedos, entiende cómo atreverse a más. Por esas cosas de la vida, Casonova iba a ser arquitecta. Empezó en esa carrera que se cataloga como dura pero no terminó. Algo la hizo cambiar y por fortuna el mundo la tiene llenando hojas con párrafos que plasman sus habilidades de comunicación y transmitir.
No solo en “modo literario”, también en “modo institucional” porque forma parte del equipo de comunicación del Fundación Miguel Lillo. También comunicó en clave periodística. Hoy la decisión tiene más lógica que nunca, o mejor, más magia que nunca.
La dama junta las manos, mira al cielo, piensa en su mamá, su papá que están allá arriba y agradece no ser la arquitecta Casanova y sí “La Luli”, de los escritos y letras, porque de otra manera lo que le pasará el 14 de marzo no sucedería. La tallerista vuelve a su hogar porque el bar-vivero fue su casa hasta hace poco. Nació, creció, la pasó bien, se sintió mal también; en la avenida Sarmiento 422. “Me hace explotar el corazón cuando lo pienso. Los que compraron la casa son una pareja de hombres que no hicieron un edificio”, cuenta con un tono con mezcla de agradecimiento y gratitud. “Hicieron un bar hermosísimo”, describió en un video de su red social.
Gesticula, marca que se le pone la piel de gallina. No es para menos. ¿Cuántos pueden volver a su casa para hacer lo que aman? Ahí radica la diferencia en la versión cuatro del taller. La tallerista tendrá el espíritu elevado por la locación que, combinada con su habitual ímpetu, promete marcar un antes y un después en la modalidad intensiva de “La Luli”. “Nada puede salir mal”, anticipó. “Vamos a escribir un montón, nos vamos a emocionar, a dejar la literatura universal de lado. Anímense: como siempre digo, escribir no es solo para iluminados”, arengó Casanova.