La angustia se percibe apenas una cruza el umbral de la casa de Griselda Tapia, en el barrio 2 de Abril, a la altura de Jujuy al 4.000, en el sur de la capital. Tiene la mirada cansada y triste. Pasó la noche intentando sacar agua con un haragán y un balde, pero más de la mitad de su vivienda sigue inundada.
“El agua empezó a entrar de golpe, muy rápido. Traté de levantar del piso todo lo que pude”, cuenta la mujer, de 49 años. El mayor miedo lo sintió por su hijo de 17 años, que tiene una discapacidad y sufre epilepsia. “Levanté con bloques de ladrillo una de las camas y lo llevé ahí para que se calmara, mientras el agua seguía subiendo”, relata, todavía conmocionada.
El fondo de la casa también quedó bajo el agua. “Todo se mojó, la ropa, los muebles, algunos colchones”, enumera.
Griselda admite que cuando el cielo se puso negro, el martes por la tarde, tuvo un mal presentimiento. No es la primera vez que su casa se inunda. Ni las viviendas de sus vecinos.
La Madrid bajo el agua otra vez: crónica de una inundación anunciadaSegún cuentan, cuando salieron a la calle el agua les cubría todas las piernas. Era la hora en que los chicos salían de la escuela -que también estaba anegada- y la desesperación de los padres por buscarlos empezó a crecer minuto a minuto.
“No podía avanzar”
Soledad Herrera volvía de trabajar en su moto por la calle Jujuy cuando recibió una llamada que la paralizó. Su hija de 11 años estaba sola en la casa y el agua ya le llegaba a los tobillos.
“No podía avanzar porque la Jujuy era un río. Dejé tirada la moto en la casa de un hombre que se ofreció a guardarla y caminé 20 cuadras en medio de la tormenta, con el agua hasta la cintura en algunos lugares”, describe. Sus otras tres hijas estaban en la escuela y tampoco podían volver. “La mamá de una compañera ofreció llevarlas a su casa y acepté; todavía siguen ahí”, dice.
Mónica sabe lo que significa perder todo y empezar otra vez. Hace 10 años, otra tormenta arrasó con sus muebles, electrodomésticos, colchones y ropa. Ahora, mientras sigue sacando barro y agua de su vivienda, admite que apenas pueda buscará mudarse a otro lugar.
La misma escena
En muchas casas se repite la misma escena: ropa empapada, muebles apilados, electrodomésticos que tal vez no vuelvan a funcionar, colchones húmedos y la marcas de la altura que alcanzó el agua, como una señal muda de la tormenta que les amargó la semana.
La vida en el barrio 2 de Abril -y en otros vecindarios cercanos- intenta recomponerse después del temporal que golpeó con fuerza el martes. Algunos habitantes se trasladaron a casas de familiares, otros fueron evacuados por la Municipalidad capitalina. Pero la mayoría decidió quedarse y pasar la noche en vela, tratando de limpiar sus viviendas y proteger lo que les quedó.
Refuerzan la limpieza de canales y desagües de la Capital tras el temporalSegún explicó el director de Defensa Civil, Rubén Fernández, ese sector fue el más castigado de San Miguel de Tucumán. Ayer varias camionetas del organismo recorrieron la zona para realizar relevamientos y ayudar a algunos vecinos a sacar el agua de las viviendas con bombas. También, agentes sanitarios se acercaron a preguntar cómo estaban los afectados por la tormenta.
En el cercano barrio Esperanza prácticamente no hay casa a la que no haya entrado agua. Sobre la calle Ayacucho al 4.500, varios vecinos usaban grandes tachos para intentar retirar lo que dejó la lluvia dentro de sus hogares.
Walter González invita nos a pasar a su comedor. Sobre la mesa, pusieron varios colchones para evitar que se mojen. “Mi casa es un desastre. Estamos terminando de limpiar y ahora sacando el agua con una bomba. A dos de mis hijos los tuve que llevar con la abuela. No dormimos; nuestra situación es desesperante”, cuenta.
Temporal en Tucumán: refuerzan la atención sanitaria y trasladan a personas con enfermedades crónicasEn una pared de la vivienda señala la marca que dejó la inundación: casi un metro de agua. Muchas cosas quedaron inutilizadas. “Es la tercera vez que nos pasa”, dice con resignación.
A pocos metros de allí, la imagen es igual de desoladora. Walter Antonio Ibáñez intenta lo que parece imposible: sacar a baldazos los más de 40 centímetros de agua acumulada dentro y fuera de su casa. Junto a su esposa, Sara, se turnan para limpiar y tratar de devolver algo de normalidad a su familia. Saben que el trabajo les llevará al menos tres días, siempre y cuando no vuelva a llover, dicen angustiados ante un pronóstico que no resulta alentador. En el barrio, incluso la lluvia más leve ya genera temor.
“El problema de fondo es esta calle, que está más alta que las casas y que no tiene desagüe”, remarca Walter, que vive hace más de 20 años en el barrio. Es la quinta vez que se inunda. Y al igual que antes no tuvo más alternativa que limpiar, renegar, insultar al cielo y empezar otra vez.