Carlos Duguech
Analista internacional
La ONU nace en tiempos del final de la Segunda Guerra Mundial (IIGM) a partir de las resoluciones en la Conferencia de San Francisco (EE.UU.) celebrada entre el 25/4 y el 26/6 de 1945 en esa ciudad estadounidense. Nótese que la firma de la Carta se produce rendida ya Alemania (dos veces, el 7 y 9 de mayo de 1945). Y, además, que la Conferencia que le da origen se inicia a menos de dos semanas del fin de la guerra (en el continente europeo). Natural resulta imaginar aquel clima muy sensible que sobrevolaba entre los asambleístas ocupados en darle nacimiento a la idea de Naciones Unidas, esa organización internacional por excelencia. ¿Por qué el título de esta columna? Casi sumado, se dirá, tal vez, a las recurrentes -y ya en exceso- críticas de toda laya a la gestión o a la inoperancia de la ONU en asuntos que suponían su ineludible e inmediato involucramiento funcional. Y todo en cumplimento de los términos precisos y contundentes de la Carta, desde hace 81 años (31-8-1945). Pero la ONU, como si nada.
Plan de Trump
El conjunto de sus 20 puntos incursiona, meticulosamente, en cada aspecto del complejo escenario (más de 70.000 víctimas, muchísimos niños y sus madres y ruinas por doquier en Gaza, luego de la agresión llamada “defensa”: una respuesta extemporánea, en rigor, con inocultable tono de “venganza” (discurso de Netanyahu enfurecido por el bárbaro ataque de terroristas desde Gaza, el 7 de octubre de 2023).
El plan es aprobado nada menos que por el Consejo de Seguridad de la ONU con su Resolución 2803, impulsada por EE.UU., el 17/11/2025. Fueron 13 votos positivos y las abstenciones (sospechosas claudicaciones) de Rusia y China. Debieron vetar. Era un cachetazo a la Carta y una desvalorización del propio Consejo.
Así es cómo se potencia un alzamiento insólito desde una vereda de enfrente de la ONU. El artículo 43 de su Carta consagra desde hace 81 años: “Todos los Miembros de las Naciones Unidas, con el fin de contribuir al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, se comprometen a poner a disposición del Consejo de Seguridad, cuando este lo solicite, y de conformidad con un convenio especial o con convenios especiales, las fuerzas armadas, la ayuda y las facilidades, incluso el derecho de paso, que sean necesarias para el propósito de mantener la paz y la seguridad internacionales”.
Entonces, la ONU margina lo estatuido en la Carta (Capítulo VII) “Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamiento de la paz o actos de agresión”. Aquí debería prevalecer (pero la ONU concede transgrediendo lo normado, sin ningún pudor ni algún recato, sus propias facultades consagradas en la Carta. El artículo 42 no puede ser más contundente: “Si el Consejo de Seguridad estimare que las medidas de que trata el Artículo 41 pueden ser inadecuadas o han demostrado serlo, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas. (subrayado a propósito).
Una muy peligrosa claudicación de la ONU. Vale citar que en cumplimiento de su Carta -por la guerra en Corea (1950)- la ONU creó un comando unificado bajo las órdenes del general de EE.UU. Douglas MacArthur. No se buscó otros medios militares extraños a la ONU, como en este caso. Se valió de sus propias atribuciones consagradas den la Carta
Del punto 7 de la creación de Trump: “Autoriza a los Estados Miembros que colaboren con la Junta de Paz y a la Junta de Paz a que establezcan una Fuerza Internacional de Estabilización (FIS, sigla en inglés) de carácter temporal en Gaza, que se desplegará bajo un mando unificado aceptable para la Junta de Paz, con fuerzas aportadas por los Estados participantes, en estrecha consulta y cooperación con la República Árabe de Egipto y el Estado de Israel, y que utilizará todas las medidas necesarias para ejecutar su mandato de conformidad con el derecho internacional, incluido el derecho internacional humanitario”.
La guerra en Gaza no cesa y hay muertos todos los díasEsta vez, sí. Trump, elaboró un “plan integral” para poner fin a la invasión israelí en Gaza. De los 20 puntos que contiene el documento, el 9° habla de un “gobierno transitorio temporal de un comité palestino tecnócrata y apolítico de la gestión de lo cotidiano de los servicios públicos…”. Y agrega: “Con la supervisión de un nuevo organismo internacional (…y la ONU, ¿qué?) denominado “Junta por la Paz”, que estará encabezada y presidida (¿dos funciones, superpuestas?) por el presidente Donald Trump, con otros miembros y jefes de estado que se anunciarán”.
“La FIS: a) ayudará a la Junta de Paz a vigilar la aplicación del alto el fuego en Gaza y concertará los arreglos que sean necesarios para alcanzar los objetivos del S/RES/2803 (2025) 25-18686 3/6 Plan Integral; y b) operará bajo la orientación estratégica de la Junta de Paz …”.
El punto 15 –inaudito- consagra: “Estados Unidos colaborará con socios árabes e internacionales para crear una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF, por sus siglas en inglés).
¿”Guerra” en Gaza?
Comenzamos mal. No es “guerra” lo que inicia Israel en Gaza. Sólo los números de “bajas” mortales (que por primera vez reconoció el Ministerio de Exteriores israelí, recientemente) da cuenta de que no es una guerra sino una “matanza” o “genocidio”. Más de 721.667 gazatiés, con mayoría de mujeres y niños, sin contar los que están bajo los innumerables escombros. (Los habitantes de San Miguel de Tucumán, censo 2022, suman 590.342). Los integrantes de las FDI (Israel) muertos son ¡más de 2.039! Aritméticamente, las bajas de gazatíes a manos de soldados israelíes es de 354 veces más. ¿De qué “guerra” se habla, frente a estos escandalosos crímenes, brutal matanza?
Guerra del triángulo
Un lado: Washington-Teherán, 10.230 kilómetros; Otro lado: Washington-Tel Aviv: 9.521 km.; Teherán-Tel Aviv: 1.190km. Sin embargo lo que comenzó como una crimen de agresión (de los EE.UU. e Israel bombardeando Teherán, con la respuesta iraní se instaló lo que sí puede nombrarse guerra a dos bandas para la República Islámica de Irán. Muy desventajosa situación entre dos fuegos pese a lo cual –sorprendentemente- Irán se defiende atacando intereses de sus agresores. A Israel en directo y a EE.UU. en sus bases e instalaciones en países árabes aliados.
Venezuela pide ante la ONU la liberación de MaduroTrump olvida que él mismo fue quien desmoronó de un manotazo el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC o JCPOA) un colosal pacto histórico para poner freno concreto a las pretensiones sospechadas de que Irán estaba en camino de convertirse en potencia nuclear. Conviene tener presente quiénes son los firmantes del pacto: los cinco del Consejo de Seguridad, nada menos, EE.UU. Rusia, China, Francia, Reino Unido más Alemania. Irán lo firma porque, al hacerlo le levantan los embargos financieros de la ONU y de EE.UU. Un pacto histórico de una relevancia singularísima nunca realizado antes con ninguna otra nación. Reiteramos lo de columnas anteriores: a instancias insistentes de Netanyahu, Trump rompe el compromiso de EE.UU. y abandona el pacto de 2015, torpemente, en 2018.
Y hoy Trump se embarca en el plan israelí de destruir a Irán antes de que con una bomba nuclear (que no alcanzó todavía) supone que Irán destruiría Israel. Se puede afirmar, ahora mismo, que si Irán alcanzara el arma nuclear será pura y exclusivamente por la torpeza de un Trump (de los inicios del primer mandato) que quien sólo confía en su capacidad de hacer y deshacer. Típico temperamento de un supermillonario que anda buscando protagonismo internacional como sea. Aunque “para el vermut” se satisface con un Nobel de la Paz de segunda mano, que la venezolana Corina Machado, servilmente, le concedió regalándole la medalla de oro.