Cuba atravesó una nueva jornada crítica en la madrugada de este martes, cuando un terremoto de magnitud entre 5,8 y 6,0 coincidió con un apagón generalizado que afectó a la totalidad del país y profundizó la crisis energética que desde hace meses golpea a la isla.
El sismo fue registrado con una magnitud de 5,8 por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y de 6,0 por el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CENAIS) de Cuba. El epicentro se ubicó frente a la costa de Guantánamo y el movimiento fue especialmente perceptible en el oriente cubano.
Según el USGS, el temblor principal ocurrió a las 00.28 hora local, a 49 kilómetros al sur-suroeste de Punta de Maisí y a una profundidad de 11,6 kilómetros. El organismo también reportó un segundo sismo de magnitud 4,7 apenas 16 minutos después. En tanto, el CENAIS situó el epicentro a 37 kilómetros al sureste de Imías y a 20 kilómetros de profundidad, con efectos sentidos en Guantánamo y Santiago de Cuba. Por su parte, el Centro Sismológico Europeo del Mediterráneo (EMSC) informó registros de 5,8 y 4,1 en la misma zona.
En paralelo al movimiento telúrico, la isla sufrió una nueva “desconexión total” del sistema eléctrico nacional. Más de nueve millones de personas quedaron sin suministro de electricidad, telefonía e internet en todo el territorio.
El restablecimiento del servicio avanzaba de manera gradual y, durante las primeras horas del martes, gran parte del país continuaba sin luz.
Se trata del sexto apagón nacional en apenas un año y medio. La falla se originó en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN), cuyas causas seguían bajo investigación, según informó el Ministerio de Energía y Minas.
Horas después del colapso, la Unión Eléctrica (UNE) indicó que solo el 4,9% de los hogares de La Habana contaba con electricidad, lo que equivale a 42.372 clientes.
El director general de Electricidad del Ministerio, Lázaro Guerra, explicó en la televisión estatal que la recuperación del servicio se realiza “paso a paso”, mediante la creación de microsistemas destinados a restablecer la energía en áreas estratégicas, como hospitales o centros de producción de alimentos.
El funcionario precisó además que “no se reportaron afectaciones en las unidades generadoras que estaban en servicio en el momento del apagón” y que se encontraban “analizando todos los parámetros del sistema” para determinar el origen de la falla.
Para enfrentar la emergencia, se activaron sistemas alternativos de generación, como fuentes solares, hidroeléctricas y motores a diésel y fueloil, especialmente en provincias como Pinar del Río, La Habana, Matanzas, Villa Clara, Sancti Spíritus, Las Tunas, Granma y Holguín. Sin embargo, la escasez de combustibles, agravada por el bloqueo petrolero de Estados Unidos, limita la capacidad de respuesta.
La UNE advirtió que la reconexión depende del estado del sistema y de los recursos disponibles. En ese contexto, los cortes de energía alcanzan hasta 15 horas diarias en La Habana y superan las 48 horas en otras provincias, lo que dificulta el acceso a servicios esenciales y eleva la tensión social.
Desde mediados de 2024, Cuba atraviesa una profunda crisis energética. El sistema de generación presenta fallas recurrentes por el deterioro de las centrales termoeléctricas: actualmente, nueve de las 16 unidades están fuera de servicio por averías o mantenimiento.
La falta de divisas impide renovar la infraestructura y garantizar el abastecimiento de combustible, una situación agravada tras la imposición del bloqueo petrolero estadounidense en enero. La escasez de diésel y fueloil incluso obligó a detener por completo los motores de generación en los últimos tres meses.
Especialistas estiman que la modernización del sistema requeriría entre U$S 8.000 millones y U$S 10.000 millones, una inversión fuera del alcance de la economía cubana.
En este escenario, los continuos apagones afectan la actividad industrial y los servicios públicos en toda la isla. La situación derivó en recientes protestas en distintas ciudades, algunas con episodios de violencia y detenciones.
La persistencia de los cortes, el deterioro económico y el creciente malestar social mantienen a Cuba en una coyuntura cada vez más delicada.