La escena habla por sí sola: piedras apiladas, escombros, montañas de tierra, desniveles y maquinaria en movimiento. La avenida Solano Vera, una de las arterias más transitadas de Yerba Buena, atraviesa un proceso de transformación que ya empieza a cambiar la forma en que se circula por la zona.

A diario unos 9.500 vehículos pasan por la Solano Vera, que se extiende desde la avenida Aconquija hasta la ruta 338, en San Pablo. El tramo que conecta desde la Plaza Vieja hasta el Camino de Sirga -justo en el límite entre Yerba Buena y El Manantial- fue ensanchado para sumar una mano más por cada lado y descomprimir uno de los puntos más caóticos del tránsito. Esta obra, que comenzó a fines de octubre y ya debería estar terminada, sufrió algunas demoras como consecuencia de la gran cantidad de días de lluvia que tuvimos en el verano tucumano.

Aunque aún resta ampliar unos 250 metros, el impacto ya se percibe. Conductores habituales coinciden en que el tránsito comenzó a fluir con mayor normalidad, especialmente en sectores donde el ensanche está más avanzado.

Una obra necesaria

En total, la Municipalidad de Yerba Buena ha previsto el ensanche de la calzada en 2,60 metros de cada lado, lo que en la práctica suma casi un carril adicional por sentido en un tramo de aproximadamente 1.050 metros. El secretario de Planeamiento y Obras Públicas, Esteban Auad, detalló que la obra incluye cordón cuneta, entubamiento para el escurrimiento de aguas pluviales y mejoras en la iluminación. Además, se ejecuta por etapas, con media calzada habilitada, para evitar una interrupción total del tránsito.

Según las autoridades, ya se notan los beneficios de una mayor superficie de rodamiento: hay más seguridad, el sobrepaso es más ordenado y las motos y bicicletas dejan de circular por la banquina.

Actualmente, la obra entra en su etapa final. Restan unos 250 metros, incluyendo el sector del puente que conecta con el Camino de Sirga, donde también se prevé ensanchar la estructura, mejorar barandas y renovar el asfalto. A eso se sumaron tareas no previstas inicialmente, como el desplazamiento de cañerías de gas, detalló Auad.

Más allá de lo funcional, el cambio también es visual: el entorno urbano comenzó a modificarse y a ganar una estética más ordenada y moderna.

Antes de que se hiciera la obra, en ese sector había un solo carril por mano. En horas pico, los conductores libraban una especie de “batalla diaria” para avanzar unos metros, esquivar pozos o doblar sin colisionar. Los motociclistas y peatones debían moverse entre banquinas irregulares y espacios reducidos. El caos era cada vez mayor. La Solano Vera arteria ha sentido un gran impacto por el crecimiento desmedido de la ciudad hacia ese sector y de las localidades aledañas, donde la consolidación de nuevos barrios cerrados y countries a ambos lados de la traza multiplicó la cantidad de vecinos que utilizan esta arteria a diario.

Los puntos pendientes

A medida que el ensanche de la avenida avanza, también empiezan a emerger problemas que estaban latentes y nuevos desafíos que podrían condicionar el impacto real de la obra.

Uno de los temas más sensibles es el uso del espacio ganado. Vecinos y conductores advierten que, en varios sectores -especialmente donde hay comercios-, los nuevos metros asfaltados quedan ocupados por autos estacionados.

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“Hay tramos donde no se puede aprovechar la ampliación porque está lleno de vehículos”, señaló Carolina Estevez. La situación también preocupa a quienes circulan en moto o bicicleta. “En teoría íbamos a tener más seguridad, pero muchas veces el espacio ensanchado está ocupado”, explicó Julián Martínez.

El tema no es nuevo. Antes de que comenzaran las obras, la concejala Agustina Simón Padrós había consultado en redes sociales sobre la posibilidad de restringir el estacionamiento, lo que generó resistencia entre comerciantes, que temen una caída en las ventas si no se permite aparcar. Por ahora, desde el municipio aseguran que no hay una decisión tomada.

Veredas insuficientes

Otro problema que quedó expuesto es la falta -o precariedad- de veredas en varios tramos. En algunos sectores apenas cabe una persona; en otros, directamente no hay espacio para circular. Rosa López González lo vive a diario: “muchas veces hay que bajar a la calle para caminar, y ahora con más tránsito es peligroso”. Cuenta que su esposo, con movilidad reducida, directamente dejó de salir a hacer compras por la zona.

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A esto se suma el estado del suelo tras las lluvias: hay barro, pozos y montículos de tierra donde deberían estar las aceras.

Carlos Cardozo, vecino histórico de la zona, explicó que el problema tiene raíces antiguas. “Nunca hubo una traza formal como avenida. Era un camino vecinal, y por eso las casas quedaron a distintas distancias. Hoy eso genera las diferencias en la línea de frente y que haya sectores sin lugar para veredas”, detalló.

Un cruce crítico

El punto más conflictivo sigue siendo la intersección de la Solano Vera con el Camino de Sirga. En ese cruce conviven peatones, colectivos, bicicletas, camiones y autos, en un tránsito intenso y desordenado.

“Necesitamos un semáforo urgente. Hay momentos en que la situación es inmanejable, incluso cuando están los varitas que pone la Municipalidad”, afirmó Cristina Arismendi, que es empleada de un correo y trabaja en la zona repartiendo sobres y paquetes.

Rubén Díaz, empleado de una gomería cercana, coincidió: “hay mucha velocidad y muchas camionetas. Un semáforo es esencial”. También quienes trabajan ordenando el tránsito lo reconocen. Sebastián Moyano señaló que el horario más crítico es alrededor de las 7 de la mañana y consideró necesaria la semaforización.

Desde el área de Obras Públicas confirmaron que el tema está en análisis y que muy probablemente coloquen semáforos una vez que termine la obra de ampliación. Además, se invitará a los frentistas a que, una vez que esté todo listo, hagan sus veredas

Se abre otro debate

Entre los vecinos y comerciantes aparecen reclamos más amplios. Pablo Amaya, que tiene un lavadero de autos, planteó la necesidad de extender las mejoras más allá del límite actual.

“Es una pena que no se pueda continuar la ampliación hacia San Pablo. Falta coordinación entre municipios y comunas en algo que beneficiaría a todos”, sostuvo. Arismendi coincidió con él. También advirtieron que hay tramos cercanos en muy mal estado, algunos casi intransitables, que requieren intervenciones urgentes.

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Con esta nueva ampliación de la Solano Vera la avenida será ancha en sus 2,5 primeros kilómetros, que es el recorrido por Yerba Buena. Luego, continúa por las comunas de El Manantial y San Pablo, a lo largo de más de cuatro kilómetros en línea recta.

El desafío, según los vecinos, es acompañar el ensanche con decisiones que terminen de ordenar el tránsito, garanticen la seguridad de peatones y conductores y consoliden esta transformación que ya empezó en una avenida clave. No olvidemos que es el único corredor continuo que permite atravesar de norte a sur esta franja oeste del Gran Tucumán sin interrupciones.

El contexto: la explicación de una avenida cada vez más desbordada

El crecimiento urbano del oeste tucumano en los últimos años transformó la dinámica de Yerba Buena, El Manantial y San Pablo, con la avenida Solano Vera como eje central de una expansión que hoy pone al límite su capacidad.

La consolidación de nuevos barrios cerrados y countries a ambos lados de la Solano Vera incrementó de manera significativa la cantidad de vecinos que utilizan esta arteria a diario. A esto se suma la cercanía de colegios privados muy concurridos, lo que intensifica el tránsito en horarios clave, especialmente por la mañana y al mediodía.

El fenómeno no responde sólo al crecimiento residencial. La Solano Vera también concentra una intensa actividad comercial, con una gran variedad de negocios que generan movimiento constante: vehículos que se detienen, personas que realizan compras rápidas y vuelven a incorporarse al flujo, provocando demoras y cuellos de botella.

Por día, ingresan a la avenida Solano Vera alrededor de 9.500 vehículos

La situación se agrava por la falta de vías alternativas, lo que obliga a concentrar gran parte del tránsito en esta avenida. Además, el crecimiento de urbanizaciones en El Manantial y San Pablo -cuyos habitantes desarrollan gran parte de su vida en Yerba Buena- suma un flujo diario adicional.

En paralelo, el auge de la construcción aporta otro componente al congestionamiento. Camiones de carga, camionetas y motos utilizadas por obreros se suman al tránsito habitual, generando una circulación heterogénea en la que conviven vehículos pesados, transporte público y autos particulares. Los números de un estudio reciente reflejan con claridad la magnitud del fenómeno. Según datos relevados por una cámara ubicada en la Solano Vera y Camino de Sirga, en el transcurso de un mes ingresan 282.629 vehículos y egresan 260.889. Esto implica que, diariamente, entre 8.700 y 9.500 rodados utilizan este corredor.