En un movimiento táctico sin precedentes, Estados Unidos decidió flexibilizar las sanciones sobre 140 millones de barriles de petróleo iraní. La medida, anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, busca mitigar el impacto del cierre del estrecho de Ormuz y estabilizar una cadena de suministro al borde del quiebre.

Un alcance quirúrgico

La autorización no es un cheque en blanco para Teherán. Se trata de una licencia excepcional -vigente del 20 de marzo al 19 de abril- que se limita exclusivamente al crudo que ya se encuentra cargado en buques varados en el mar. "Utilizaremos el petróleo iraní contra Teherán para mantener el precio bajo mientras continuamos con la Operación Furia Épica", remarcó Bessent.

Además, el funcionario norteamericano resaltó que Irán tendrá severas dificultades para acceder a las divisas generadas.

El factor China y la crisis global

La Casa Blanca busca neutralizar la ventaja de Beijing, que actualmente acapara crudo iraní a "precios irrisorios" aprovechando las sanciones. Con esta inyección de oferta, sumada a otras medidas, Washington espera introducir un total de 440 millones de barriles al circuito internacional.

Sin embargo, el panorama sigue siendo crítico. Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), advirtió al *Financial Times* que esta es "la mayor perturbación de la historia" y que el flujo petrolero del Golfo Pérsico podría demorar hasta seis meses en normalizarse, dependiendo del estado de los yacimientos tras el conflicto.