Por Ariel Hernando Campero
Para LA GACETA - TUCUMÁN
Alfredo Bryce Echenique, fallecido la semana pasada en Lima a los 87 años, fue uno de los últimos representantes del llamado “boom latinoamericano” literario de la segunda mitad del pasado siglo. Por su personalidad discreta, Bryce Echenique estuvo a la sombra de su compatriota más famoso, Mario Vargas Llosa, quien alcanzó la fama universal, sin que esta circunstancia restara méritos a su obra aguda, ácida y tierna de la vida social peruana de la segunda mitad del siglo XX. Junto a Julio Ramón Ribeyro, podemos considerar a Bryce Echenique como uno de los grandes escritores costumbristas, cuyas historias enraizadas en la realidad dramática y cambiante del Perú moderno, creó personajes populares o aristocráticos cuyos dramas cotidianos alcanzan una resonancia familiar para los lectores latinoamericanos.
Quizás su obra más emblemática sea su novela Un Mundo para Julius, publicada en 1970, cuya popularidad extendida entre el público la ha convertido en una de sus novelas más leídas. Esta obra excede los límites de la creación literaria: es un verdadero tratado sociológico sobre las élites peruanas en las décadas de los 40 y los 50, sobre el estilo de vida aristocratizante de las grandes familias limeñas, y de sus vínculos de dominio y preeminencia por sobre las clases populares, representadas por los sirvientes, los trabajadores y los profesionales ascendentes. La lectura de Un Mundo para Julius nos permite seguir como espectadores omniscientes, a Julius, un niño de apenas siete años, retoño de una familia tradicional limeña, quien habita en un palacio de la Avenida Salaverry, cuyo mundo feliz es penetrado por la cruda realidad de los migrantes andinos, en la persona de su niñera, Vilma, “la chola hermosa”, cuyas desventuras posteriores exponen la crueldad, el racismo, y el abuso por parte de su clase social frente a las diferencias raciales y culturales. La mirada tierna y nostálgica de Bryce Echenique sobre el mundo de la élite capitalina, no oculta la crítica hacia el orden social y rastrea los indicios de un descontento que estallará en una violencia inaudita en las dos últimas décadas del pasado siglo. Julius también nos invita a nosotros, lectores entusiastas, a comprender cómo el poder de las élites peruanas se transforma pero no perece, mientras se consolida con nuevas formas de riqueza y de vivienda -la mudanza del antiguo palacio de San Isidro hacia a la casa modernista en el distrito de La Planicie, es la representación concreta de esa mutación, no sólo habitacional, sino también simbólica y patrimonial-. No es de extrañar que la aparición de esta novela, tan querida para sus lectores, más allá de la nostalgia de los escenarios limeños, haya sido interpretada como una denuncia apropiada hacia una clase social, en los umbrales de la Reforma Agraria del régimen militar revolucionario del General Juan Velasco Alvarado.
Esta novela está emparentada con otras obras literarias de autores latinoamericanos que describen el derrotero de las élites y su influencia en la vida de sus países. Por su estilo y su singularidad, Un Mundo para Julius de Bryce Echenique muy bien puede ser puesta la a la par de otras piezas literarias nacionales como El Gran Teatro de Manuel Mujica Laínez, Fin de Fiesta o El Incendio y las Vísperas de Beatriz Guido, con la clara diferencia histórica y política que nuestra antigua élite agrícola-ganadera de la Belle Époque argentina acepta su decadencia y desaparición con un halo de tragedia imparable; mientras en la novela de Bryce, la familia de Julius cambia de vecindad y de servicio doméstico, sin que su preeminencia social y su poderío económico sea erosionado. El trágico destino de Vilma, la niñera de Julius, es la imagen opuesta a ese mundo cuya expulsión para ocultar la vergüenza de la arbitrariedad de los hijos de la familia es la alegoría de la matriz racista y clasista que tensiona a la sociedad peruana hasta el presente.
En la capacidad de pintar la realidad de su Perú y de su capital, está el talento de Bryce Echenique. Sus otras obras Huerto cerrado, La exagerada vida de Martín Romaña, El Hombre que hablaba de Octavia de Cádiz hasta su No me esperen en abril, son cuadros literarios de la vida social y política de la Lima teñida de nostalgia de las décadas pasadas, sin renunciar a la descripción de los prejuicios que anidan en las sociedades latinoamericanas, cuyos rasgos familiares pueden encontrarse en los barrios privados de Yerba Buena o en los countries del Delta del Río de la Plata. Una lectura que nos invita a cuestionar y a debatir con nostalgia y humor, dos rasgos que hacen de Alfredo Bryce Echenique un autor de su tiempo.
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Ariel Hernando Campero - Ex agregado cultural de la Embajada argentina en el Perú.