La caída del gomero centenario que estaba en la plaza Gramajo Gutiérrez, frente al Cementerio del Oeste, volvió a poner en foco el estado del arbolado urbano en Tucumán. El ejemplar, un ficus macrophylla, tenía más de 100 años, estaba afectado por hongos que habían degradado su madera y presentaba un avanzado estado de senescencia. Su estructura hueca, sumada al peso acumulado por la lluvia, derivó en su caída.
El árbol había sido declarado “Árbol Notable” en 2004 y era considerado un símbolo del lugar. Su pérdida, según expertos, implica no sólo la desaparición de un ejemplar histórico, sino también la reducción de sombra, regulación térmica y otros servicios ecosistémicos en la zona. Además, modifica de manera significativa la fisonomía del entorno urbano.
Una postal impactante frente al Cementerio del Oeste: cayó el histórico gomeroEl biólogo Alfredo Grau, explicó a LA GACETA que los gomeros en ambientes urbanos suelen experimentar un deterioro progresivo con el paso del tiempo: “Luego de varias décadas, son afectados por enfermedades fúngicas que degradan su madera, lo que puede derivar en su colapso y muerte”.
Recordó antecedentes locales, como el histórico “San Antonio” de la escuela Sarmiento, así como los ejemplares de la escuela Federico Helguera, sobre avenida Roca, que atravesaron procesos similares. Además, remarcó que los gomeros están prohibidos como árboles de alineación urbana en Tucumán, en parte debido a su gran porte y a las dificultades que esto implica en entornos urbanos.
Grau señaló que cada especie presenta problemáticas particulares. Los tarcos, por ejemplo, tienden a deteriorarse a menor edad debido a su madera blanda y putrescible. Los lapachos muestran una mayor tolerancia, mientras que especies como el ibirá-pitá y el fresno presentan un comportamiento más estable. En este último caso, su porte mediano lo vuelve especialmente adecuado para el arbolado urbano.
Factores
De acuerdo con funcionarios y especialistas consultados, la caída de árboles en contextos urbanos responde a una combinación de variables estructurales, climáticas y de manejo. En la mayoría de los casos, no se trata de una causa aislada, sino de la superposición de varios factores.
El secretario de Servicios Públicos de la Capital, Luciano Chincarini, dijo que los ejemplares más comprometidos son aquellos que ya cumplieron su ciclo de vida o presentan daños estructurales. “Los árboles que van a extracción son los que están muertos o en un estado avanzado de senescencia, porque son los que se caen cuando hay tormentas y ciclos prolongados de lluvias”, señaló.
En esos casos, se produce una conjunción de factores: debilitamiento del sistema radicular, aumento del peso en la copa por acumulación de agua y ablandamiento del suelo. Esa combinación reduce la estabilidad del árbol y favorece su vuelco.
Según explicó el secretario de Ambiente de Yerba Buena, Pablo Quiroga, la saturación del suelo disminuye la capacidad de anclaje de las raíces. “Cuando el suelo se satura, las propiedades de la raíz para adherirse se debilitan. Si a eso le sumas viento, es muy probable que el árbol se caiga”, indicó y remarcó que, en la mayoría de los casos, los árboles no se quiebran a la mitad, sino que caen desde la base.
La influencia de la lluvia
Los datos relevados por las autoridades muestran una relación directa entre las lluvias y la cantidad de caídas. En Yerba Buena, durante esta temporada se registraron 12 desplomes de árboles de gran porte, el año anterior solo fueron dos. “Hay una correlación directa entre la precipitación y la caída de árboles. Los años más lluviosos son más problemáticos”, sostuvo Quiroga.
La caída del gomero: historia, patrimonio y legado de un gigante urbanoEn San Miguel de Tucumán, donde hay unos 135.000 árboles en veredas, el volumen de caídas fue mayor. Según Chincarini, se contaron más de 120 desplomes. Los picos se dan durante tormentas intensas: en un evento reciente, con ráfagas cercanas a los 80 km/h, se reportaron 12 árboles caídos, mientras que en un barrio se concentraron más de 40.
Decisiones del pasado
Otro de los factores que influyen es la selección de especies realizada décadas atrás, en un contexto en el que no existía una planificación técnica del arbolado urbano. Quiroga explicó que, históricamente, se plantaba lo que había y lo que crecía rápido, sin evaluar su adaptación al entorno. Esto derivó en la incorporación de especies que hoy generan distintos conflictos en el espacio urbano.
Entre ellas mencionó al eucalipto, que puede alcanzar gran altura y generar riesgos por caída de ramas, y a los álamos, que en climas húmedos tienden a enfermarse y perder estabilidad. También señaló que algunas especies no toleran bien las podas necesarias en la ciudad, lo que favorece su deterioro.
Tenía más de 100 años: se desplomó el histórico gomero frente al Cementerio del OesteEn tanto, Chincarini señaló que el tarco presenta una alta frecuencia de vuelcos. Esto se debe, en muchos casos, a intervenciones previas - como podas de raíces durante obras - o a su ubicación en espacios inadecuados. También se detectaron problemas con especies como la leucaena, que tiene madera poco densa y ramas propensas a quebrarse bajo el peso del agua.
Beneficios del arbolado
A pesar de los riesgos, los especialistas coinciden en que los árboles cumplen funciones clave en la ciudad. “Todos los árboles son positivos: reducen la escorrentía, mejoran la infiltración y ayudan a amortiguar los efectos de las tormentas”, indicó Quiroga. Chincarini los definió: “Son como una gran bomba de agua”, porque absorben y evaporan humedad para a mejorar la estructura del suelo.
Bajo control
Detectan ejemplares en riesgo
Tras la caída de árboles, los municipios avanzan con censos para detectar ejemplares en riesgo. En Yerba Buena se relevaron más de 33.000 árboles en veredas. En la Capital, el registro alcanzó a 135.000 ejemplares con identificación de especie y estado sanitario. Las tareas incluyen podas correctivas y la remoción de árboles deteriorados, con reemplazo por especies más adecuadas.